Mercedes no es 'Luisita', pero como si lo fuera
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Mercedes Pecino FornellVendedora de floresl La entrañable florista de Topete abrió el puesto en 1975
Una mujer "que daba dinero a ganancia" le prestó 25.000 pesetas para abrir el negocio
Luisita se llama en realidad Mercedes. Conviene, de entrada, conocer este detalle. Luisita es su hija, que da nombre al negocio. Pero es Mercedes la que lleva en su puesto de flores desde 1975. "Poca gente me llama por mi nombre. Lo tengo asumido. Para casi todo el mundo soy Luisita", reconoce. Los apellidos dicen mucho: Pecino Fornell. Suenan a vendedores ilustres en los alrededores de la Plaza. Así es. Mercedes es hermana del recordado Manolo Pecino, el de los frutos secos frente a La Marina. La madre de ambos fue la precursora de sus profesiones. "Ella vendía delante de Correos castañas tostadas, zapatos, higos chumbos... lo que hiciera falta. Y casi todos los hermanos la ayudamos a vender", cuenta. Fue tras morir la matriarca, en 1972, cuando Mercedes se embarcó en el negocio de las flores. "Un día pasé por la plaza de las Flores y vi que habían hecho unos kioscos. Hasta entonces, las flores se vendían en unos tableros. Un kiosco estaba vacío y pensé en cogerlo. Y hasta hoy", señala. Para acceder al local tuvo que hablar con el alcalde de entonces, Jerónimo Almagro. "Le estaré siempre agradecida. Para mí fue lo mejor". Para establecerse le pedían 50.000 pesetas. "Yo no las tenía, pero una conocida que daba dinero a ganancia, con poco interés, me prestó 25.000. Sólo tenía eso, pero el alcalde aceptó que le pagase al Ayuntamiento el resto poco a poco", cuenta Mercedes.
Le hubiese gustado montar un puesto de chucherías y juguetes, pero la normativa municipal no quería otro negocio en la plaza que el de las flores. "No tenía ni idea. Empecé comprando poco género, para no tirarlo. Poco a poco empezó la cosa a ir bien y se consolidó. Mi marido se incorporó al año de abrir y estuvo conmigo hasta que se murió", relata. Fueron tiempos duros de no cerrar a mediodía (como ahora) y estar alerta desde las cinco de la mañana "para preparar las coronas de los fallecidos en el Hospital de Mora". Mercedes no aprendió en escuela alguna. "Todo lo fui aprendiendo a base de equivocarme y de probar. Para el primer ramo de novias que me encargaron estuve una noche entera sin dormir. Al final salió bien". Muchas jornadas no acababan hasta que el Rápido (el tren) de Barcelona no llegaba de noche con su cargamento de flores. "Cuando todavía no se habían hecho los invernaderos en Chipiona", recuerda.
Hubo un tiempo en el que Luisita contó hasta con cuatro empleados. Entre ellos, el popular Rafael con su babi azul. Ahora solo hay uno. "El negocio ha ido a peor. Ahora hay más competencia. Y nosotros llegamos a trabajar con tres aseguradoras para las coronas. A todo esto llegó la crisis y de momento solo nos defendemos", admite. ¿Ya no se estilan las flores? Mercedes dice que sí, pero que hay menos dinero y más opciones para regalar que no existían antes. "La solución de urgencia para un regalo siempre fue un ramo de flores, ahora no tanto. Y tal día como hoy -la entrevista se hace en fecha de San Antonio de Padua- hubiésemos vendido mucho. Igual que el día de los pepes y pepas, de las Carmen o de San Juan. Ahora se mantienen un poco el Día de la Madre y el de los enamorados".
Llega una mujer y compra un ramo para ofrecerlo a Santa Marta, imagen con muchos devotos en la ciudad. Dentro del local no hay un santo, hay casi veinte. Una especie de altar que parece velar por el negocio. La Virgen del Rocío, la del Carmen, la de Montserrat, Jesús Medinaceli, el Sagrado Corazón de Jesús.. . "La mayoría me los regaló un cliente", apunta. Mientras, no puede decirse que la venta sea constante, pero no hay muchos parones. Llega una pareja de italianos preguntando por un ramo. Mercedes les dice el precio. Se entienden. Los cruceristas no son de comprar flores. "No se las llevan al barco, no tiene mucho sentido", reconoce. El turismo de cruceros no repercute en este negocio. "De cada siete barcos viene un turista a comprar. Muchas fotos y poca compra", destaca. Gracias al interés fotográfico del puesto -y del bello entorno, todo hay que decirlo- Mercedes afirma que su imagen "está por todo el mundo, en cualquier ordenador de cualquier país puede haber una foto mía".
Sigue la guasa con alguna que otra anécdota, relativa a los impagos. Los 'simpa', que se llaman ahora. "Alguna vez me han encargado una corona que luego no han venido a pagarme. Nunca me preocupó. Siempre pensé que el muerto me lo agradecería", suelta entre risas.
Llega el momento de lamentarse. "Hay que tirar muchas flores. Por eso compro claveles más caros, para que me duren más", comenta. O bien "se están perdiendo los gladiolos" como se perdía a finales de los 60 el tanguillo gaditano. Bueno, nada que logre dejarla en casa. "Tengo las piernas delicadas después de tantos años aquí de pie, pero estaré aquí hasta que pueda", dice retando al paso del tiempo. De momento, Mercedes no se marchita.
Un apellido ligado a la Plaza
Nació el 19 de febrero de 1944 en el 59 de la calle Hospital de Mujeres, pasando Jesús Nazareno. Estudió en el colegio de San Rafael. Su madre, de la que heredó la profesión de vendedora, tenía un puesto ante Correos. Su padre "trabajaba en el pescado". Fueron seis hermanas y un hermano, que no era otro que el recordado Manolo Pecino. Todos los descendientes, menos una hermana que se dedicó a la costura, se dedicó a la venta en los alrededores de la Plaza. Mercedes cogió el puesto para vender flores en 1975. Su marido le acompañó poco después en la aventura. Tuvieron una hija, Luisita, que da nombre al negocio. Madre e hija comparten hogar en la calle San Miguel. Mercedes está jubilada, pero baja todos los días a echar un vistazo al negocio. En marzo de 2007 la Fundación de la Mujer, le rindió homenaje por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora junto a otras ocho féminas.
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