Entrevista con la joven agredida sexualmente este fin de semana “No denuncio porque no tengo ni pruebas ni testigos de lo que pasó”

  • La cordobesa Ana Cobos fue acosada sexualmente por cuatro chicos el pasado fin de semana

La joven cordobesa Ana Cobos, en la hemeroteca de 'Diario de Cádiz'. La joven cordobesa Ana Cobos, en la hemeroteca de 'Diario de Cádiz'.

La joven cordobesa Ana Cobos, en la hemeroteca de 'Diario de Cádiz'. / Jesús Marín

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Está el día que te pasa. Y está el día después. Cuando te levantas y tienes que sacar al perro, tienes que ir al supermercado, y te agarras el chaquetón cubriéndote el cuerpo instintivamente y desconfiando de cada mirada. Así fue el día después de la cordobesa Ana Cobos que fue acosada sexualmente una tarde de este fin de semana por cuatro jóvenes en una de las calles de esta ciudad y, desde entonces, evita salir de casa sola.

Está el día que te pasa, cubierto de un fino velo que le desdibuja “las caras”, las “palabras exactas”, las “reacciones” de sus agresores, y hasta de su salvador. Y está el día después, donde la escena se vuelve aun más turbia pero las sensaciones regresan con más violencia. “Realmente hasta el día siguiente no reaccioné y fue cuando decidí contarlo pero yo no esperaba todo esto, estoy muy agobiada...”

Todo esto es el post de facebook donde la propia Ana relata la agresión que ha sufrido compartido 2.500 veces, todo esto es la llamada de los periodistas, todo esto es el comentario de apoyo o de consejo del amigo y del desconocido. Traducción: todo esto es para Ana un motivo “de agradecimiento”, de “no sentirse sola”, de sentirse “escuchada” pero también “de decepción” y “tristeza” por “esas personas que ponen en duda lo que me ha pasado porque no he querido denunciar”.

Y ahí está el nudo. Ahí está de nuevo la voz que tiembla, las uñas deformadas por el nerviosismo y las explicaciones que por ahora no quiere dar a la autoridad. Ahí está, la indefesión o la creencia de indefensión, la desconfianza. “No denuncio porque no sé cómo eran los chicos, no me acuerdo, ni siquiera recuerdo bien al hombre que me cogió y me libró de ellos, que me tenían cogida por los brazos, y me apartó de ellos... Mira, hace unos meses acompañé a una amiga a poner una denuncia por violencia, no de género, sino por violencia, y el policía le dijo que tardaba menos en explicarle el porqué no tenía que denunciar que en poner la denuncia, porque no tenía ni testigos ni pruebas. Y yo no tengo ni pruebas ni testigos, por eso no denuncio, ¿a quién voy a acusar si yo estaba en shock y no me acuerdo de nada? Voy a ir, voy a pasar un mal rato y, ¿para qué?, yo no voy a acusar a nadie si no estoy segura, me parecería irresponsable hacer lo contrario. Si el hombre que intervino apareciera y quisiera acompañarme entonces sí denunciaría”, decide Ana que también quiere aclarar que ella “respetaría” que esa persona que la salvó de sus agresores “no quisiera verse envuelto en esto” y lo único que “de verdad” quiso hacer con su relato en las redes sociales es “agradecerle lo que hizo por mí”.

Agradecimiento a su salvador y a la ciudadanía, una advertencia: “Yo escribí lo que pasó en facebook también para que la gente supiera que en pleno siglo XXI te puede pasar esto, en una calle cualquiera, que había ese día hasta una zambombá, y que eran las ocho y media de la tarde o nueve de la noche. Yo pasé tranquilamente delante de cuatro chavales sentados en una acera, uno se pone delante me dice algo así como “oye guapa, tú te vienes conmigo o vamos a pasar un rato” o algo así, lo intento esquivar y otros dos me cogen por los brazos mientras que otro me empieza a tocar por debajo de la falda... Y me coge de la cara y me estruja la boca y me insultan, que me dijeron puta, zorra, y que eso me pasaba por llevar una falda corta... Y menos mal que apareció ese hombre yo no sé de dónde pero apareció y me cogió y me acompañó hasta el autobús... ¿qué me hubiera pasado si no llega a aparecer?”

Ana, que lleva dos años y medio viviendo en Cádiz y que todavía no conoce “ni el nombre de todas las calles”, está “agobiada”, “muy agobiada”, por lo que le pasó y por el día después de lo que le pasó. “Unas personas (queridas, cercanas todas) me dicen que denuncie y otras que no... Yo ahora mismo lo que quiero es seguir con mi vida poco a poco e intentar perder el miedo que tengo...” Ana está agradecida, está triste y quiere pasar página.

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