Reyes Magos
Platero por las calles de Cádiz. Julio Malo de Molina
Por la antigua Calle Verónica que ahora se conoce por el nombre del político liberal José del Toro, cuando el tiempo lo permite, Librería La Clandestina saca a pasear una bella escultura en cartón de Platero, ese burrito "pequeño, peludo, suave, tan blando que se diría todo de algodón", a quien dedica Juan Ramón Jiménez (Moguer, 1881- Puerto Rico, 1958) una narración lírica por la cual la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Literatura en 1956, ya exilado desde que en 1937 ha de abandonar la patria por su compromiso con la causa republicana. La primera edición de "Platero y yo" se publica en 1914 por lo cual este año se celebra el centenario de este "breve libro, en donde la alegría y la pena son gemelas, cual las orejas de Platero" como sostiene el propio autor en su "Advertencia a los hombres que lean este libro para niños" en el prefacio de una edición de Espasa y Calpe en 1936.
Cádiz que es una de las ciudades históricas que mejor conserva su centro antiguo, no sólo por la preservación de los elementos tipológicios (sus casas) y morfológicos (sus espacios públicos). Debe también su atractivo a pequeños elementos que la cualifican como una ciudad amable. entre ellos y sobre todo sus librerías. Hace poco lamentábamos aquí el final de una que a punto estuvo de llegar a centenaria, La Marina, y al cerrar abrió un hueco el cual ocupa ahora con disimulada nostalgia un comercio de ropa por más que mantenga con respetable esmero el recuerdo formal de ese Templo del saber ya desaparecido. Pero justo es aceptar que las ciudades se transformen y eso las hace más vivas y perdurables. Si una librería muere, otras aparecen, como La Clandestina que además introduce la fórmula de combinar los usos de café y venta de libros como un lugar de encuentro muy grato, entre las calles José del Toro y Cardenal Zapata, encrucijada entre San Agustín y la Plaza donde nació uno de los doce Jefes del Estado Español que se contabilizan desde 1800, el Presidente de la Primera República don Emilio Castelar, donde aún conserva su recuerdo ese bello vaciado de broce del prócer en cuyo pedestal se mantiene una de las escasa placas de fervor republicano que sobrevivió al franquismo. El Platero de cartón de La Clandestina no perdurará tanto pero sí la lectura del entrañable poeta republicano de Moguer.
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