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Cuando la llegada de un nuevo obispo era todo un acontecimiento

En los tiempos antiguos, la toma de posesión de un prelado llevaba aparejada toda una liturgia desde que llegaba a Cádiz hasta que finalmente ocupaba la sede

El Molino de Marea, donde antiguamente se iniciaba el ritual de la llegada a Cádiz de un nuevo obispo.
P-M.d. / Cádiz

22 de octubre 2011 - 01:00

La escenificación de la toma de posesión de Rafael Zornoza Boy como obispo de Cádiz y Ceuta se limitará hoy a un pequeño recorrido de la residencia episcopal al seminario, y de aquí a la Catedral, accediendo por la puerta principal hasta el altar mayor. Apenas quince minutos de ceremonial previo a la eucaristía que distan mucho de todo el acontecimiento que suponía un hecho de estas características en otros tiempos.

Según los estudios de José María Otero, del departamento de Hemeroteca de este periódico, el complicado ceremonial que acompañaba a la llegada de un nuevo obispo a Cádiz se iniciaba en San Fernando, donde solía pasar la noche antes de entrar en la capital. La mañana de la llegada, muy temprano, el Ayuntamiento isleño bajo mazas, el capitán general y el gobernador civil de la provincia recogían al prelado y lo acompañaban hasta el Molino de Marea. Allí lo esperaba el Ayuntamiento de Cádiz también bajo mazas (con maceros, clarineros y batidores de la Guardia Municipal), que se desplazaba hasta el molino desde San Juan de Dios en carruajes.

A las doce del mediodía es cuando pisaba el obispo término municipal. "El alcalde se adelantaba hasta la puerta del carruaje para dar el discurso de bienvenida. El obispo agradecía el saludo y ambas comitivas pasaban al interior del molino, a un salón cedido por el propietario de las salinas, que era conocido como salón del obispo", cuenta Otero.

Después de descansar en ese salón una hora, el Ayuntamiento de San Fernando se despedía y el de Cádiz emprendía el camino a la ciudad, llegando hasta la iglesia de San José, donde se ofrecía otro discurso ceremonial. Cuando el obispo estaba en este punto, todas las campanas de las iglesias de la ciudad comenzaban a repicar, lo que servía de aviso a la ciudadanía para que acudiera a presenciar la llegada del nuevo pastor.

Desde San José emprendía la comitiva el camino hacia las Puertas de Tierra, recorriendo después la calle Plocia, la plaza de San Juan de Dios y Pelota, donde el obispo se bajaba del carruaje y era recibido en la plaza de la Catedral con honores militares por parte de una compañía con banda de música.

Entonces accedía al interior de la Catedral (pero por una puerta lateral, no por la principal que quedaba reservada para la toma de posesión) y de allí marchaba al Palacio Episcopal, donde ocupaba el trono episcopal, daba a besar su anillo y fijaba el día de la toma de posesión.

Ese día, salía del Palacio Episcopal acompañado de los párrocos de la ciudad hacia la iglesia de San Juan de Dios, donde era recibido por la hermandad de la Santa Caridad -que solicitó al Obispado rememorar esta ceremonia hoy sábado, siéndole denegado-. En San Juan de Dios era saludado el obispo por el Cabildo Catedral y por el Ayuntamiento bajo mazas. Y tras el saludo, la comitiva marchaba en procesión hacia la Catedral, con el deán a la cabeza.

En las escaleras de la Seo se arrodillaba y besaba la cruz que le presentaba el preste, abriéndose entonces la puerta principal mientras repicaban las campanas y se entonaba el Te Deum laudamus. Tras acceder a la Catedral, el obispo daba la bendición a los fieles, el Ayuntamiento y los invitados se retiraban y entonces el prelado se dirigía a la Sala Capitular para jurar los estatutos firmando en el libro destinado a ese objeto.

De esa forma se daba cumplimiento a la tradición tanto eclesiástica como gaditana. Y el obispo comenzaba su mandato.

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