Una etapa "fundamental" de la vida
La pedagoga Elisa Cano trata el período anterior a la adolescencia y las nuevas tecnologías en el Colegio San Felipe
Las nuevas tecnologías han revolucionado las formas de aprender y relacionarnos. Es una realidad que padres y profesores tienen que asimilar e incorporar a la hora de educar a los niños, de tal forma que se conviertan en aliadas en vez de verlas como enemigas.
Esta es una de las ideas que planteó ayer la pedagoga y logopeda Elisa Cano Trigo, directora del Centro Albor de Sevilla, en la primera de las charlas del III Seminario sobre relaciones familia-escuela Construyendo Puentes, que se celebra hasta mañana en el Colegio San Felipe Neri. El tema central de esta edición es la adolescencia.
En la jornada de ayer, Elisa Cano abordó la etapa previa a la adolescencia, el período que va de los 6 a los 12 años, que calificó como "fundamental en el desarrollo de la persona" porque en ella se sientan las bases de lo que se va a ser. Por eso, manifestó que los padres y los maestros tienen que aprovechar esta etapa "para echar el resto, porque cuando entren en la adolescencia, empezarán a volar por libre y es fundamental que les demos las herramientas básicas para que puedan volar bien". Así, declaró que la tarea de los padres y profesores es la de sembrar, teniendo en cuenta "los retos de la sociedad que nos ha tocado vivir".
La ponente explicó que en el desarrollo de la persona influye tanto la herencia genética como el esfuerzo personal y el entorno que rodea a cada uno. Por lo que el papel de los educadores es fomentar el empeño y el esfuerzo en el niño para que desarrolle esa dotación genética, "si no, esas capacidades personales no brillarán como podrían brillar" o incluso se perderán.
Elisa Cano indicó que en el desarrollo cognitivo de los menores es fundamental que los maestros y los padres les den confianza y les transmitan mensajes positivos. Dio algunas claves para ayudar a que los pequeños elaboren una imagen positiva de sí mismos, como no utilizar expresiones peyorativas al referirse a ellos, elaborar una imagen clara de sus valores y cualidades, aprovechar cualquier conducta buena para destacarla y ayudarles a expresar sus gustos, destrezas y habilidades, aunque se equivoquen. Dio mucha importancia a que los niños deben ver que "equivocarse no es malo". Y afirmó que todo esto es importante, no sólo para el aprendizaje, sino también para relacionarse con los demás.
Asimismo, dijo que para promover el desarrollo personal y moral de los pequeños, hay que enseñarles a ponerse en el lugar del otro, fomentar juegos cooperativos, expresar con firmeza nuestros valores, ser coherentes y hacer que se sientan escuchados. En este sentido, señaló que hay que estar atento a lo que dicen y cómo lo dicen, "no se puede escuchar a la espera de darle la moralina, sino hacer que ellos sean los que se den cuenta cómo deben actuar, y escuchar el desahogo emocional del niño para ayudarle a que él pongan nombre a sus sentimientos".
La ponente resaltó la importancia de favorecer la autonomía de los pequeños dándoles opciones para que escojan, no precipitándose al dar respuestas y animándoles a buscar soluciones fuera de los educadores.
También destacó la importancia de las relaciones familia-escuela para que "la tarea educativa se desarrolle en toda su plenitud". Para ello, "hay que lograr un adecuado equilibrio de poderes, todos los agentes educativos tienen que estar implicados en una misma tarea: educar, y hay que establecer una comunicación clara entre la familia y la escuela. Confiar en el papel del maestro es esencial para una comunicación fluida", apuntó.
Manifestó que los modelos educativos están desfasados actualmente. "El profesor se cree en posesión del saber y hoy en día el saber pertenece a todos" y "a veces los niños aprenden más por sí mismos y de sus amigos por las redes sociales que en las aulas", dijo sobre la facilidad de adquirir conocimientos a través de internet. Lanzó la idea de que los profesores a veces podían "bajarse de la tarima y ofrecer a los alumnos que compartan lo que saben" porque "la función del docente no sólo es dar clases teóricas sino motivar y alentar".
Sobre los padres, dijo que en esta época de rapidez, "hagamos que nuestras relaciones con ellos sean serenas, de verdad. En esta etapa de los 6 a los 12 años, ofrecedles tiempo de clama, de escucha, que aprendan a saborear y disfrutar de las cosas. Acercaos a ellos y ser aliados de sus gustos".
Terminó recordando que tanto padres como profesores tienen que pensar que son "seres humanos" y que vivir y trabajar en el entorno infantil "es muy exigente", por lo que les pidió benevolencia con ellos mismos cuando no satisfagan sus exigencias e "igual que a ellos les damos mil oportunidades, tenemos que darnos a nosotros mil y una palmadas porque nos la merecemos".
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