Desescalada en Cádiz Baño de optimismo

  • Las playas de la capital arrancan a medio gas con poca gente en el agua por su temperatura y con un viento racheado que era molesto en ocasiones

  • La Policía Local se afana en informar a los usuarios de las nuevas normas para disfrutar de ellas

Varias personas se bañan en la playa de La Victoria mientras dejan sus pertenencias en la arena. Varias personas se bañan en la playa de La Victoria mientras dejan sus pertenencias en la arena.

Varias personas se bañan en la playa de La Victoria mientras dejan sus pertenencias en la arena. / Julio González

Un pequeño de apenas cinco años de edad pega tiritones en la arena seca de la playa de La Victoria. No estaba la mañana para darse grandes chapuzones pero este viernes sí que merecía la pena hacerlo. Por fin había permiso para bañarse en la playa desde que se iniciara el estado de alarma hace más de dos meses y medio. Lo de esta jornada era un baño de optimismo por el futuro que viene aunque ha sido un estreno a medio gas.

El jueves de la semana pasada, cuando todavía estaba prohibido tomar el sol en la playa y, mucho menos, bañarse, había casi más gente que este viernes. El viento que iba cambiando entre norte y levante, a veces con rachas fuertes, hacía que no se estuviera del todo bien, aunque conforme iba avanzando la jornada, la situación fue mejorando.

Los que sí que no entendían de viento eran los que estaban en la playa de La Caleta, la más resguardada de todas. Aquí parecía que había más gente pero también es una ilusión óptica porque es más pequeña. Llamaba la atención un hombre que estaba tumbado boca arriba sobre una de las barcas que llegaban casi hasta la orilla tomando el sol. El paraíso puro y duro.

Un hombre toma el sol tumbado boca arriba en una barca en la playa de La Caleta. Un hombre toma el sol tumbado boca arriba en una barca en la playa de La Caleta.

Un hombre toma el sol tumbado boca arriba en una barca en la playa de La Caleta. / Julio González

Son playas a las que le falta rodaje. Por ejemplo, muy cerca del módulo central se podía ver a una excavadora moviendo la arena mojada para poder enterrar las cadenas que sujetan las boyas que indican la zona navegable. O en la zona del cementerio una familia tenía que moverse porque justo detrás de ellos empezó la maquinaria a mover la arena dentro de los trabajos que se están haciendo desde Costas durante esta semana. 

Es un baño de optimismo pero la mascarilla cubriendo el rostro de una madre que pone la crema solar protectora a su hija, también cubierta, nos indica que estamos ante una situación excepcional. En vez de encontrar cualquier residuo en forma de lata o bolsa de plástico, a la altura de la calle Doctor Fleming en la arena mojada había una mascarilla quirúrgica abandonada. Los usuarios que estaban por allí se llevaban las manos a la cabeza y protestaban por lo incívico del asunto. Una protección de estas es la arena es como ver basura radiactiva.

La Policía Local va para arriba y abajo de la playa en parejas a bordo de los vehículos tipo buggys y no paran de informar a los usuarios de las normas sanitarias. De momento no hay ningún cartel que indique cómo hay que hacerlo. Por ejemplo, una de las parejas se acerca a una mujer que está con su silla de playa a unos pocos metros de la orilla. Una de las nuevas realidades es que hay que dejar un espacio de seis metros desde la orilla para crear una zona de tránsito donde no se puede apalancar el personal. De este modo, la mujer se tuvo que desplazar un poco más hacia arriba.

La Policía Local informa a una mujer que debe desplazarse un poco más arriba. La Policía Local informa a una mujer que debe desplazarse un poco más arriba.

La Policía Local informa a una mujer que debe desplazarse un poco más arriba. / Julio González

También tienen que advertir sobre el uso de mascarillas en aquellos grupos en los que estén juntas personas de distintos núcleos familiares o que los menores de 14 años han de bañarse siempre acompañados de un adulto. Incluso algo tan común como es que los niños compartan en la playa sus cubos, palas y rastrillos, ahora no lo pueden hacer si no son de la misma unidad familiar. Tampoco se pueden utilizar elementos flotantes de recreo en el agua. A la playa hay que bajar con un manual de instrucciones. Son los nuevos tiempos.

Los agentes de la Policía Local van informando a la gente para que vayan conociendo las normas. Manifiestan que al principio hay un poco de desconocimiento y esperan que, conforme avancen los días, la ciudadanía se irá acostumbrado. Lo que sí que creen que es fundamental es que se aprovechen estos días que hay menos gente antes de que empiece a usarse masivamente estos espacios. 

El argentino Francisco García salía del agua pasadas las doce y media de la mañana. Lleva tres años viviendo en la capital gaditana y es un fijo en la playa. Se ha dado un baño exprés tirándose de espaldas . Reconoce que durante el estado de alarma se ha dado algún baño de tapadillo pero ahora la sensación de "libertad" es completamente distinta.

Una mujer con mascarilla se dispone a ponerle crema protectora a sus pequeños. Una mujer con mascarilla se dispone a ponerle crema protectora a sus pequeños.

Una mujer con mascarilla se dispone a ponerle crema protectora a sus pequeños. / Julio González

Unos pocos metros más allá se sitúa Juan Antonio Reina, que está con su familia. Dice claramente que el agua está helada: "Hoy hay que tener valor para bañarse". En cuanto a cómo va a ser el verano, ha considerado que "en los días fuertes de playa no creo que haya problemas en La Victoria por el aforo porque es ancha, pero sí puede que los haya en Santa María del Mar y en La Caleta".

En este viernes ha habido mucha gente paseando, como se viene haciendo desde que se abrieron las playas cuando los niños pudieron salir a escena. La orilla es continuo trasiego de gente que va hacia Cortadura o hacia Santa María del Mar, pero menos los que se atreven a estar en la orilla por lo fría que se encuentra el agua. 

Este viernes la gente ha tocado menos el agua de lo habitual pero se ha podido dar un baño de optimismo en lo que entiende que es un paso más hacia la desescalada definitiva. Es una sensación extraña la de vivir la playa de esta manera, pero esto lo que nos trae la llamada nueva normalidad.

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