Cádiz

Redescubriendo El Caminito

  • El grupo escultórico de la Virgen de las Angustias luce de manera espectacular tras una minuciosa restauración aplicada por Pilar Morillo y Álvaro Domínguez

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Será que en la calle se pierde con los distintos atributos que acompañan a la imagen; será que no es habitual verla a tan solo unos centímetros de separación y a la misma altura de los ojos; y será, claro que sí, que la restauración a la que ha sido sometida el grupo escultórico de la Virgen de las Angustias con su Hijo muerto en brazos ha redescubierto una pieza de imaginería de primer nivel en la Semana Santa gaditana. Pero lo cierto es que el asombro ayer fue generalizado al entrar en la pequeña capilla de la calle Isabel La Católica. Allí, en el centro del templo cuadrangular, lucía de manera espectacular la imagen, que regresaba al culto tras ser intervenida por los restauradores Pilar Morillo y Álvaro Domínguez.

Del trabajo realizado con esta imagen destacan sobre todas las cosas dos importantes hallazgos. El primero se encuentra en el cuerpo del Señor. "Tenía tres policromías diferentes: la original y dos posteriores. El cambio de color era grande, pero con el oscurecimiento general de la imagen no se apreciaba tanto", explica Pilar Morillo, que finalmente fue capaz de rescatar la policromía original. Pero más allá de eso, llama la atención lo ocurrido con la sangre de este cuerpo. "A la luz natural no se apreciaba; pero con luz ultravioleta se veían los regueros de sangre, que tenían un recorrido como muy natural", explica Morillo. Así que por medio de esa luz ultravioleta se ha ido reintegrando la sangre. "Queda todo muy acorde", entiende la restauradora. La intervención en el Cristo yacente ha concluido con el sudario, que sí ha sido repolicromado pero respetando el estilo y color del origen.

El otro gran hallazgo se localiza en la parte trasera de la imagen. La intervención ha permitido descubrir que realmente la Virgen de las Angustias fue concebida sentada en una peña. Hasta ahora, la espalda de la Virgen aparecía completamente pintada del color azul del manto tallado, pero el trabajo de estos dos restauradores permitió sacar a la luz la piedra original, dando una dimensión completamente nueva de esta talla.

Este hallazgo, además, podía contemplarse ayer con total facilidad, algo poco habitual en la imagen cuando está en el camarín de su capilla o cuando procesiona por las calles de la ciudad.

Los trabajos se completaron con la intervención en la imagen de la Virgen, que presentaba repintes y el oscurecimiento propio por la oxidación de los barnices, además de algunas grietas que alertaron del estado de conservación pero que tras realizar una serie de pruebas -analíticas y radiografías- "se corroboró que todo estaba bien, solo que las maderas se mueven y provocan esas grietas". El magnífico ropaje de la Virgen también ha sido eliminado de todos los repintes y oscurecimientos; un pliegue que conservaba el tono original es el que sirvió de guía para la totalidad de la saya.

"Ha sido un ejercicio de mucho trabajo y todo muy científico y siempre con la consulta y aprobación de los hermanos de la cofradía. Hemos tenido muchas ganas; queríamos sacar un buen partido de la intervención", destacaba ayer Pilar Morillo, muy satisfecha con el resultado de una restauración que se ha alargado algo más de lo programado por todos estos problemas inicialmente no previstos.

Lo cierto es que los elogios en el día de ayer no tardaron en llegar por parte de los que visitaban la capilla del Caminito. Y es que la restauración de una imagen es hoy en día un proceso muy complejo por cuanto supone el hecho de cambiar la apariencia habitual de una imagen a la que se le profese devoción.

"El conjunto gana. La Virgen es guapa y el Cristo es ahora más roldanesco que nunca, además de que el conjunto tiene ahora una unidad de color; la imagen tiene un lenguaje único ahora", explica Morillo, que indica que a partir de ahora harán un seguimiento a la talla para velar por cualquier problema de conservación que se le presente.

Con la Virgen ya en su capilla, los restauradores preparan ya su taller para recibir próximamente las manos del Nazareno, otro gran reto al que se enfrentarán. "Estas imágenes están hechas para emocionar, y creo que se ha conseguido ese objetivo. Hemos hecho justicia con la historia", concluye Pilar Morillo.

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