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Haciendo hermandad puntada a puntada

La tribuna cofrade

Hay hermandades que cuentan con talleres de bordado que dan vida todo el año y que son un pilar en la conservación y mejora del patrimonio l El Perdón y La Palma son dos ejemplos de ello

Haciendo hermandad puntada a puntada

29 de noviembre 2009 - 01:00

NO ostentan vara alguna; ni dorada, ni de orfebrería repujada ni siquiera lisa. No tienen cargo de gobierno ni compromiso alguno con la cofradía. Pero son de los que más horas dedican y que más tiempo pasan en la casa de hermandad. Varias cofradías en Cádiz cuentan con talleres de bordados propios; esto es, con hermanos que se reúnen y que aprenden a bordar para posteriormente ir ejecutando intervenciones para recuperar, conservar o aumentar el patrimonio.

Dos ejemplos de ello son el taller de bordados del Perdón, uno de los más veteranos, sino el que más, de los pocos que hay en Cádiz, y el de La Palma, creado hace tan solo unos meses. Uno y otro dedican horas y horas a aprender un oficio tradicional. Y, al mismo tiempo, puntada a puntada, van haciendo hermandad.

EL PERDÓN. Hace nueve años que Pepi López decidió embarcarse de lleno en una gran aventura. Era monitora de un taller de bordados que programa el Ayuntamiento y su cofradía acababa de decidir realizar un manto bordado para la Virgen del Rosario en Sus Misterios Dolorosos. Y Pepi López decidió dejar el taller municipal y dedicarse en exclusiva a su hermandad, comenzando a formar el grupo. Hoy en día son ya 16 las mujeres hermanas de la cofradía que forman el taller. Y una vez concluido el portentoso manto de la Dolorosa -que se estrenó en la Semana Santa de 2007-, continuaron con su labor ejecutando las caídas del paso de palio. Y ahora están realizando el banderín conmemorativo del 75 aniversario fundacional de la corporación y un manto de estrellas (cuyas piezas se observan en la fotografía de arriba) para vestir a la Virgen del Rosario.

Y por si fuera poco, este grupo confecciona también ropa para colaborar con la obra social de la hermandad y enviarlos cada año a un colegio español en Tierra Santa.

Entre una cosa y otra, estas hermanas se ven prácticamente a diario en la casa de hermandad de la calle Ruiz de Bustamante y días pasados celebraron la comida previa a las fiestas navideñas. "Hay una convivencia total. Se van turnando para trabajar, porque todas no caben en los bastidores que hay, pero algunas vienen sólo a charlar", comenta al respecto el hermano mayor de la corporación, Manuel Garrido.

Para él, este taller de bordados es "una satisfacción grandísima para la hermandad". "Primero porque la cofradía está abierta todo el año, y además no son sólo las 16, sino que vienen también sus maridos, sus hijos, sus nietos...", explica, destacando igualmente el aporte que hacen de cara al patrimonio de bordados de la corporación de la Madrugada. Y todo sin pedir nada a cambio. "Altruismo total, ni siquiera consienten que se les pague el café de por la tarde", afirma Garrido.

LA PALMA. La cofradía del barrio de La Viña ha sido la última en sumarse a los talleres de bordados propias. La idea surge de su mayordomo, José Rodríguez, que se fijó en el taller de la cofradía de Humildad y Paciencia y quiso implantarlo en La Palma. De hecho, contó con el mismo monitor: Jaime Zaragoza, que ya ha ejecutado algunas piezas.

Es el taller más novel de cuantos existen en Cádiz, comenzando el pasado mes de abril. De momento son cinco los hermanos (tres hombres y dos mujeres) los que acuden al menos una tarde a la semana para aprender el oficio de manos de Zaragoza. En la procesión del 1 de noviembre se estrenó su primer trabajo: una túnica para el Niño Jesús que figuraba en la delantera del paso de la Virgen de la Palma, sustituyendo al de Pattalano. Y ya trabajan en su siguiente obra, la recuperación de un terno para la Virgen de la Palma de tisú de plata con bordados en seda y enriquecido en oro. Tras eso vendrá una alfombra para el besamano de la Virgen de las Penas. Y otro encargo. Y otro... "Son cosas que la hermandad tenía previsto hacer pero que hasta ahora no se ha podido porque no se dispone de fondos suficientes para afrontarlo en talleres", explica el mayordomo.

Rodríguez destaca tres aspectos de los talleres de bordado que él mismo impulsó en La Palma. "Lo primero es la vida que proporciona a la casa de hermandad; lo segundo la posibilidad de recuperar el patrimonio existente restaurándolo y manteniéndolo, y lo tercero, el enriquecimiento de la cofradía con piezas y obras nuevas que vayan ejecutando".

En La Palma confían en aumentar el número de cofrades que puntada a puntada, sigan haciendo hermandad en torno a un bastidor.

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