La dolorosa venta, parcial, de los SMAES para pagar la deuda municipal
Agobiado por los débitos, el gobierno de Carlos Díaz partió en tres la empresa para obtener dinero
Un destacado miembro del último gobierno de Carlos Díaz, comentó en su día que durante los cuatro últimos años de mandato socialista "nos limitamos a administrar la pobreza", ante la astronómica deuda que soportaba el Ayuntamiento y que le impedía ejecutar nuevos proyectos en la ciudad y terminar los que ya estaban iniciados.
Estamos en 1994, en la última etapa de la hegemonía socialista en la ciudad. El Ayuntamiento adeudaba más de 8.000 millones de pesetas de la época al Banco de Crédito Local, que aún siendo público presionaba a las administraciones deudoras para que rebajasen sus débitos.
Junto a ello, se planteaba también desde Europa, según la justificación que en su día utilizó el gobierno local, un cambio en la gestión de determinadas empresas públicas.
Uniendo una cuestión con la otra, el PSOE optó por poner en marcha el proceso de desmantelamiento de los históricos SMAE, a los que en su día se le había añadido la S de saneamiento. El plan era crear tres empresas diferentes destinadas al agua, el saneamiento y la electricidad. Las dos primeras seguirían en manos municipales, mientras que la distribución de la electricidad se vendería parcialmente, aunque manteniendo el Ayuntamiento la mayoría en el accionariado.
En aquel momento los SMAES daban trabajo a 220 personas, e importante beneficios al municipio, fundamentalmente generados por el servicio eléctrico.
El proceso de privatización parcial generó una enorme tensión en el gobierno local, en el Ayuntamiento y en la propia empresa. Los trabajadores se pusieron en pie de guerra. El pleno en el que se aprobó esta operación fue muy tenso, muy duro, con cortes de la luz para impedir la aprobación de la propuesta.
Ésta salió adelante y los SMAES, cuya primera piedra la puso el alcalde Ramón de Carranza en 1927 con la municipalización del abastecimiento del agua, pasaron a la historia, así como su presencia intensa en la vida de la ciudad no solo como gestora de servicios públicos sino también por su participación activa en numerosos eventos culturales y lúdicos.
El gobierno de Carlos Díaz dedicó el dinero obtenido por la venta parcial de la eléctrica (a Unicaja y a la Compañía Sevillana de Electricidad, hoy en manos de Endesa), 8.000 millones, a rebajar su deuda. La ironía de esta dolorosa operación es que al poco el gobierno de Felipe González decidió condonar la deuda que con el Banco de Crédito Local tenían muchos municipios del país. Cádiz no se pudo aprovechar de esta medida ya que había pagado antes. Eléctrica de Cádiz siguió dando importantes beneficios a la ciudad en los años posteriores, aunque el Ayuntamiento tuvo que repartirlo desde entonces con sus socios privados.
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