"Antes entrábamos en el tema sindical por conciencia"
Carmen Pérez. Sindicalista
La que fuera durante 25 años presidenta del comité de empresa de Tabacalera y Altadis, asegura que la fábrica ahora cerrada forma parte de su historia
ES la primera vez que he visto a Carmen Pérez Fuentes vestida de paisano y sin el uniforme de trabajo que le ha acompañado durante tantos años. Hoy la fábrica gaditana se ha cerrado, algo que le produce mucha tristeza.
-Usted entró en Tabacalera casi siendo una niña.
-Con 18 años. Entré a través de un vecino de mi madre que trabajaba allí. Era el año 1978 y entonces cada seis meses entraban mujeres en la planta. Eché la solicitud y después de hacer un pequeño examen comencé a trabajar. Mi primer día fue el 14 de febrero de 1978, un día muy significativo.
-Años muy intensos para estar en una fábrica con una democracia que estaba naciendo.
-En aquel entonces las mujeres que entrábamos éramos prácticamente niñas y no teníamos mundillo. Recuerdo de entonces el intenso olor a tabaco y que la fábrica de la calle Plocia era muy antigua. Entonces estuve seis meses de prueba y en ese período no te podías casar ni quedar embarazada. Lo que cambia la cosa. Una vez que pasé los meses de prueba, ya era operaria. El jefe de equipo me dijo "ya tienes trabajo para toda la vida". En aquel momento no podíamos ni pensar que esto algún día se podría cerrar.
-¿Tenía la fábrica de la calle Plocia un encanto especial que no alcanzó la de la Zona Franca, pese a su modernidad?
-Todos los que hemos trabajado en Plocia vemos aquello como algo nuestro, como un período que nos gusta recordar, porque allí pasamos muy buenos ratos. Las mujeres éramos operarias y hacíamos una piña entre todas. Era la historia de las cigarreras de ayudarnos las unas a las otras.
-¿Costó mucho el traslado a la Zona Franca?
-Fue muy doloroso para todo el mundo. Cuando empezaba a cambiar se sustituyó el equipo directivo. El nuevo centro era totalmente distinto y cambiaba absolutamente todo, no era un simple traslado. Eran procesos diferentes, otras máquinas e, incluso, fue necesario contratar a mucho profesionales, de ahí que entraran muchos técnicos eléctricos que vinieron de Astilleros. Antes de que se llevara a cabo el traslado, hubo que reciclar a todo el mundo para la nueva situación. Pero además de un plan de formación, iniciamos una negociación para conseguir una serie de mejoras. Además, el año del cambio (1988) se empezó a trasladar de manera progresiva a la gente al nuevo centro y eso coincidió con la negociación de un nuevo convenio colectivo.
-Y aquello complicó la situación.
-Claro. En Cádiz hicimos movilizaciones y la verdad es que teníamos muchos roces con el director de entonces. El dijo que o sobraba el comité de empresa o la dirección y lo que buscaba es que el centro de Tabacalera en la Zona Franca fuera dócil. Hicimos una manifestación y los empleados de Cádiz marchamos hasta la Zona Franca y cuando llegamos a la zona de dirección gritamos "Izquierdo, mangante, vete p'Alicante". Esa fue la que excusa para expedientarnos y que la cosa acabara incluso en una carta de despido.
-¿Entonces usted estaba despedida cuando cerraron la fábrica de la calle Plocia?
-Pues sí. El cierre fue muy doloroso porque se había celebrado el juicio y hubo incluso una huelga de hambre. Cuando se cerró el complejo a finales de diciembre salió la sentencia y la empresa nos tuvo que readmitir, así que el cierre lo tuve que ver desde la calle.
-¿Cómo nació su vocación sindicalista?
-Al principio es algo que ni te planteas. Cuando entré a trabajar coincidí con una compañera que después se marchó a Sevilla y terminó siendo presidenta del comité de empresa allí. Las que estábamos en ese taller empezamos a ir a las reuniones por curiosidad en un principio de las Comisiones Obreras en Cánovas del Castillo. Allí se nos informaba de nuestros derechos y el tema te empieza a interesar y ves las injusticias que hay, entre ellas las diferencias entre hombres y mujeres, pese a que esto en Tabacalera estaba más suavizado que en otros sitios.
-¿Fue la privatización el principio del fin?
