Blas Meléndez: Adiós a un médico bueno, a una persona buena
Obituario
Despedimos con enorme tristeza a Don Blas, médico entrañable y muy chiclanero. Amante de su profesión, pediatra querido, un médico de familia siempre disponible para atender a esa Chiclana antigua en la que no era sencillo responder con capacidad a todos los problemas que surgían cada día. Don Blas siempre estaba allí.
El cariño, la atención y el mimo que Don Blas ponía en todo lo que hacía era fundamental para solucionar muchos de los problemas médicos que se le presentaban.
Don Blas también fue profesor. Cuando a finales de los 60 se abre el primer instituto de Chiclana, hoy llamado Poeta García Gutiérrez, él entra para atender al alumnado y dar respuesta a una falta de profesorado que era generalizada en toda España, y de forma muy especial, en una tierra que se abría a la educación como Chiclana.
Don Blas destacó por su carácter solidario. Siempre colaboró con cada club y con cada institución que le pedía ayuda. Con el Motoclub Chiclanero, el Chiclana Club de Fútbol y tantas otras entidades a las que él siempre estaba dispuesto a ayudar y colaborar.
Era un gran conversador. Recuerdo las célebres tertulias que desarrollaba en Cachito con su grupo de médicos. Siempre rodeado de amigos en encuentros de diversión, risas y comidas, que siempre terminaban con bromas y chistes.
Los esteros. Una faceta en la que tuvo una labor muy importante y destacada fue la de la acuicultura y las salinas de Chiclana, a las que amó profundamente. Adquirió la de San Eugenio, allá por los años 80, y se transformó en un auténtico acuicultor. Dedicó muchas horas de sueño, llegaba a su casa muchos días con los pies llenos de fango y utilizaba el estero para celebrar despesques y disfrutar de ese especial lugar que eran para él las salinas de Chiclana.
Tras San Eugenio, llegó la adquisición de otro trozo de salina en Santa Teresa, hasta que ya los años y las adversidades pudieron con él y se separó definitivamente de las salinas, no sin perder su amor por ellas. Para mí como alcalde, fue un orgullo reconocerle con la Dorada de Oro desde el Ayuntamiento de Chiclana en colaboración con otro gran amigo también desaparecido, Manolo Barberá Manguita.
Además, fue distinguido por su Ayuntamiento con la Insignia de Oro de Sancti Petri, en un homenaje más que merecido por su larga trayectoria de entrega a su ciudad.
Hombre siempre de familia, siempre con su Carmelita del alma al lado y volcado con sus hijos y familiares.
Descanse en Paz, Don Blas. Muchísimas gracias por todos tus desvelos, por todos tus esfuerzos y por hacer una Chiclana mejor.
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