En el ERE de El País

05 de octubre 2012 - 20:06

Despertarse un día con un ERE en El País es como cuando te enteras que los reyes son los padres. Es el primer encontronazo con la realidad cruda y despiadada. Para los que llevamos 36 años leyendo este periódico la evolución de sus últimos años nos ha llevado a una profunda desilusión que a veces se torna en escepticismo o, incluso, cinismo. El día que los gestores de El País decidieron convertir a la empresa editora en un grupo multimedia empezaron los problemas. Después llegaron algunas decisiones erróneas(compra de Media Capital, OPA sobre el 100% de Sogecable) que llevaron a una deuda insoportable para el conjunto del grupo que, tarde o temprano, tenía que llegar al periódico madre de toda la empresa. Encima se hace difícil aceptar el salario del presidente del Consejo de Administración en el marco de tantos despidos y tantos ajustes. Aquel que representaba para una generación un modelo de periodista, el que había puesto en marcha el periódico que era para nosotros el faro de la inteligencia y del mejor periodismo, cobra una cantidad absurda de dinero. Seguro que está en consonancia con lo que cobran otras empresas con su nivel de facturación , de empleados y de implantación(8 millones de euros para una empresa con más de 2.500 millones de facturación y presencia en 15 países con 12 mil empleados). No tengo duda de que esa es la justificación pero resulta mucho más llamativo porque fue el ideal profesional de una generación. El País fue para todos nosotros una guía. Durante años seguíamos sus consejos al pie de la letra: qué películas ver, qué libros leer, a qué lugares viajar. Había un amigo que abría las páginas del periódico y decía: "voy a ver qué tengo que pensar hoy". Tenía los mejores periodistas y los colaboradores más brillantes. Algo que tan sólo conseguía Le Monde en Francia o The New York Times en los EEUU. El tiempo fue haciendo girones poco a poco ese prestigio y sus aventuras empresariales se llevaron por delante, poco a poco, su autoridad moral. Aun así ha conservado el fundamentado prestigio nacional e internacional como el periódico de referencia en España. Estoy convencido de que la fuerte caída de ventas de periódicos en España y la contracción del mercado publicitario obligan a reestructurar todos los medios de comunicación pero de manera cruel a los periódicos si quieren sobrevivir. No le ocurre solo a El País. Le pasa a muchos. No creo que sus gestores sean unas malas personas que se divierten haciendo el mal y gozan con el despido de sus trabajadores. La mayoría son gente normal, con elevados sueldos pero con sensibilidad para el sufrimiento ajeno. Puede que la distancia que les dan sus salarios y su posición les aleja sobremanera de la vida y tribulaciones de las personas corrientes, la mayoría de la población: su elevada posición les haya hecho perder el contacto con las dificultades que atraviesan la mayoría de los periodistas, muchos de ellos empujados a cambiar de profesión, al paro , a la emigración o a la precariedad. Es la triste y dura realidad del sector. El abismo entre el que más gana y el que menos es tal ( en este caso 10 mil veces más el presidente del Consejo del que menos gana en una de sus empresas españolas) que resulta bochornoso. Creo de verdad que será necesario legislar sobre las retribuciones de los directivos y establecer un límite ético entre el que más gana y el que menos. Es tan fácil hacer cuentas entre lo que se puede recortar Juan Luis Cebrián y los puestos que se salvarían que no es necesario insistir. Cualquiera puede hacerlo. También es chocante escuchar que la redacción de El País es vieja y cara. Puede ser. Si acaso es fruto de la política de personal de PRISA a la hora de elegir a los redactores y a la hora de negociar convenios. No ha caído del cielo. Entiendo también que hay que cambiar la estructura de los medios de comunicación. Cuando una empresa pierde dinero la única manera de salvarla es reducir costes a la espera de mejorar los ingresos en otra coyuntura mejor. En el caso de la prensa escrita la huida de la publicidad viene aparejada de una caída constante de la circulación porque está cambiando el paradigma. Las nuevas generaciones no compran periódicos. Es así de sencillo. Eso no quiere decir que no les interese la actualidad sino que nosotros mismos les hemos acostumbrado a darles gratis en internet aquello que cuesta mucho producir: las noticias y las opiniones. Si lo tienen gratis ¿para qué pagar? Es fácil llegar a esa conclusión. Tener buenos redactores, buenos articulistas, buenos fotógrafos, enviar corresponsales al exterior, todo eso cuesta muy caro. Por si fuera poco la estructura de producción de un periódico se mantiene como en el siglo XIX : naves enormes donde impresionantes rodillos entintan bobinas de papel que luego se convierten en periódicos que es preciso trasladar a los puntos de venta. Eso en los albores de una nueva era digital donde la gente recibe en su casa la información por distintos medios y en diferentes pantallas el sistema es casi paradójico. No sé si morirán los periódicos, pero es difícil que sobrevivan como hasta ahora. Comprendo que sea posible que a El País no le quede otro remedio que despedir a la tercera parte de la plantilla y bajar el sueldo a muchos otros. En cualquier caso creo que eso debería ir aparejado con una significativa reducción de las retribuciones de sus directivos y de otros gastos corporativos, no solo para ahorrar sino también para dar ejemplo a la plantilla. Es preferible reducir salarios y plantillas hoy que cerrar mañana. De la misma manera que será necesario redifinir el negocio y hacer un plan de viabilidad. Todo no puede ser echar a gente a la calle porque al final se empobrece el producto y se puede entrar en una espiral autodestructiva. En todo caso vaya desde aquí mi apoyo y mi afecto a todos los que se ven afectados por este recorte de plantillas y de salario, de manera especial a los compañeros de la Delegación de Andalucía. Y perdón por el babetón.

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