En una cámara de representación democrática tienen cabida todos aquellos grupos que hayan contado con suficiente confianza de la ciudadanía mediante el voto. Cada uno con sus puntos de vista diferentes. Por supuesto, gobierna aquel que tiene más apoyo, pero tienen cauce para presentar propuestas y opinar todos los grupos, grandes o pequeños, según se establezca. Cuando un grupo presenta una propuesta cabe votar a favor, en contra, abstenerse o plantear alguna modificación que si es aceptada se incluye en la propuesta definitiva. Lo que es un fraude en toda regla es la argucia "enmienda de sustitución". Una enmienda de sustitución es cuando se plantea una corrección a una parte, se sustituye un párrafo o un punto de la propuesta original. Lo que es una trampa repugnante es tramitar como enmienda un texto alternativo. El secretario no lo debería permitir y el grupo mayoritario debería resistir la tentación de imponer sus votos.
Más allá del debate reglamentario hay uno de fondo: tiene un concepto autoritario la idea de impedir que otro grupo presente una propuesta cuando el grupo mayoritario la sustituye a su antojo. Yo lo padecí por eso me rebelo ante el atropello. Digo más: si el secretario no toma cartas en el asunto, yo iría a los tribunales para pedir el amparo a esta manera reaccionaria de conculcar un procedimiento democrático.
No sé por qué me huele todo a chanismo, esa forma tramposa de hacer política. Deben ser cosas mías.
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