Cádiz CF | Muere Michael Robinson Robinson se hizo gaditano... y Cádiz se volvió robinsoniana

  • El inglés y la ciudad se entregaron en la misma medida el uno a la otra y la otra al uno.

Gesto muy expresivo de Robinson presentando el Trofeo Carranza en 1997. Gesto muy expresivo de Robinson presentando el Trofeo Carranza en 1997.

Gesto muy expresivo de Robinson presentando el Trofeo Carranza en 1997. / Julio González

No resulta muy osado pensar que entre los 116.000 habitantes de Cádiz capital resulta mucho más conocido Michael Robinson que Robinson Crusoe, el protagonista principal de la famosísima novela escrita por Daniel Defoe, precisamente compatriota del ex futbolista inglés fallecido este martes. Apostarse media cuenta corriente a que la realidad es así no supone riesgo alguno desde el día en que Cádiz y el antiguo delantero se juraron amor eterno, desde que Robinson se convirtió en un británico gaditano y la Tacita de Plata se declaró robinsoniana.

"Es un éxito, aunque este es un mal momento para decir lo que siento por tanta emoción que tengo ahora mismo. He visto el fútbol desde muchos papeles: jugando, hablando de él..., pero nunca como dirigente sufriendo tanto en la  grada". Estas frases, publicadas en la edición de Diario de Cádiz del día posterior a la gloriosa fecha en la que el conjunto amarillo abandonó el pozo de la Segunda División B en campo del Universidad de Las Palmas, allá por 2003, las pronunció el por entonces consejero del Cádiz Club de Fútbol SAD escasos minutos después de acabar aquel encuentro histórico. Aún con los ojos enrojecidos por las lágrimas de alegría, Robinson apenas acertaba a explicar lo que le brotaba de un corazón teñido de por vida de amarillo.

Casi 17 años han transcurrido desde aquel ascenso tras nueve temporadas de doloroso deambular por la categoría de bronce, pero Michael ha muerto sin abandonar el cadismo a la vez que todos los cadistas de Cádiz, su provincia e incluso allende los mares jamás dejaron de considerarle uno de los suyos. Y bien que se lo ganó este inglés de origen irlandés, transformado con el paso del tiempo en un comunicador televisivo tan peculiar como cotizado.

Frases suyas perdurarán mientras el Cádiz CF no desaparezca, si es que desaparece algún día del siglo XXVII o XXVIII. Alguna de ellas quedó marcada a fuego en la memoria de quienes acuden quincenalmente al Ramón de Carranza, como esa de "Al octavo día Dios creó el Cádiz". Por no dejar en el tintero cuando se ganó algún que otro enemigo hispalense al soltar "Cádiz tiene duende. Mientras que en otras ciudades de Andalucía intentan ser graciosos, como en Sevilla, en Cádiz lo son sin esfuerzo".

Ese cariño archidemostrado se lo devolvió Cádiz en la medida justa. La marcha de Robinson del globo terráqueo se ha producido sin que ninguna de las dos partes de esa especie de matrimonio futbolístico tan bien avenido, formado por el inglés y por la ciudad gaditana, se hallara en deuda con la otra. La persona se echó en brazos de la ciudad y de su equipo de similar modo a como desde este rincón se le abrieron para acogerle.

Tales parámetros alcanzó esa simbiosis que el 18 de diciembre de 2018, tan solo un día después de que el futbolista-periodista anunciara públicamente que padecía un cáncer, la Comisión de Honores y Distinciones del Ayuntamiento de Cádiz aprobó por unanimidad nombrarle Hijo Adoptivo de Cádiz, reconocimiento que llegó a recoger simultáneamente a Pascual Saturio, Isidoro Cárdeno y Hugo Vaca, otros gaditanos nacidos donde les dio la gana.

Antes, muchos años antes, el cariño de Cádiz y su gente ya había propiciado que Robinson acaparara protagonismo en numerosos y distintos actos relacionados tanto con el fútbol como con otras parcelas de la vida cotidiana de este pueblo trimilenario. Así, formó parte del trío elegido para encarnar a los Reyes Magos el año 1999, siendo el encargado de tiznarse de negro para encarnar en la cabalgata y demás a Baltasar, el preferido de la gran mayoría de los niños.

Más relación con su mundillo futbolístico tuvo la algo polémica decisión de Teófila Martínez, entonces alcaldesa, de bautizar con el nombre de Michael Robinson la Escuela Municipal de Fútbol, hoy en día controlada por la Fundación Cádiz CF. Figura en la selecta relación de presentadores del Trofeo Ramón de Carranza, labor que desempeñó para una edición de 1997 cuyo cartel conformaron Cádiz, Atlético de Madrid, Tenerife y el brasileño Corinthians. Y como presentador también ejerció para una edición del Trofeo Manuel de Irigoyen, cita para juveniles que llegó a alcanzar un importante nivel.

Y no podemos olvidar que los cadistas de a pie le trataron con el mismo cariño que lo hicieron las instituciones de la ciudad. Valgan como muestra un par de botones. Tuvo hasta una peña con su nombre gracias a los cadistas de la localidad serrana de Olvera y recibió un premio de otra peña a cuyos integrantes hay que reconocerles un mérito quintuplicado, pues ser cadistas en Jerez tiene su punto añadido de atrevimiento. En el historial del Premio Cadista Fin@ también aparecerá el nombre de Michael Robinson por los siglos de los siglos. Amén.

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