Consecuencias del coronavirus

Así palpita la primera línea sanitaria

  • Hospital Puerta del Mar: el sentido del deber y la responsabilidad vencen a las dificultades y la escasez de materiales de protección

  • Sanitarios y otros colectivos laborales del centro hospitalario aúnan esfuerzos mientras sufren por su propio entorno familiar

El hospital Puerta del Mar de Cádiz amanece este lunes con una aparente calma exterior. Una larga fila de ambulancias espera en el túnel del hospital, junto a las puertas de acceso, a que sus servicios sean requeridos. El personal de seguridad controla cualquier movimiento interno, reclama la cita médica a los pocos usuarios que acuden a las consultas externas y la tarjeta de acompañante a quienes se ven en la obligación de entrar en el centro para estar con algún familiar ingresado. El tránsito de personas es mínimo, y el de los trabajadores del hospital, casi inexistente. En el interior del centro, la palpitación se intuye más agitada, con una mezcla de incertidumbre y responsabilidad profesional; de preocupación por la anunciadísima llegada de los materiales de protección, sobre todo mascarillas, y de entrega ante una situación sanitaria inédita, la creada por el coronavirus, que reclama una atención sin precedentes y cuya prolongación en el tiempo, con todas sus consecuencias, es una incógnita. Y también de sufrimiento por las propias familias de los sanitarios, que saben que deben protegerlas cuando cada día regresan a casa del trabajo: "Es muy duro no poder ni abrazar a tus hijos", confiesa una enfermera de esta primera línea sanitaria del control de la enfermedad.

Los sanitarios consultados por este periódico agradecen, en primer lugar, las muestras de apoyo que de manera espontánea están recibiendo de la sociedad española: el aplauso de las ocho, las sirenas de los servicios de seguridad, las campanas de las iglesias, las músicas que suenan desde los balcones... Valoran el gesto, pero son conscientes de que este apoyo moral precisa de otras vigorosas medidas, sobre todo de protección. Como resume un profesional: "La primera medida es protegerte a ti, para poder después proteger a los demás". 

Y es que las mascarillas, por ejemplo, no alcanzan aún el número suficiente para proteger con garantías a todo el personal. En este punto, los sanitarios agradecen también la solidaridad de muchos ciudadanos que están haciendo llegar al hospital mascarillas que de manera voluntaria confeccionan en sus casas. Personas anónimas pero, también, compañeros del hospital que han empleado sus días libres en fabricar mascarillas caseras con las que paliar en parte la falta de material. Esta misma mañana han sido varios los coches que se han acercado al hospital Puerta del Mar para entregar mascarillas. O pantallas de protección, como confirma un profesional, que algunos ciudadanos han fabricado en sus casas con material propio y su propia impresora 3D.

Este sanitario reclama también que se hace imprescindible la llegada de los test rápidos de detección del coronavirus. "Son vitales", confirma mientras confía en que los anuncios administrativos se hagan realidad más pronto que tarde. Recuerda que todo el personal sanitario es consciente de que su profesión conlleva "asumir un riesgo. Hay muchas enfermedades que son transmisibles, y el riesgo está ahí, se sobrelleva. Pero lo grave es cuando no sabes que el paciente que estás tratando puede estar infectado. Y con esta enfermedad es posible que haya personas sin síntomas que tengan el virus, que su propio cuerpo lo haya controlado, pero que puede infectar a otros. Son los que llamamos asintomáticos".

Es evidente que el sentido del deber y la profesionalidad están por encima de muchas cosas, incluso de ese riesgo, pero también es comprensible que se demande la reducción de estos riesgos con protocolos seguros, fiables, no cambiantes, y con el material necesario. Porque esta es una de la quejas de otros profesionales, que lamentan que en ocasiones puedan transmitir al paciente su "propia inseguridad". Una sanitaria admite que en el desarrollo de esta crisis, los profesionales viven situaciones de mucha tensión, deben tomar decisiones de aislar a alguna persona, aunque solo sea por algún indicio, y que el paciente no siempre percibe una seguridad, sino que se inquieta: "Hace unos días, aislamos a una ancianita, hablábamos de dónde llevarla, y nos dijo: 'No me quieren en ningún lado'".

También incide en la necesidad de protección que precisa con urgencia todo el personal hospitalario, desde mascarillas hasta trajes de protección y otros elementos, y lo hace en tres direcciones: para proteger a los sanitarios, para atender con garantías a todos los enfermos en general, también para los que acuden con otras patologías, y para que el regreso a casa, el encuentro con su familia, no sea un foco de angustia. Esta mujer sufre, literalmente, cada vez que después de su turno llega a la casa donde están confinados su marido y sus hijos: "Es muy duro, muy duro, no poder abrazarlos ni darles besos. Igual con mis padres y suegros, a los que ni siquiera puedo ver. Muchas veces llegamos a pensar, con otros compañeros, que ojalá nos pusieran una habitación en el propio hospital para dormir...".

De este esfuerzo sanitario da fe Concepción, una mujer puertorrealeña que se apresta a subir a la quinta planta del hospital para acompañar a su hermana, ingresada en neurología. Con su mascarilla puesta, la que le dieron el primer día, y su tarjeta de acompañante, Concepción valora el trabajo de los profesionales del Puerta del Mar, su atención con los enfermos y el esfuerzo que realizan en medio de esta epidemia. No tiene ni un gramo de queja, pese a la situación, y tan solo lamenta, para que la prensa lo refleje, las dificultades que encuentra con muchos comercios cerrados para abonar sus viajes desde Puerto Real con la tarjeta de transporte, al no admitir el pago en efectivo.

Y la calma matinal del hospital se trunca con la salida a una de las escaleras de la Avenida de una treintena de trabajadores del colectivo de limpieza del hospital, que se concentran con sus carteles reivindicativos y sus gritos en lo que, en cualquier otro momento, parecería una protesta laboral, pero que en este punto se torna en movilización para sumar el apoyo ciudadano en la lucha contra el virus, pese a que también ellos sufren la escasez de material de protección: "Quédate en casa, nosotros venimos por ti" o "Fuerza a todos los colectivos de limpieza de España". Una reivindicación positiva que es saludada desde las ventanas de los edificios situados frente al hospital. "No salgas, quédate", gritan convencidos de la utilidad del confinamiento.

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