El parqué
Pocos movimientos
El estreno en España en la gran pantalla –tras varios retrasos– de la película ‘Víctor Frankenstein’, con James McAvoy como el ‘visionario’ científico y Daniel Radcliffe como Igor, nos da la oportunidad de recordar otras recreaciones cinematográficas y televisivas de la novela de Mary Shelley, la verdadera ‘científica’ que consiguió convertir en inmortal a su inolvidable criatura.
A veces me da por pensar que Mary Shelley fue la verdadera científica loca. La auténtica creadora de un ser que ha sobrevivido al tiempo y al espacio. Mary Shelley es Víctor Frankenstein. Quien parió al monstruo terrorífico, para unos; tierno, para otros; cómico, incluso, para algunos; e inolvidable, para todos. La literata británica dio a luz al monstruo completo y muchos son los creadores que no han podido resistirse a la tentación de despedazarlo, con más o menos éxito, de inspirarse en una parte de su historia, la de Frankenstein o el moderno Prometeo, para alumbrar sus propias recreaciones. Algunas, muy buenas, tanto, que han logrado instalar en el imaginario colectivo una apariencia física muy concreta de la criatura (Karloff) o del reflejo de su alma (De Niro). En Víctor Frankenstein, una de las últimas profanaciones del mito que hoy llega a la gran pantalla de nuestro país tras varios retrasos en su estreno, el ser hecho de despojos humanos queda en un segundo plano con respecto a su creador y a la inquietante figura de su ayudante, Igor. Sin embargo, cualquier excusa es buena para recordar todas las caras del monstruo. Incluso esta película, de dudosa calidad, interpretada por James McAvoy (El último rey de Escocia, Charles Xavier en la saga X-Men) y Daniel Radcliffe (Harry Potter).
Víctor Frankenstein, con un presupuesto de 40 millones de dólares y una recaudación, hasta ahora, de 34,2 millones de dólares, ya ha sido calificada de “desastre” y “fiasco” (económico) por los expertos, mientras que sus protagonistas, muy elegantes, califican la cinta de Paul McGuigan (El caso Slevin, Push) como “entretenimiento total”. Es decir, muchos fuegos artificiales, movimientos trepidantes de cámara y persecuciones de infarto pero ni un ápice de la profundidad dramática ni de la novela gótica ni de sus dignas recreaciones cinematográficas.
Los 2 metros 8 centímetros de Guillaume Delaunay, el Frankenstein de Víctor Frankenstein, y su imponente caracterización apenas le valen unas pocas secuencias del metraje que se centra en la relación entre el científico (McAvoy) y su protegido Igor Strausman (Radcliffe) –un personaje que debe su vida al Frankenstein de James Whale, aunque en el filme de 1931 el extraño asistente del doctor tuviera por nombre Fritz– que se erigirá en el único tipo cuerdo en esta versión de Max Landis que –se cubre de gloria– convirtiendo a Víctor en un atractivo sociópata y embellecendo a Igor despojándolo de su característica joroba y dotándolo de unas cualidades médicas que ya quisiera el doctor House.
Pero volvamos al monstruo. En Víctor Frankenstein, Guillaume Delaunay se enfunda en un traje completamente protético diseñado por Rob Mayor, de la prestigiosa empresa de efectos especiales de maquillaje Millennium FX. Una caracterizacion muy acertada, al igual que el nombre que recibe el monstruo en esta historia, Prometeo, para un actor que, segun ha declarado McGuigan, hasta recibió clases con un instructor de movimiento para recrear los primeros pasos en el mundo de un recién nacido. Pasos que se podran contemplar en las últimas escenas del filme donde Prometeo es, digamos, el segundo monstruo creado por Víctor Frankenstein que, antes, da vida a un collage animal llamado Gordon.
