"Me hice 70.000 kilómetros con la compañía de Manolo Escobar"
Ciudadanos de cádiz
'El Purri' es un artista con todas las letras que puede presumir de haber compartido escenario con los más grandes cantantes y de tener un envidiable palmarés carnavalesco.
En Carnaval, hay quienes van de artista y hay quienes lo son. En este último grupo está El Purri, que ha paseado el nombre de Cádiz por toda España con 'Los maniseros', compartiendo escenarios con los mejores cantantes del momento en los años 60. Integrante del mítico grupo de 'Nuestra Andalucía', El Purri ha sido un espejo en el que se han mirado muchos carnavaleros. Estamos ante uno de los más carismáticos y queridos comparsistas de la historia del Carnaval.
-¿Cuál fue la primera vez que actuó delante del público?
-Creo que en el 62 o el 63. Con 12 o 13 años. Con Antonio Ávila 'La moniata'. Cantábamos mucho en la plaza del Mentidero, a dúo. En el Falla, un domingo había concurso de cante joven y al siguiente, de grupos musicales. Nos presentamos cantando 'El preso número 9' y ganamos.
-Todavía no había debutado en el Carnaval.
-No, y mi primera agrupación no fue de Concurso. Empiezo en 'Los ye-yés gaditanos', que fue un grupo que hizo Portela, uno de los mejores representantes de España. Cogió a la chirigota 'Los niños ye-yé', que así se presentaron en el Falla en el 66, y los convirtió en un grupo junto a Manolo Magaña, un mánager. Me llamaron para salir, con Catalán Chico o Paco Scapachini, entre otros. Ensayábamos en las bambalinas del Teatro Andalucía. Nos dijeron que querían llevarnos a televisión como 'los pelones'. Nos prometieron que iban a ser pelucas que nos iban a mandar de Inglaterra. Pero llegamos a Madrid y nos afeitaron la cabeza. Actuamos en el Pasapoga, pero yo estuve poco tiempo en los yeyés. Se ganaba poco. Pepe Martínez, el de La Salle Viña, y yo nos vinimos en el tren. No le veíamos color, pero luego triunfaron. Me abrió la puerta de casa mi madre y no me conocía con el pelo rapado.
-¿Qué hizo al volver a Cádiz?
-Me pongo a trabajar de pintor. Trabajando en una finca de la plaza España, donde estuvo Canal Sur, vinieron a buscarme Enrique Villegas y Paquito 'Chungarata'. Villegas me dijo que no entendía que un artista estuviera lleno de pintura. Vino a buscarme porque el Catalán Grande, que cantaba 'Charlot' en 'Los beatles de Cádiz', se venía ya a Cádiz y pensó en mí para sustituirle. Fui a su casa y me pidió que cantara. Le canté a Villegas una canción italiana. Me dijo que no sabía cantar, pero que me iba a enseñar. Y me dio 'Charlot' para que me lo aprendiera. No cantaría tan mal, digo yo...
-Por entonces, recalar en 'Los beatles' era un caramelo, ¿no?
-Por supuesto, pero al final no estuve con ellos. Un día vino a buscarme Antonio Ávila a mi casa para decirme que hacía falta uno en 'Los beduinos', que también estaban de gira. No me lo pensé porque yo con el Ávila éramos uña y carne. Fui a ensayar a la iglesia Capuchinos un popurrí que Paco Alba metió nuevo para debutar con Rocío Jurado y su compañía. Debutamos en el Teatro San Fernando de Sevilla. Estuve con 'Los beduinos' un par de años.
-Vaya vida más ajetreada. Y todo esto sin cantar en el Falla.
