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Cádiz, semillero de obispos

Historias de Cádiz

Durante el siglo XIX numerosos gaditanos alcanzaron la silla episcopal

Báculo de Arbolí ofrecido por Montpensier

Plaza en Barcelona para el gaditano Urquinaona

Pastora Imperio y el Nazareno

El báculo del obispo Arbolí, regalo del duque de Montpensier, en la sacristía de la Catedral. / Archivo

Durante el siglo XIX fueron nombrados obispos numerosos sacerdotes gaditanos o pertenecientes a la diócesis de Cádiz. Tantos fueron los designados que, según el sacerdote José María León y Domínguez, la diócesis de Cádiz era llamada en Madrid, “antesala del episcopado español y semillero de obispos”. En efecto, de esa época podemos citar a los obispos Arbolí, Urquinaona, Arriete, Calvo y Valero, Herrero, Costa, Hüe, Rancés, Murúa, Soto y Cerero. Un número de obispos muy elevado para una diócesis tan pequeña como la de Cádiz, lo que viene a reflejar el prestigio del Cabildo gaditano y el cuidado en la preparación intelectual de sus sacerdotes.

Inició esta espléndida relación Juan José Arbolí y Acaso, del que ya hemos tratado en alguna que otra ocasión. Fue el sucesor de Domingo de Silos Moreno y le correspondió la difícil tarea de terminar las obras de la Catedral.

Arbolí era hijo de un modesto sombrerero domiciliado en la calle Pasquín y fue el famoso magistral Cabrera el que descubrió las aptitudes del joven ‘Juanico’ y lo llevó al seminario.

La consagración episcopal de este prelado gaditano tuvo lugar en nuestra Catedral el 5 de septiembre de 1852. Fue su padrino don Antonio de Orleáns, duque de Montpensier, casado con la hermana de la Reina Isabel II y eterno aspirante al trono de España. Montpensier regaló a Arbolí un hermosísimo báculo que sigue siendo utilizado por los prelados gaditanos en ocasiones solemnes.

El obispo Arbolí nunca quiso salir de Cádiz. Su fama de buen orador le llevó a ser nombrado predicador de Su Majestad y senador del Reino, pero no llegó a tomar posesión de ninguno de estos cargos. León y Domínguez, de quien tomamos estos datos, asegura que fue propuesto para arzobispo de Burgos, pero el religioso gaditano prefirió seguir al frente de la diócesis de su ciudad natal.

Otro de los grandes obispos gaditanos del siglo XIX fue José María Urquinaona y Bidot, nacido en la calle Santiago hijo de un conocido abogado síndico del Ayuntamiento, Manuel María de Urquinaona, y de Juana Bidot.

En Cádiz no quedaron muchos recuerdos de este prelado, ya que muy joven fue nombrado obispo de Canarias y posteriormente de Barcelona, donde una plaza recuerda su labor.

Resulta llamativo y curioso que una de las plazas elegidas por los nacionalistas catalanes para expresar sus demandas lleve por nombre el de un gaditano nacido en la calle Santiago. Recientemente estos nacionalistas están promoviendo el cambio de nombre a la plaza Urquinaona y solicitan que lleve el nombre de Ferrer Guardia, anarquista fusilado en 1909 como responsable principal de la llamada Semana Trágica de Barcelona.

No obstante, muchos catalanes están recordando la impresionante labor social llevada a cabo en Barcelona por el religioso gaditano al que apodaban ‘el obispo de los pobres’ y que creó el Patronato Obrero.

Urquinaona, además, consiguió que León XIII declarara Patrona de Cataluña a la Virgen de Montserrat. Como senador por la Ciudad Condal, el obispo gaditano defendió los intereses de los comerciantes textiles catalanes oponiéndose al acuerdo comercial firmado entre España y Francia. A su regreso a Barcelona fue aclamado por una verdadera multitud.

El sucesor de Arbolí en la diócesis de Cádiz fue fray Félix María de Arriete y Llanos, conocido por todos como el padre Félix. Nació en la calle San Miguel, hijo de un teniente de Infantería durante el asedio de Napoleón.

Ingresó como novicio en el gaditano convento de Capuchinos, profesando en 1829. Diez años más tarde se vio obligado a abandonar el convento con las exclaustraciones de 1836. Fray Félix tuvo que acogerse a la caridad de varias familias gaditanas.

Gozó de justa fama de santidad y buen criterio entre los gaditanos. Cuando el famoso padre Claret dejó Cuba por ser nombrado confesor de la Reina, pasó varios días en Cádiz alojado en el palacio episcopal como huésped del obispo Arbolí. Claret pidió al obispo gaditano el nombre de algún religioso que se hiciera cargo de la archidiócesis de Cuba, sugiriendo Arbolí el del padre Félix. Pero éste se negó en rotundo alegando su falta de formación.

Cuatro días después de la muerte de Arbolí, el Nuncio y el Gobierno comunicaron al padre Félix su nombramiento como obispo de Cádiz. También quiso rechazar el puesto alegando su poca aptitud para los cargos religiosos. Finalmente, fray Félix acudió al convento de Santo Domingo y tras rezar largo tiempo ante la Virgen del Rosario, aceptó el nombramiento.

Fue consagrado en la Capilla Real y fue apadrinado por el Príncipe de Asturias, posteriormente Alfonso XII, que le regaló un extraordinario Pectoral de Brillantes que fray Félix donó más tarde a la imagen de la Virgen del Rosario.

Durante la Primera República, Emilio Castelar quiso que fray Félix fuera nombrado arzobispo de Valencia a lo que se negó el religioso gaditano.

Durante los sucesos revolucionarios que tuvieron lugar mientras era obispo de Cádiz, fray Félix tuvo un comportamiento ejemplar poniéndose a disposición de todos. En el llamado ‘año de los tiros’, el dinero sobrante de lo recaudado por los comerciantes para restaurar la ciudad fue entregado al obispo, que lo repartió entre los más pobres.

Presentó su renuncia en varias ocasiones, siéndole admitida finalmente cuando ya se encontraba enfermo. Fray Félix murió en Chiclana.

En próximos artículos trataremos sobre la vida de otros obispos nacidos en la ciudad de Cádiz o pertenecientes a su diócesis.

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