Y de la última cara de Frankenstein, a la primera, Charles Ogle. El actor americano, que tambien interpretó al señor Scrooge en Cuento de Navidad, tuvo el honor de ser el primer Frankenstein en la cinta (muda) de 1910 que estuvo dirigida por J. Searle Dawley y realizada por la Edison Film Company. Cuando estos estudios cerraron en 1918 muchas de sus películas desaparecieron y muchos de los negativos fueron destruidos pero en la década de los cincuenta el coleccionista Alois Felix Dettlaff adquirió la única copia conocida de la película. Así, una copia de esa copia fue entregada treinta años después al American Film Institute que había incluido a Frankenstein en la lista de las diez películas perdidas más significantes de la historia y, por fin, el 30 de octubre de 1993, en el Avalon Theater de Milwaukee, Charles Ogle fue Frankenstein otra vez.
Pero si en nuestra memoria colectiva se ha acomodado una silueta de Frankenstein, ésta responde a las orillas del cuerpo del más fino actor del cine de terror, William Henry Pratt, es decir, Boris Karloff. El inglés sería el Frankenstein por antonomasia de los 30. Tres veces se metió en la piel del monstruo (El doctor Frankenstein, 1931, de James Whale, La Novia de Frankenstein, 1935, del mismo director y en El hijo de Frankenstein, 1939 de Rowland V. Lee) y, aunque sobre gustos no hay nada escrito, fue el mejor de la historia junto a la lograda interpretación de Robert de Niro en la exquisita versión de Kenneth Branagh, Frankenstein de Mary Shelley (1994).
Resulta curioso que en la última película de Karloff como la criatura, El hijo de Frankenstein, otro monstruo de la escena del terror, Bela Lugosi (Drácula), se convirtiera en Igor, papel que, además, volvería a interpretar en El fantasma de Frankenstein (1941)con Lon Chaney Jr., que fue el Hombre Lobo en ese mismo año, como el gigantesco ser.
De hecho, la pareja de actores repetiría en 1943, en Frankenstein contra el Hombre Lobo –Universal estaba decidida a sacar la maxima rentabilidad a sus terroríficas criaturas–, pero, esta vez, con Bela Lugosi como el monstruo de Víctor y Chaney Jr., de nuevo, como el licántropo.
Varias también fueron las ocasiones en las que en los años 40 el estadounidense Glenn Strange se transmutó en Frankenstein. La primera de ellas, en La zíngara y los monstruos y, rizando el rizo, fue el ser de cabeza plana en la comedia Abbott y Costello contra los fantasmas, donde compartía cartel con el popular dúo cómico y con Bela Lugosi, como Drácula, y Lon Chaney Jr., como el hombre lobo.
Sin querer abandonar la comedia, damos un salto en el tiempo y en el formato. Hasta mediados de los 60 y a la pequeña pantalla para recordar a Herman, el bonachón cabeza de familia de Los Monsters, que posibilia que el actor Fred Gwynne esté en estas páginas. Diez años adelante y volviendo al cine, para comedia, El jovencito Frankenstein, la enorme parodia de Mel Brooks que nos devuelve tres soberbias caras del universo Frankenstein. Peter Boyle, como el monstruo más tierno y sufrido (atentos a la escena en casa del ciego) de la galería de frankensteins, Marty Feldman como el inquietante Igor (Aigor) y Gene Wilder como el doctor Frederick Frankenstein, digo, Fronkonstin.
Christopher Lee a finales de los 50 (La maldición de Frankenstein) también cayó en las redes de un monstruo que las series de television, como La familia Addams de los 60, seguirían explotando en décadas posteriores hasta llegar a nuestros días. Frankenstein Chronicles, centrada en el inspector Marlott interpretado por Sean Bean, y Penny Dreadful, con un Víctor (Harry Treadaway) enganchado a la morfina y un monstruo (Rory Kinnear) dispuesto a destrozarle la vida, son algunos de los últimos lienzos donde podemos descubrir las nuevas caras del monstruo.
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