Cádiz CF | Opinión

Cala y la olvidada presunción de inocencia

  • Presentar como culpable a quien no tiene prueba en contra es otra forma de mentir

Conversación entre el árbitro y Cala en el Cádiz-Valencia.

Conversación entre el árbitro y Cala en el Cádiz-Valencia. / Lourdes de Vicente

Una añeja Sentencia del Tribunal Supremo americano de finales del siglo XIX, emblemática por ser la primera que analizaba en tal sede la presunción de inocencia, evocaba un suceso de la civilización romana que podemos rememorar, por su elocuencia pedagógica, para condenar el acribillamiento al que ha sido sometido el jugador Juan Cala en las últimas horas, no sólo por cualquier aficionado de grada o de barra (o de sofá  y Netflix tras el Covid), sino, lo que es mucho peor, por la mayor parte de la prensa deportiva y por conocidos políticos de este país: Cuando el acusador espetó al Emperador, "si es suficiente con negar, ¿qué ocurriría con los culpables?", se encontró con esta sensata réplica: "Y si fuese suficiente con acusar, ¿qué le sobrevendría a los inocentes?".

A partir de sensaciones o consideraciones gratuitas (la reacción de Diakhaby, la cara de Cala, los cambios de uno y otro entrenador, etc), y cual si esto fuera el mundo al revés, o lo que en supuestos excepcionales se denomina en el mundo del derecho "la inversión de la carga probatoria", un gran número de supuestos eruditos han hecho buena, sin pensar en el destrozo a una persona con una trayectoria deportiva y humana intachable, la inolvidable frase de un spaguetti western: "Antes lo colgaremos, después lo juzgaremos".

Resulta inconcebible que, sin la más mínima prueba en su contra, pese a circunstancias como jugarse el partido en un estadio vacío donde cualquier grito es perceptible, tanto por el ser humano como por los micrófonos de ambiente y las cámaras de la correspondiente cadena televisiva, se murmuren, o directamente, se inventen datos por parte de determinadas personas que tienen un plus de responsabilidad ante la sociedad, y que, según parece, están en contra del principio de presunción de inocencia hasta que  les toque ser procesados.

Dejando a un lado que, incluso de haberse producido el insulto, no puede compararse lo que ocurre durante un encontronazo propio de un partido de fútbol con lo que es objeto de una pintada, una pancarta, un discurso, o incluso, el ideario de algún político, no queda sino hacer una llamada a la mesura y la racionalidad, pues presentar como culpable a quien no tiene prueba en contra es otra forma de mentir. Y ello, supone faltar al principio fundamental que debe regir en profesiones como la periodística o la política: La veracidad.

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