Extremadura-Cádiz CF | El análisis Bendito feísmo el de Cervera

  • El Cádiz, a las puertas del ascenso tras seguir en Almendralejo la hoja de ruta preferida por su entrenador

Choco Lozano avanza con el esférico perseguido por el azulgrana Fran Cruz. Choco Lozano avanza con el esférico perseguido por el azulgrana Fran Cruz.

Choco Lozano avanza con el esférico perseguido por el azulgrana Fran Cruz. / LALIGA

El feísmo es la tendencia artística que valora estéticamente lo feo. Las obras feístas se distinguen porque el artista se recrea en ellas en la presentación de objetos, animales, personas, lugares o situaciones repugnantes. Muchos de los partidos del Cádiz CF se acogen a la perfección a este estilo. Pero bendito feísmo. Con ese fútbol rudo, alejado de exquisiteces, el Cádiz se ha hecho tan fuerte que hace cuatro años agonizaba en busca de aire para salir de Segunda B, y desde entonces ha ido marcando una línea compartida por pocos pero que va a devolver a los amarillos a la élite 14 años después. Feo, pero encantador.

La victoria en el campo del Extremadura (0-1) fue la recuperación del guión que mejor se conoce el Cádiz de Álvaro Cervera. Con la sensación de no jugar a nada y de bailar con la más fea a pesar de las buenas maneras que se le supone a la plantilla, los cadistas golpearon primero para jugar en el fango en el que son felices; esperar sin hacer nada mal y con la vista en una contra para desquiciar al rival con un segundo tanto que tuvo Nano Mesa. Todo ello aunque el porcentaje de posesión sea abismal entre el que quiere y no sabe o no puede, y el que disfruta viviendo de espalda al sol.

Tercer partido consecutivo sin encajar un gol -clave- y un equipo que en Almendralejo no perdió esa identidad que divide al cadismo en el análisis crítico por la imagen y que lo une en la locura de casi besar un ascenso que parecía imposible esta década cuando acudió a tumba abierta hace siete años a Sanlúcar de Barrameda (2012/13) para evitar el descenso a Tercera.

Pero regresando al Francisco de la Hera, el Cádiz vivió de saber desesperar a un enemigo abatido por su guillotina en forma de descenso. Es verdad que por momentos no jugó a nada, si bien eso, lo que se llama no jugar a nada, es sinónimo de equipo al que no se puede hincar el diente. No cabe duda que un triunfo mínimo en una prolongación con casi los once jugadores formando una muralla ante Cifuentes es jugar con fuego. Son ya muchas ocasiones en las que el equipo no se ha quemado.

Choco Lozano, que ha sacado de su chistera la inspiración y la puntería para tomar el volante en el giro final hacia la Liga de las Estrellas, ha resurgido del 'infernal' juego cadista para hacer tres goles en 180 minutos que huelen a ascenso. Fueron suficientes sus dos chispazos ante el Oviedo y el de ayer en Almendralejo para llevar a buen puerto una historia, la del feísmo, que parecía condenada a quedarse otro año en la orilla de la pelea por subir a Primera. Pero la entereza del equipo ha superado el temporal cuyas olas sí están pasando por encima a sus rivales desde la llegada del nuevo fútbol, el que ha nacido del Covid-19.

El Extremadura, herido de muerte antes de jugar, sufrió al Cádiz antipático, el que genera dudas a entrenadores contrarios por su capacidad para ser el mejor al mismo tiempo que el más feo. Los azulgranas vieron como Marcos Mauro sigue liderando la profesionalidad del que sabe que no disfrutará de la misma manera el ascenso porque sabe Dios dónde estará la próxima temporada; todo ello con Cala como pareja de lujo. El casi descendido Extremadura asistió al enésimo desgaste de Iza y Espino, a los que parece que el juego de la suerte del fútbol les ha concedido más vidas que al resto. El equipo de Mosquera vio que, sin Álex Fernández, José Mari puso una falta como los ángeles para que Choco hiciera el resto; y se rindió a un canterano llamado Sergio González que representa el futuro del feísmo que tanto va de la mano con este Cádiz.

Cervera está a punto de dejar grabado en letras de oro su etapa, larga etapa, como entrenador del Cádiz. Queda poco, muy poco para poder estropearlo. Estaría feo aunque ese estilo sea su herencia.

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