Manolín Bueno: eterno suplente en el Real Madrid
El club blanco tuvo en el gaditano de adopción a uno de los mejores extremos del momento, que vivió a la sombra de un Paco Gento incombustible
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El cromo de Manolín Bueno
Manolín Bueno llevaba a gala el fútbol como parte esencial de su vida. 'Gaditano' nacido en Sevilla, siempre presumió orgulloso que su padre fue portero del Sevilla FC que ganó en 1939 la primera Copa tras la Guerra Civil.
Creció junto a un campo de fútbol y su almohada debía tener forma de balón por el deseo diario de vivir por y para el fútbol. Ayudaba en labores de mantenimiento del entonces templo del cadismo, el campo de Mirandilla, cuando ya mostraba, con 17 años, sus dotes con el balón.
Tras jugar en el Balón, con 18 años ya mostraba diabluras con el Cádiz CF en Segunda División. No era tiempos de redes sociales, vídeos y millones de 'scouting' u ojeadores, pero a Manolín ya le seguía medio fútbol español.
Con pocos encuentros en sus piernas en la categoría de plata, el Real Madrid -el mejor equipo del mundo en aquel tiempo- lo reclutaba con su cuarta Copa de Europa muy fresca en sus vitrinas. En Chamartín tuvo la fortuna e incluso el miedo de aterrizar junto a Didí y Canário, dos brasileños en mayúscula.
Un Manolín de 19 años debutaba en Chamartín. En aquella primera temporada conseguiría su primera Copa de Europa, quinta consecutiva del club, y meses después la Copa Intercontinental ante Peñarol y con titularidad del extremo gaditano de adopción en Montevideo. Con apenas 20 años estaba en la cima del futbol y estaba llamado a sustituir en unos años a un Paco Gento que se encaminaba a su madurez deportiva.
Pero una cosa era el deseo y cierta lógica, y otra es lo que sucedió. Gento, año tras año, resistía entero a un nivel único, por lo que lo jugaba todo y más. Era un muro insalvable para Manolín. Ni las lesiones se cruzaron con Gento, que, además, tenía ganada la batalla de la titularidad ante todos los entrenadores. Las rondas iniciales de la Copa eran el oxígeno blanco del extremo procedente del Cádiz CF. Y cuando los partidillos de los jueves eran la biblia, era de los mejores hasta el punto de que algunos sectores de la afición no entendían sus escasas oportunidades.
El fútbol español miraba al Real Madrid con ojos de deseos y el eterno rival de los blancos, el FC Barcelona, trató en más de una ocasión hacerse con el suplente de lujo en Chamartín. La respuesta siempre fue la misma.
Con poca participación, muy poca, el palmarés de Manolín Bueno crecía más que sus imágenes en el césped. 76 encuentros en 12 temporadas no hicieron justicia a lo que merecía el ex cadista. Se acabó su ciclo madridista antes de poner rumbo al Sevilla, dejando atrás una etapa de blanco en la que siempre se le recordó, con cariño y respeto, como el eterno suplente.
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