-Estuve yendo y viniendo cuando 'Los beduinos'. En 1969 no voy a concurso con 'Los chulapos', pero me fui con ellos para el Carnaval. Luego, faltaba uno en 'Los maniseros', que estaban entonces en Mallorca. Pedro Romero vino a buscarme y me fui con ellos. Ya en 1970 salgo por primera vez en el Falla, en 'Los tarantos', de Antonio Martín. Y para 'Los porteños', de 1971, empiezo a ensayar como director. Pero nos llama el ejército. A Antonio Martín le toca Córdoba, a Emilín Álvarez el Sáhara y a mí Almería para ir luego a Melilla. Antonio pudo componer a distancia. Yo no. A todo esto, seguía cantando con 'Los tarantos'. Me licencio, me vengo a Cádiz y me voy con 'Los play-boys' después del Falla. Y ya vuelvo al Falla con 'Capricho Andaluz', pero entre tanto yo iba y venía con 'Los maniseros'. Hasta el 75 estuve con este grupo. Llego después de la gira en abril del 75 y voy a un ensayo general de 'Los napolitanos' en los camerinos del Pemán. En un descanso viene Jesús Monzón y me dice si me atrevo a salir. ¡A veinte días del Concurso! Le dije que sí. Me lo aprendí por una cinta de cassette que me pasó Emilín. Entonces trabajaba yo de empapelador. Tendría muchos más años de Carnaval si no fuera por esos años fuera de Cádiz.
-Pero también era Carnaval, ¿o no? Lástima que no le valgan esos años para conseguir el Antifaz de Oro.
-Yo he paseado a Cádiz por España. Me faltan años para los 25 que piden. Antes lo daban con 20 y yo pude tenerlo. Me presentaron y lo impugnaron. No me lo dieron. Lo pidieron mis compañeros de Nuestra Andalucía.
-¿Es una espina clavada?
-No quiero el Antifaz si no lo tienen mi hermano Carli, Catalán Chico y Catalán Grande, Pepe Silva, y Juanaco se fue sin obtenerlo... lo merecen sólo por calidad más que por cantidad. Creo que me lo merezco por tanto como he llevado el nombre de Cádiz por España.
-¿Se ha sentido alguna vez artista?
-Sí, he viajado, he actuado delante de miles de personas, compartiendo cartel con grandes artistas españoles. Yo con 'Los maniseros' actuaba solo, éramos seis: un batería, dos guitarras eléctricas y tres delante. Cantábamos y además hacíamos parodias.
-Dicen que usted tuvo siempre una gran bis cómica.
-Yo he sido cómico, y solo. Cantaba vestido de niño chico, me sentaba en la falda de la gente. Hacíamos un numerazo imitando a Raphael. Hacía también del Pescaílla o de Laura Valenzuela, el Fito de Lola Flores y el Ávila de Julio Iglesias, vestido de futbolista. Cuando jugaba el Cádiz en Madrid y los aficionados veían los carteles de nuestras actuaciones, se colaban todos a vernos, con el Macarty, y no veas la que se formaba.
-Hábleme de los artistas con los que ha compartido escenario.
-Ufff... hemos estado con Manolo Escobar, Camilo Sesto, Rocío Jurado, Enrique Montoya, con Lola Flores en el Tivoli. Con Pajares y Esteso en el Pasapoga. Y tres meses con Rocío Jurado cuando no era tan conocida.
-Cuente alguna anécdota de esa época.
-Cantamos en el Villamarta de Jerez con 'Los beduinos' y la compañía de Rocío Jurado. Paco Alba le hizo un pasodoble a Jerez, y no veas la que formamos. Otra, otra. Rocío se mosqueó con nosotros, que no teníamos culpa de nada. Su novio de entonces, Enrique García Vernetta, un valenciano que era el empresario de la compañía, le dio una bronca que lloró hasta la madre de Rocío Jurado. A mí me encantaba ella. Y cómo salíamos después, me ponía en bambalinas a verla. Y ella siempre chupaba una pastilla antes de salir a cantar y me la daba: "Niño, pon la mano". Terminaba de cantar y se metía otra vez la pastilla en la boca.
-Pero 'Los maniseros' fue su gran aventura artística.
