Mari Carmen Sánchez, misionera gaditana: “Combatir el hambre es que cada uno aporte lo que pueda”

La religiosa de Algodonales, cara visible esta semana de la campaña anual de Manos Unidas en la diócesis de Cádiz, ha sido durante más de 30 años misionera en Guinea, Camerún e India

Manos Unidas declara la guerra al hambre en su campaña

La misionera Mari Carmen Sánchez, esta semana en Cádiz.
La misionera Mari Carmen Sánchez, esta semana en Cádiz. / Jesús Marín

Mari Carmen Sánchez Siles es monja de la congregación Instituto Calasancio Hijas de la Divina Pastora. Nacida en Algodonales, donde vivió hasta los 12 años, su vocación religiosa la llevó pronto a plantearse ser misionera. Desde 1992, la hermana Sánchez ha trabajado en Guinea Ecuatorial, Camerún e India. De nuevo en España, en un colegio que la congregación tiene en Sanlúcar, la religiosa se ha convertido esta semana en el rostro testimonial de la campaña anual de Manos Unidas en la diócesis de Cádiz, donde ha explicado cómo la organización ha colaborado en reconstruir un internado para niñas en el país asiático.

Pregunta.–¿Por qué decidió ser misionera?

Respuesta.–Fue porque yo leía mucho la revista ‘Aguiluchos’, que era de las misiones y decía: “Me quiero ir a misiones, quiero ir fuera a ayudar a la gente”. Fue así desde que leía esa revistilla que recibía todos los meses en casa.

P.–Tres países y dos continentes en más de tres décadas.

R.–Sí, dos de África, Guinea Ecuatorial y Camerún, y uno de Asia, India. Pero de distintas culturas. Guinea es muy distinto a Camerún y Camerún es muy distinto, y la India es muy distinta a estos países. Y siempre he estado contenta.

P.–¿Qué es lo que le ha dado más satisfacción?

R.–Haber aprendido tanto de tantas culturas. Veo mi mente abierta, muy amplia, por haber estado con tantas culturas y lo que yo he aprendido de ellos, sin criticar ni enjuiciar, sino adaptándome. Me he adaptado a la comida, a sus horarios, a su ritmo de vida...

P.–¿Qué proyectos ha llevado a cabo en la India?

R.–En la India yo estuve formando a chicas. Y el proyecto de Manos Unidas es el que nos permitió recuperar el internado para niñas. Antes del covid ya estaba muy mal porque estaba hecho con materiales muy pobres. Y estuvimos tres años sin clases, todo deshabitado. Los monzones fueron destruyendo el internado. Nosotros intentamos meternos, intentamos pintar un poquito, arreglarlo, pero ya el agua entraba por las paredes, por los tejados, también las ratas... Y nos llegó la noticia de que Manos Unidas quería hacer un proyecto por la zona y lo aprovechamos para reconstruir el internado. Se presentó Manos Unidas y fueron como ángeles en la noche.

P.–Un internado para niñas.

R.–Sí, tenemos niñas de 3 hasta los 12 años, pero especialmente son las pequeñitas las que están allí porque muchas están con las abuelas, ya que los padres se van a Nueva Delhi a buscar trabajo. Otras vienen de familias que beben mucho, y otras se quedan para evitar que tengan que venir todos los días caminando por los bosques, que es un camino muy largo y con peligro porque hay muchos elefantes. Y también tenemos un colegio, de forma que al internado van las que más lo necesitan. Por todo lo que he dicho y, también, porque andan por los caminos solas y hay que evitar posibles violaciones.

P.–¿El futuro de estas mujeres pasa por la educación?

R.–Sí, pasa por la educación. Además, en nuestro colegio aprenden inglés. Aunque el idioma oficial es el hindi, el inglés es muy importante para ellas y lo necesitan para cualquier cosa.

P.–¿Es un país de contrastes?

R.–Sí, hay mucho contraste porque hay muchas castas; y las hay de muchos, muchos ricos, donde se ven edificios y casas de gente rica, rica, rica, y al lado gente pobre, pobre, pobre. Las clases sociales están muy acentuadas en ese sentido, y se nota más en los que son indígenas.

P.–India parece un país muy espiritual.

R.–Es espiritual por los hindúes. Tienen muchos templos, tienen muchos dioses y es espiritual porque los templos siempre están llenos de gente. Y fíjate que las tiendas, allí, las abren casi a las once de la mañana. ¿Y por qué las tiendas las abren tan tarde? Porque antes tienen que ir al templo, hacer sus rituales, se pintan, hacen sus ofrendas; es una religión muy marcada, con muchos dioses, y hay muchas fiestas. Tantas fiestas que, a veces, la educación se queda corta porque hay muchas vacaciones, sobre todo de ellos. Allí se respeta cada religión: los católicos tenemos dos días de vacaciones, Navidad y Viernes Santo. Después, los hindúes tienen muchísimos; a los sijs les dejan otras cuantas; a los musulmanes también les dejan tres o cuatro...

P.–¿Y cómo es la convivencia entre las religiones?

R.–Yo he vivido en un barrio de musulmanes y me ha ido muy bien; estaba viviendo en un barrio de hindúes, y muy bien; he estado viviendo en un barrio de indígenas, y bien. Incluso los musulmanes han venido a nuestra casa, ha llegado el momento de rezar y nos han pedido una alfombra para poder rezar. Nosotros, católicos; ellos, musulmanes, y han rezado en nuestra casa. Es un país tan grande en ese sentido...

P.–La campaña de Manos Unidas habla de declarar la guerra al hambre. ¿Cómo está allí el tema de la hambruna?

R.–La hambruna depende de los sitios. Los indígenas tienen arroz por unas tarjetas que el gobierno reparte a las familias. Pero dependen también de cómo son los monzones; si los monzones vienen pronto o si no vienen pronto. Si no vienen pronto, no crece el trigo, se seca y no hay.

P.–Ahora que ha vuelto a Occidente, ¿le está costando adaptarse?

R.–No me está costando, porque yo estaba acostumbrada a venir casi todos los años y no he perdido el contacto. No me está costando, aunque hay muchas cosas nuevas para mí, y más en un colegio: el lenguaje de los niños, los protocolos... Ahora bien, sí estoy echando de menos todo aquello.

P.–¿Qué mensaje daría a la sociedad gaditana con relación al tercer mundo?

R.–Que combatir el hambre es que cada uno aporte lo que pueda. Creo que con 10, con 20, 30 céntimos, lo que se pueda, se puede hacer mucho. Y lo que se envía le sirve a Manos Unidas, que lo emplea todo. Y es que en la India se multiplica ese dinero. Porque si tú das un euro, allí son como 95. Imagínate cuánto aumenta.

P.–¿Y el dinero llega íntegro?

R.–Yo he experimentado que nos han dado el dinero, y todo ese dinero total, total, sin sobrar ni un céntimo, se ha dado para realizar el proyecto del internado. Manos Unidas es totalmente fiable.

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