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Un dentista en la selva americana

José Manuel Visuerte, director de la Unidad Bucodental del Distrito Bahía de Cádiz-La Janda, se encuentra estos días en otra de sus expediciones a países desfavorecidos como Nicaragua para prestar sus servicios

El doctor José Manuel Visuerte atendiendo a varias personas durante una de sus últimas visitas a Nicaragua.
Pedro M. Espinosa/ Cádiz

29 de noviembre 2011 - 01:00

Los dentistas no abundan en las selvas centroamericanas, donde los niños y las caries crecen silvestres. Aldeas que exigen alma de aventurero para llegar hasta ellas son habitadas por personas que esperan la visita anual del dentista con la misma puntualidad que la temporada de lluvias. Y cuando llega es una fiesta. Porque no va con las manos vacías. José Manuel Visuerte, director de la Unidad de Gestión Clínica de Salud Bucodental del Distrito Bahía de Cádiz-La Janda, médico estomatólogo y gran aficionado al fútbol, cruza el charco cargado de medicinas, de anestesia para las extracciones, de material para los empastes y hasta de camisetas del Cádiz. Debe ser curioso toparse con un crío centroamericano corriendo por entre la maleza con la elástica amarilla.

Hace dos semanas, José Manuel, que en otras ocasiones ha acudido con un grupo multidisciplinar, con enfermeros y otros especialistas de hospitales y centros médicos gaditanos, se marchó 17 días a Nicaragua. Esta vez ha afrontado uno de sus proyectos, como a él le gusta denominarlo, en solitario. Utiliza sus vacaciones para ayudar, pagándose un viaje y unos gastos que a veces superan los 4.000 euros, aunque apunta que "siempre recibo más de lo que doy". Porque la gratitud de estas personas, "que te dan hasta lo que no tienen" es infinita, "es muy gratificante".

Con el doctor Visuerte colabora habitualmente el Colegio de Farmacéuticos de Cádiz y el propio Distrito, aportando medicamentos y materiales que lleva consigo para atender a sus pacientes. En ocasiones puede intervenir en consultas más preparadas, como las que dispone la Fundación Barceló, pero otras veces se ve obligado a hacerlo "en simples sillas. Allí la gente se sienta y algunos hasta me piden que les saque todos los dientes, porque saben que no es habitual ver un dentista en su tierra" y prefieren eso a sufrir la condena de un dolor de muelas.

En sus viajes José Manuel lleva anestesia, jeringas, pasta para los empastes o instrumental necesario para las extracciones. "Los recursos de estas personas son limitados, y hay zonas que están en pleno monte, muy alejadas de los núcleos urbanos".

Además, en países como Nicaragua por ejemplo, la atención bucodental no es gratuita como ocurre en Andalucía, sino que hay que pagar por cualquier consulta. "Cuando te ven llegar se vuelven locos de alegría. Es muy gratificante".

José Manuel Visuerte comenzó con sus proyectos de cooperación hace diez años. Actualmente tiene 52 años de edad y reconoce que "esto engancha". ¿Y su familia cómo lo lleva? "Bueno, llevo más de treinta años casado con mi mujer, que es de Cádiz y que me conoce perfectamente. Mis hijos ya son mayores y llegamos a un momento de la vida en que uno puede disponer de un poco más de tiempo para hacer lo que verdaderamente le llena, que en mi caso es esto".

Visuerte asegura que en la frontera entre Honduras y Nicaragua "ven a un médico cada dos o tres años" y que esto hace que cuando llegue allí "no sólo tenga que hacer funciones de dentista, sino también de pediatra, porque siempre se forma una cola con mujeres con 20 niños de menos de dos años a los que nunca ha visto un médico y que tienen desde simples catarros hasta enfermedades de parásitos". José Manuel reconoce que cada vez que acude a estos lugares suele pelarse muy corto para evitar el contagio y que toma medicamentos como la quinina para protegerse contra la malaria.

Esta vez José Manuel ha viajado a Nicaragua, pero otras veces también ha estado en Madagascar o los campos de refugiados del Sahara, donde reconoce que la vida es durísima. "Este año queríamos ir a un campo de refugiados en Somalia, pero con los últimos secuestros de cooperantes españoles nos dijeron que no era conveniente, por lo que he decidido estar estos 17 días de mis vacaciones en centroamérica y luego, posiblemente en diciembre, esté los 13 restantes de mis vacaciones en México, aunque eso no está cerrado todavía". La llegada de José Manuel a Nicaragua ensanchó las sonrisas de muchos de sus habitantes.

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