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Vacaciones solidarias para los niños de Bielorrusia

Niños bielorrusos y sus familias de acogida celebran su llegada Es el 9º año de la iniciativa

Los menores herederos de la catástrofe nuclear de Chernobil y sus familias de acogida celebran su llegada a través de un acto de bienvenida en la parroquia de San Lorenzo

Un momento de la liturgia en honor a la llegada de los niños bielorrusos en acogida.
Lorena Ruiz / Cádiz

06 de julio 2010 - 01:00

Desde hace nueve años, niños bielorrusos disfrutan de la playa, el clima de Cádiz y, sobre todo, un ambiente limpio, lejos de la contaminación consecuencia de la catástrofe nuclear de Chernobil. Esto es posible gracias a la iniciativa de la cofradía Vera Cruz, la Asociación de "Aguaores Blancos" y la parroquia de San Lorenzo, donde realizaron ayer el acto de bienvenida.

Un total de 33 niños, con edades comprendidas entre los 7 y los 18 años, pasarán 42 días con familias de acogidas y volverán a sus hogares el próximo 8 de agosto. La gran mayoría de ellos repiten la experiencia y, además, regresan con las personas que los recibieron al comenzar, según informa Juan Manuel Grabán, conciliario de caridad de Vera Cruz.

Una de los cuatro niños que disfrutan de la oportunidad por primera vez es la acogida por Yolanda Pérez, quien dice haberse animado a participar al descubrir que se trata de una experiencia muy gratificante a través de una amiga, Pilar Trujillo. Esta disfruta de la compañía de una niña de ocho años a la que define como muy cariñosa.

Ana Nikanchuck, una de las monitoras que participa en la integración de los niños, reconoce que el carácter de los bielorrusos es más tímido pero que aquí se abren al encontrarse con situaciones familiares mucho más agradables que las que viven en sus países. "Esa influencia positiva en sus vidas y descubrir que la felicidad es posible motiva a muchos de ellos a realizar estudios universitarios y a convertirse en monitores."

Los hijos biológicos de los padres de acogida también disfrutan de lo que consideran una vivencia enriquecedora, como le ocurre a Carlos Manero. En su opinión, el idioma no es un impedimento ya que son muy inteligentes.

La relación entre las familias continúa tras la marcha. En el caso de Isabel Montes, sus vacaciones se han convertido en una oportunidad para ir a visitar a Vitali Shadvyn y el resto de sus hermanos, con los que piensa mantener la iniciativa. Shadvyn viene a España desde el principio del proyecto y a sus 15 años manifiesta desear seguir haciéndolo mientras pueda, ya que de Cádiz le gusta todo. Según Isabel, una tradición bielorrusa requiere brindar tres veces: por el encuentro, por la amistad y porque volvamos a vernos. Costumbre propia que estos niños pueden ver materializada en un proyecto solidario que aporta tanto a quienes vienen como a quienes acogen.

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