Doradas a la espalda. Por Fernando Santiago
Cuando entra uno en el Novo Sancti Petri se encuentra una valla enorme que dice “Cataria. Por fin llega la parrilla a Andalucía”. Es la publicidad de un restaurante ubicado en el hotel Iberostar versión 5 estrellas a semejanza del existente en Guetaria por nombre Elkano, dirigido por quien dicen que es el mejor parrillero del mundo, Pedro Arregui, título que no voy a discutir porque no sé quién lo concede si es Michelin o Goodyear. El caso es que en la Plaza Pinto hay parrillas desde antes de que llegaran los fenicios, cuando en el País Vasco habían empezado con el corte de troncos. Ya saben lo que dijo Borges “los vascos son un pueblo que no ha hecho otra cosa en la historia más que ordeñar vacas”, con todo respeto a los euskaldunes. Según parece ha tenido que llegar un vasco de Guetaria para enseñarnos a poner una parrilla. Con la publicidad que hace debe ser de Bilbao. Como siempre hay alguien a quien le sobra el dinero, comer en Cataria cuesta cerca de 100 euros por persona cuando en la plaza Pinto, antes de que llegue la marabunta de sevillanos y madrileños, puedes comerte una caballa asá por 15. Allá cada quien. El caso es que en Cataria te pone doradas, bocinegros y todo tipo de pescados de la zona asados a la parrilla, incluida esa versión posmoderna que es la dorada a la espalda, lo que antes era a la plancha o a las brasas de toda la vida. Bendecidos por un cocinero con un firmamento entero. No voy a discutir si alguien está dispuesto a soltar 100 eurazos por lo que cuesta la décima parte. Pensaba yo todo esto a cuenta de las 100 mil doradas que se van a morir en vivo y en directo ante la mirada atenta de la siempre oportuna burocracia española: que si el SEPRONA, que si la inspección marítima de la Junta, que si el ruso que se ha dado el piro. Pobrecitas doradas con lo bien que podrían haber terminado en la parrilla del Cataria y ahora están abocadas al canibalismo a cuenta de que la Junta piensa una cosa, las leyes concursales dicen otras y la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil otra distinta. No se pueden soltar, no se pueden comer, no pueden vivir y la primera parrilla de Andalucía a la espera de material mientras las doradas se mueren en una salina llamada Leocadia. Qué país este. Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Una metáfora de España: la burocracia se pelea consigo misma mientras los ciudadanos miramos atónitos. Como si fuera el referéndum catalán, vaya. País de burócratas. Con lo bien que se come en el Terraza por la quinta parte. Fernando Santiago
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