-Sin duda. Espectacular. Me compré un Renault 5 y viájabamos todos dentro. Con la compañía de Manolo Escobar me hice yo 70.000 kilómetros conduciendo en tres meses.
-¿Ha ganado dinero con el Carnaval?
-Sí, la verdad es que sí. Yo me fui a la mili en el 70 y llevaba 100.000 pesetas que tenía guardadas. Daba para estar desahogado, no para vivir.
-Ha cantado usted repertorios de algunos de los más grandes del Carnaval, ¿quién es el que más le ha marcado?
-Ufff... difícil. Antonio Martín era más completo y era complicado ganarle en su gaditanismo. Y Pedro Romero llegaba al corazón más directamente, quizás por su especial sensibilidad.
-El grupo de la peña Nuestra Andalucía marcó una época.
-Desde el 73 con 'Capricho andaluz' hasta el 81 con 'Pregones' solamente no ganamos en 1977 con 'Nuestra Andalucía', y fíjate qué comparsa. Eso es inigualable. Luego vino la lógica cuesta abajo después de tantos años y el resurgir de Antonio Martín.
-Hábleme de Paco Alba.
-Era encantador. Y eso que yo sólo ensayé con él un mes y pico en Capuchinos. A mí me entusiasmaba. Cómo movía las manos, cómo explicaba las cosas... era un fenómeno.
-¿Y Pedro Romero?
-Ha sido parte de mi vida, sin duda. Hemos disfrutado y pasado fatigas juntos. Mucho tiempo. Me he reído con él lo que no sabe la gente. Bueno, humilde, generoso. Si hubiera ambicionado el dinero, no hubiera muerto de la forma en que murió.
-Antonio Martín.
-Éramos uña y carne. Montamos un grupo rumbero él, Pepito, Emilín Álvarez y yo. En ese grupo fue donde montó la rumba 'Si tú quieres ser feliz', la de la luna. Siempre me he llevado muy bien con Antonio y le aprecio una jartá.
-Con Joaquín Quiñones tuvo el grupo de 'Nuestra Andalucía' una segunda juventud.
-Dos años muy lindos, 'Missisippi Club' y 'Anónimo gaditano'. Me encantaban. Además, el mejor popurrí que yo he cantado es el de 'Anónimo gaditano'.
-Muchos amigos fallecidos, relativamente jóvenes, en ese mítico grupo. ¿Cómo lleva tantas ausencias?
-Fatal. Cómo nos íbamos a esperar tantas muertes, tan inesperadas. Juanaco, Monzón, Pepe el Bombista, Carlos Peña y Carlos Brihuega. Dios mío. Eso no lo hemos superado. Y no somos capaces de reunirnos para cantar, como antología. El recuerdo nos puede. Fueron muchos años disfrutando, cantando, me c... en la mar.
-El baile que usted se 'inventa' en 'Al compás de mi cepillo' rotando sobre su propio eje ha pasado a la historia, parodiado luego en muchas agrupaciones. ¿Eso solo puede hacerlo el Purri?
-Que nadie lo intente que se pueden caer al foso, ja, ja... Es difícil, y en 'Missisippi' además yo lanzaba el cornetín el cielo, daba la vuelta y lo cogía en el aire. Siempre me gustó esa vueltecita.
-¿Están las puertas abiertas para el regreso del Purri al Carnaval?
-A mí me gustaría volver al Teatro. Añoro el Falla, pero me lo pensaría eso de coger autobuses para contratos... Yo iría de número 16 a una comparsa, sin problemas.
-¿Cómo ve el Carnaval de hoy en día?
-La cabalgata era mejor antes. Y entiendo la innovación, que es necesaria, en el Concurso. Voy al teatro y me salgo a la tercera agrupación. Antes había más respeto, como en un partido de tenis todo el mundo callado y al final se aplaudía. No es lo mismo. El público va con la intención de disfrutar y divertirse. El público es un espectáculo más. Y al Falla va a cantar cualquiera. Antes, los pueblos tenían sus concursos. Ya no los hay, por eso todo el mundo viene aquí. El Falla hoy no pesa. Se le ha perdido el respeto y ya no pesa hacerlo bien o mal. Solo importa participar. A mí me encanta el flamenco, pero no me subo a un escenario a cantar. Lo que hago es pagar para escuchar. Hacen falta buenos aficionados de pago en el teatro.
