Cádiz

"Volvería de nuevo a ser carmelita, a los religiosos sólo nos jubila la muerte"

  • Sor Lourdes, nacida en Puerto Real en el año 1924, ha estado al frente de la Secretaría del obispo Antonio Ceballos desde su toma de posesión de la diócesis de Cádiz y Ceuta, en diciembre de 1993

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Sor Lourdes de Dueñas Pastor (Puerto Real, 1924) ha dejado recientemente la Secretaría del obispo de Cádiz y Ceuta, Antonio Ceballos, que venía desempeñando desde que el prelado tomó posesión de la diócesis en 1993 , tras haber colaborado antes con la de monseñor Antonio Dorado hasta su traslado a la de Málaga.

Su paso por la curia diocesana ha sido otro tramo de su entrega a la Iglesia desde que en 1941, cuando tenía 17 años, decidió ingresar en las Carmelitas de la Caridad de Vedruna, en el noviciado madrileño de Carabanchel.

Desde entonces ha estado destinada en Jaén, Cádiz y El Puerto de Santa María, además de haber desempeñado los cargos de secretaria provincial y secretaria general en Roma durante seis años.

Sor Lourdes dice que si naciera de nuevo "volvería a escribir una carta a mi padre comunicándole mi deseo de ingresar en las Carmelita de la Caridad", ya que está segura de que le volvería a contestar "si tienes vocación, adelante", y añade que "a los religiosos sólo nos jubila la muerte".

La religiosa nació en el seno del matrimonio formado por José María de Dueñas Ristori y María Teresa Pastor Tomasety, que tuvieron cinco hijas y dos hijos.

Vivían en La Carraca, donde su padre, marino de profesión, era profesor de la Escuela Naval, y donde una profesora impartía clases a los hijos por las dificultades de entonces de acceder a San Fernando.

Su madre murió muy joven, a los 39 años, y la mayor de las hermanas se hizo cargo de toda la familia que de San Fernando, donde sor Lourdes estudió en las Carmelitas de la Caridad, pasó a Cádiz al ser destinado su padre a la Comandancia Militar de Marina y ella al colegio de la Torre de Tavira de las Hijas de la Caridad.

Precisamente ya en Cádiz fue cuando sor Lourdes decidió comunicar a su padre su decisión de elegir la vida religiosa y entrar en las Carmelitas, cuyo modo de vida ya le atraía cuando estaba en su colegio isleño. "Decidí comunicárselo por escrito, lo aceptó y me acompañó en coche hasta Madrid para quedarme en el noviciado", recuerda.

Destaca que tuvo una infancia muy feliz, "éramos una familia de muchos hermanos, muy unida, por esos me angustia ver que una familia no funciona", dice.

Lamenta que de todos hayan fallecido, su hermana Angela ("que era la mayor y fue nuestra segunda madre"), Maruca, Teresa, María Josefa, que era Hija de la Caridad, y otra que murió de pequeña, además de dos hermanos, José Manuel y Luis Fernando, ambos marinos como su padre.

Afirma que tanto la vida religiosa, la de casada o la de soltera son una elección personal "porque cada una de ellas supone un compromiso y es muy bonito vivirlas, con sus luces y también con sus sombras".

Sor Lourdes guarda numerosas anécdotas de todos estos años, aunque mantiene la discreción, que es la herramienta que mejor debe dominar una buena secretaria, pero cita como uno de sus mejores recuerdos el haber asistido a una misa presidida por el Papa Juan Pablo II en su capilla privada del Vaticano poco antes de su regreso a España.

No se le olvida que la cita fue a las ocho y diez de la mañana y que subió a pie hasta las dependencias del Santo Padre, que saludó personalmente a cada uno de los contados asistentes al concluir la celebración. "Me saludó en español y sólo se me ocurrió hablarle de la Virgen del Rocío, cuyo santuario visitó precisamente en 1993", señala emocionada.

Afirma que al presentar monseñor Antonio Ceballos su renuncia a Roma lo lógico era dejar ella también la secretaría, que ha ocupado durante los últimos 18 años.

Ahora dice que aún no ha pensado qué va a hacer en la comunidad Vedruna de la calle República Argentina, donde reside, "aunque nunca he tenido miedo al trabajo y estoy abierta a colaborar en lo que haga falta".

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