-Ya antes hubo algunos movimientos. Por ejemplo, cuando hicimos el traslado hubo directivos que decían que teníamos una plantilla muy grande y empezó a salir la gente más mayor, aunque no eran prejubilaciones como tal. Una vez que se privatiza y nos venden a Altadis nos vendieron la historia de que se había liberado el mercado y que había reducir personal para ser competitivos. Nosotros veíamos que desde 1978 no entraba ninguna mujer en la plantilla pero también éramos el centro de referencia, con las mejores tecnologías y nadie se esperaba el devenir de los acontecimientos. Y es que a partir de ahí empiezan los primeros expedientes de regulaciones de empleo. Aunque eran voluntarios, dimos la voz e alarma porque como eso se aceptara abríamos la puerta a los forzosos, algo que ocurrió de todas maneras. En Cádiz se cierra la fábrica de cigarros y vamos viendo que van cayendo otros centros en España. Se dio la circunstancia de que salieron tantos operarios que había profesionales eléctricos para unas máquinas que nadie podía trabajar, por lo que estos se tuvieron que meter a operarios.
-¿Le perjudicó a Cádiz el hecho de que su comité de empresa se mostrara combativo con los representantes sindicales a nivel nacional y que no aceptaran muchos de los acuerdos a los que llegaban en Madrid?
-Cuando hay una empresa estatal tenemos muy claro que debe haber una representación unitaria. Antes el que se metía en el tema sindical era gente con conciencia y no estábamos liberados. ¿Qué es lo que pasa? Que al principio lo que era una representación unitaria en la que tenía que ser miembro del comité de empresa para formar parte de ella, los sindicatos la fueron amoldando a sus intereses. Entonces todo se decide a nivel de Madrid y con una representación de los trabajadores manejada porque lo que están allí son las direcciones de los sindicatos y no los trabajadores.
-Usted fue de las personas que firmó aquel famoso comunicado que acabó con la expulsión de numerosos sindicalistas de Comisiones Obreras en el que se les acusó de respaldar la violencia terrorista.
-Eso interesó sacarlo de contexto. Cuando estábamos en Comisiones Obreras siempre éramos críticos y nunca estuvimos en los órganos de dirección. Con aquel comunicado nos tacharon de violentos, de terroristas, de ser unos desalmados. Y nosotros lo que pretendíamos decir es que nos parecía una pantomima la campaña del lazo azul porque se reducía a ver quién hacía más y más grandes y pensábamos que por encima de todo eso estaban las personas y que había que sentarse a negociar, algo que después se ha hecho. Denunciábamos que nadie se acordaba de los trabajadores que habían muerto en sus puestos de trabajo, de las mujeres muertas por violencia de género. Todos los que firmamos aquel manifiesto éramos gente honesta y sensata. Se necesitaba una cabeza de turco y fuimos nosotros. El sindicato nos pidió que para poder continuar teníamos que desdecirnos y no quisimos, por lo que nos expulsaron. Ahí se marchó también la gente del ayuntamiento y del hospital y tras ir cada uno por nuestra cuenta se fundó Autonomía Obrera.
-¿Era consciente desde hace tiempo que el centro de Cádiz tenía fecha de caducidad?
-Claro que sí. Por un lado piensas que eres afortunada porque vas a tener una salida medianamente buena pero por otra se te cae el alma a los pies, porque sientes que cae otra empresa en la Bahía y ves a los compañeros que se tienen que trasladar a otros centros de España y sabes lo traumático que va a ser. La verdad es que te vas mal porque esta empresa es parte de tu historia y no puedo entender que una empresa grande que da beneficios llegue a esta situación. Y si encima ves el panorama que va quedando para nuestros hijos.
-Usted ha sido una líder sindical de una fábrica señera de la ciudad. ¿Nunca le han tentado desde la política?
-Desde mi responsabilidad he tenido mucha relación con los políticos, pero nunca me ha interesado formar parte de ninguna lista. Igual que me metí en el sindicalismo por convencimiento, aquí también tenía claro que no lo iba a hacer.
-¿Se considera un modelo para otras mujeres?
-Para nada. Tenga en cuenta que a nosotros nos facilitaba el hecho de que formábamos parte de una empresa formada mayoritariamente por mujeres y eso tenía su reflejo en el comité de empresa. Quienes te apoyan y te respaldan son mujeres. Ya después es tu entrega y tu capacidad de reacción ante los problemas para que te sigan respaldando.
-¿Cómo veía las campañas públicas que se han hecho en los últimos años en contra del tabaco?
-Hay que ser muy hipócritas para hacer esas campañas. Prohibes fumar en los sitios públicos y demás pero por otro lado te llevas los impuestos que genera su consumo. ¿Eso cómo se come? De todos modos no nos podemos engañar. A pesar de la guerra que ha habido contra el tabaco, mirabas la cuenta de la empresa y seguía dando beneficios. Cádiz se cierra porque se pone en marcha otro centro en Polonia.
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