Juan José Águila. jefe del grupo de Patrimonio Histórico de la UCO de la Guardia Civil

"Es como si una voz en su cabeza les dijera: cógela, es tuya"

Juan José Águila, junto con políticos y mandos, mostrando el resultado de una de sus investigaciones de expolio subacuático. Juan José Águila, junto con políticos y mandos, mostrando el resultado de una de sus investigaciones de expolio subacuático.

Juan José Águila, junto con políticos y mandos, mostrando el resultado de una de sus investigaciones de expolio subacuático. / .

El fondo marino de Cádiz tiene sus propios secretos, coordenadas muy concretas donde se encuentran tesoros cuyo valor patrimonial en términos históricos sobrepasa en mucho el precio que pueda pagarse por ellos en el mercado negro. La lucha contra quienes se dedican a este expolio es constante, aunque, curiosamente, a veces son estos expertos buceadores gaditanos quienes colaboran con la Guardia Civil para mostrarles el camino, porque en el mar nunca hay una X que marque el lugar.

El teniente Juan José Águila, jefe del grupo de Patrimonio Histórico de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, conoce bien a estos cazadores de tesoros. Gracias al trabajo de sus hombres, a principios de año se desarticuló una red que expoliaba yacimientos arqueológicos subacuáticos en Cádiz y se recuperaron piezas de gran valor. A raíz de la recuperación de las piezas de La Roldana esta semana, este Diario ha hablado con él para intentar construir un perfil de las personas que se dedican a esta práctica, más habitual de lo que parece por estas tierras y por estos mares. "No todo el que se dedica al buceo, el que lo hace porque le gusta, se dedica a expoliar el fondo marino, pero está claro que algunos tienen conocimientos más propios de un experto arqueólogo. Y claro, hay que ponerse en su lugar, saben donde están estas piezas, es como si una voz dentro de sus cabezas le dijera: cógela, es tuya, pero ahí es donde se equivocan, porque ni son suyas ni son de nadie, son patrimonio de nuestra historia que hay que respetar y recuperar", dice Águila.

Esta práctica conlleva muchos riesgos. Por un lado, están las detenciones por parte de la Guardia Civil. Por otro, algo peor, la muerte. De hecho hace escasas semanas falleció haciendo lo que más le gustaba uno de los buceadores que estaba implicado en los hechos antes mencionado, un joven que conocía ampliamente la costa gaditana y que estaba siendo de gran ayuda a la Guardia Civil para encontrar nuevos pecios. Por desgracia, el mar, su gran pasión, acabó con su vida. "Hay que tener en cuenta que bajan hasta a 70 metros de profundidad, hacen mezclas peligrosas que introducen en las botellas, algunos meten incluso helio para poder aguantar más, para bajar más. Se construyen cámaras hiperbáricas caseras, es muy peligroso", reconoce el teniente.

Hay que tener presente que bajar a esas profundidades supone someter al cuerpo a una presión inmensa. "Pueden formarse pequeñas burbujas de nitrógeno en la sangre y provocarte la muerte", afirma el teniente, que recalca que "no hay que criminalizar el sector, lo que ocurre es que la tentación es grande. Yo sí creo en la lealtad de la mayoría".

Además, aclara que con sacar estas piezas del agua no se aclara el problema. "Por ejemplo, para estabilizar un cañón de bronce se necesitan unos seis meses, eso con los tratamientos adecuados de centros de arqueología subacuática", como el existente en Cádiz. "Otros de hierro se echan a perder a los meses de sacarlos, igual ocurre con las vasijas por ejemplo si tienen algo de metal. Estamos ante piezas de muchos siglos de antigüedad, por eso decimos que tienen un gran valor histórico pero igual no tanto económico".

Estos adictos a las profundidades incluso ofrecen excursiones para mostrar a otras personas esos pecios en sus lugares, algo que también les reporta beneficios. "No entienden que si se llevan esas piezas muy pronto no tendrán nada que enseñar y se les acabará el negocio".

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