Balas de plata
Montiel de Arnáiz
Feliz Carnaval
"Dame dos euros, que esta es música buena, auténtica, clásica para después de comer quedarte frito". Voces bajo el sol entre objetos inclasificables y reconocibles a partes iguales. Leones con la boca abierta como testigos. Era el gran día de los baratilleros. Volvían al centro ocho años después del exilio en el Parque. No al lugar primitivo, aunque sí muy cerca. Los tenderetes rodeaban el edificio de Correos. Implacable sol en las paredes de los leones y la puerta principal. Fresquito en las otros dos laterales. Y mucho público. "Más que en el Parque, sin duda", decía el portavoz de los vendedores, Andrés Hidalgo. No le importaba el Lorenzo, que picaba. "Con un gorro se aguanta todo. Peor es el frío y el agua". Ahí llevaba razón. Hidalgo aseguraba, alreredor de la una de la tarde, que había hecho de caja casi 20 euros cuando en el emplazamiento de los últimos ocho años había domingos en los que se iba a su casa con mucho menos.
Muy cerca, en una ventana de Correos, compartían espacio discos singles de Los Beatles, tanto los de Cádiz como los de Liverpool. Allí, Juan José Zumalave estaba "encantado" con el estreno. "Hay mucha gente, aunque se nota la crisis. Pero merece la pena el cambio. Ganamos todos. Hasta los bares de los alrededores", comentaba. También se quejaba de la falta de 'alegría' en los bolsillos del público un baratillero que mostraba a un pequeño un libro sobre anfibios. "Lo malo es la calor, que no me he traído gorra", lamentaba.
En otra ventana lucían banderines antiguos del Fútbol Club Barcelona precisamente el día del Clásico. En la pared frente a la plaza de Guerra Jiménez podía encontrarse desde un grigo a un vaso con la serigrafía de Cinzano, pasando por temarios de oposiciones y un vinilo de 'La leyenda del tiempo' de Camarón a 40 euros. En la trasera de Correos, donde figuraban artesanales jaulas de pájaros, Rafael Rasero aseguraba estar casi doblando sus ingresos con respecto al domingo anterior. "Esto es lo que queríamos. Allí nos moríamos, nos tenían discriminados", aseguraba.
El mercadillo se extendía, en su única ramificación, hasta la esquina de la calle Sacramento. Relojes, carteles de toros, libretos de Carnaval, cómics, juguetes clásicos... La oferta era dispar y al público de Cádiz se sumaban algunos cruceristas de paso por la ciudad.
El regreso del baratillo tuvo una incidencia positiva en el comercio y la hostelería de la zona. Había movimiento en los bares y otros establecimientos de los alreredores aprovecharon para abrir sus puertas. Sobre todo los puestos del exterior del Mercado. El Melli, más que nada al olor de los cruceristas, bendecía la vuelta del baratillo: "Cuanto más gente haya por aquí, mejor". En la panadería El Kiosco de Juanita su propietaria reconocía que llevaban varios domingos sin abrir "porque no merecía la pena". Su marido apuntaba que "de momento se está notando el baratillo y se supone que el público se irá acostumbrando al nuevo sitio". Muy explícito fue Manolo Pecino en su puesto de frutos secos. "Estoy contentísimo. Yo tenía pensado cerrar ya los domingos, pero con esta decisión seguiré abriendo. Viende mucha gente de fuera que son coleccionistas. Esperemos que los baratilleros pasen el periodo de prueba", destacaba.
Los vendedores tendrán seis meses para demostrar al Ayuntamiento que no se ha equivocado en su decisión de reintegrar a la Plaza tan ilustre tradición.
También te puede interesar
Lo último
No hay comentarios