-¿En su época estaban tan idolatrados los comparsistas?
-No tanto. Hoy tenemos chavales que cantan muy bien, la verdad. Pero se han perdido los grupos conjuntados. En la mayoría de los casos no suenan la segunda y el tenor, que son la base de la melodía. Y luego, los adornitos puntuales de voces por arriba. Hoy se sacrifica el tenor para que se luzcan los contraltos y los octavillas. Por eso los pasodobles de Paco Alba son tan fáciles de cantar. Y otra cosa, no todo el mundo vale para escribir o cantar. Antes te probaban la voz. Ahora, por ir al teatro, canta cualquiera. Yo quitaba la televisión. Así tendríamos solo 70 agrupaciones.
-¿Un recuerdo de sus años en el Carnaval?
-Hay muchos, sobre todo buenos. Pero ahora, a bote pronto, me viene a la memoria uno relacionado con mi madre. Murió el 14 de febrero de 2002. Estaba ingresada y yo fui a darle de comer con el disfraz de 'Simplemente Cádiz', porque cantábamos en un par de sitios, en la semana de Carnaval. Le dije que en cuanto terminara de cantar volvía a verla. Pero yo no me fui tranquilo. Estaba loco por terminar de cantar, parecía que me lo olía. Encima, en la comparsa llevábamos un pasodoble a las madres, y al cantarlo algo me llamaba. Terminé, corrí con la moto al hospital y ya era tarde. Había muerto (se emociona)... Mi madre me parió cantando y me dejó cantando.
Un producto de la fábrica de artistas de la calle Hércules
José Sibón Pedemeonte, 64 años. Apodado El Purri, que viene de Pepurri, a su vez diminutivo de José. Nació el 17 de mayo de 1949 en el número 2 de Hércules, una calle donde vivían El Beni, Juanaco, Monzón, El Niño del Mentidero o El Ávila. En aquella casa de Hércules no pasó necesidad, "pero tampoco abundancia". Había "40 vecinos y nos ayudábamos en todo. El que vendía pescado arrimaba pescado y el que vendía pan lo compartía. Eso ya se ha perdido". Es el mayor de cuatro hermanos. Quedan vivos tres después de morir una hermana. Le siguen en edad Carli, otro emblemático comparsista, y Mari. Sus hijos Javi y Jose son fruto de su primer matrimonio. Con su segunda mujer, Margarita, tuvieron a Álvaro, que tiene 16 años. Dice que estudió "poco" y que se sacó el graduado escolar con 40 años. "Trabajaba para ayudar a mi padre, que estaba en Intendencia y de acomodador en el Falla. Yo he repartido leche con el Macarty, cargábamos en la Central Lechera. En aquella época, con beberme medio litro de leche ya me conformaba. Siempre fui un buscavidas, no paraba", recuerda. También fue taxista cinco años. "Cuando inauguraron la Residencia Militar de Cortadura, mi padre habló para que yo entrara. Me dieron la oportunidad. Era el año 78. Se ganaba muy poco, pero aguanté el tirón. Estuve allí 27 años. Desde el 2004 estoy en la Subdelegación del Gobierno. Soy laboral de Defensa. Me jubilo el año que viene", explica. El paso de los años ha sido benevólo con este comparsista. "Me conservo bien porque no abuso de nada y hago deporte", apunta. Y aclara que no por ser comparsista se es un "vivalavida". "He alternado bien, más que beber por beber a pesar de salir en el Carnaval. Sabía cuándo podía pasarme y cuándo no. En aquellos tiempos nos buscábamos la vida con el Carnaval y éramos muy serios en lo nuestro".
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