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Día Mundial Contra el Cáncer "Hay que desmitificar la palabra cáncer"

  • Dos pacientes que han superado la enfermedad cuentan cómo la han vivido, sus miedos y los tabúes que hay en torno a ella

  • La psicóloga de la AECC en Cádiz afirma que todavía hay personas que evitan nombrarla

La psicóloga María Ramírez (derecha) con Rosa Moreno en la sede de la AECC en Cádiz. La psicóloga María Ramírez (derecha) con Rosa Moreno en la sede de la AECC en Cádiz.

La psicóloga María Ramírez (derecha) con Rosa Moreno en la sede de la AECC en Cádiz. / Joaquín Hernández 'Kiki'

Este martes 4 de febrero se celebra el Día Mundial Contra el Cáncer, una enfermedad sobre la que todavía cuesta hablar abiertamente; de hecho, hay muchas personas que evitan llamarla por su nombre. María Ramírez, psicóloga de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en Cádiz, cree que el problema está en que "nos enteramos más de los casos de personas que mueren por esta enfermedad que de los que sobreviven. Si se conociera que mucha gente se cura, a lo mejor se desmitificaba la palabra cáncer. Yo llevo aquí 24 años y he dado altas a pacientes porque estaban bien física y psicológicamente, y siguen su vida normal".

Esta profesional asegura que para ella, es tan impactante decir la palabra cáncer como, por ejemplo, ELA, otra enfermedad que produce mucho sufrimiento y que nadie duda en nombrarla. Opina que otra circunstancia que influye en ese miedo que existe a hablar abiertamente sobre el cáncer es que la palabra en sí "se ha extrapolado y se utiliza también para hablar de muchas cosas feas de la sociedad". Pone como ejemplo frases de tipo: "El paro de la juventud es el cáncer de nuestra sociedad" o cuando a alguien que tiene una actitud negativa o destructiva se dice que es "un cáncer". "Utilizamos esa palabra para hablar de lo peor", incide.

Afirma que hay pacientes que incluso ocultan la enfermedad a vecinos y familiares. "Entiendo que a veces lo hacen para evitar ver el sufrimiento ajeno, que es para el propio paciente un sufrimiento añadido. Pero esa ocultación contribuye a que se tenga mitificada la palabra cáncer".

Rosa Moreno ha padecido cáncer de mama. Se sometió a una intervención para extirparle el tumor y luego a sesiones de radioterapia; actualmente continúa con un tratamiento hormonal y revisiones cada tres meses. Ella cree que la clave está en el propio paciente, "porque el que está alrededor no sabe cómo tratarte y no quiere ser brusco al hablar de la enfermedad. Entonces, tiene que ser el propio paciente el que ayude a los demás a tratar la enfermedad con naturalidad y referirse a ella por su nombre". Afirma que, en su caso, hasta los médicos evitaban la palabra cáncer, y tampoco nombraban la palabra tumor: "Hablaban todo el rato de 'la lesión', y la verdad es que a mí me sorprendió", reconoce.

Esta mujer cuenta que descubrió la 'lesión' en una revisión rutinaria y cuando le dieron el diagnóstico, "lo primero que se me vino a la cabeza fue mi padre, que falleció de cáncer de pulmón, y todo lo que pasó durante la enfermedad. También sentí mucho miedo. Por más que me dijeran que era pequeño, que se había localizado antes de que diera la cara y que había mucha supervivencia, sabía que había que esperar a la operación y al resultado del análisis del tumor para saber la agresividad real, y esa incertidumbre me producía un pánico tremendo". Recuerda, asimismo, que tenía miedo a los tratamientos, porque "son agresivos y largos, y a sus efectos secundarios. También a las pruebas diagnósticas. Tenía más miedo a eso que a la enfermedad en sí, que en un porcentaje muy alto de casos se cura".

Señala que ella se ha sentido comprendida y apoyada por su familia, "pero ellos no lo han vivido con tanta naturalidad como yo debido al miedo que tenían por lo que le había pasado a mi padre". E insiste en que "tienes que ser tú quien le enseñe a ellos a tratarlo con naturalidad. Tú eres la que tiene que desmitificarlo".

Una transformación personal "para mejor"

Reconoce que el cáncer ha supuesto "un cambio brutal" en su vida, porque "tienes que dejar de trabajar y aparcas una parte de tu vida, dejas de relacionarte con tus compañeros de trabajo y cambia tu entorno y tu rutina diaria por las visitas al hospital". Pero asegura que gracias a la AECC y a los talleres que organiza, ha formado otro círculo social y ha creado grandes vínculos con otras personas. "Esto es una gran ayuda y un gran apoyo, porque como todos están pasando o han pasado por la enfermedad, se trata con total normalidad y naturalidad, incluso algunos sabiendo la gravedad de su situación. Nos damos apoyo y consejo, y nos complementamos mucho".

Rosa afirma que con el cáncer "tu vida se convierte en una mierda por las pruebas y los tratamientos, pero vas ganando en calidad humana como persona". Cuenta que al principio, estaba deseando recuperar su vida y su rutina, y volver a ser la de antes; "pero poco a poco te vas dando cuenta de que ha habido un cambio, que ya no eres la que eras, que te has transformado como persona para bien, para mejor". En este punto, la psicóloga de la AECC destaca que "esa aceptación de la nueva situación es esencial para superar el proceso y no ver ese cambio como algo negativo".

Rosa destaca que "cuanto más tiempo estés pensando en volver a lo de antes, más tardas en aceptar lo que está pasando y en adaptarte a tu situación, a ver el lado positivo y vivir con más naturalidad y autenticidad". E incluso habla de "disfrutar de esta nueva etapa" que está viviendo "gracias a la enfermedad".

Admite que para ver con tanta positividad el proceso de su enfermedad ha sido fundamental la ayuda de la psicóloga de la AECC. Ésta, por su parte, quiere dejar claro que ella sólo le ha marcado las pautas: "Rosa se ha transformado a sí misma a base de trabajo, esfuerzo y poco victimismo. La interpretación de la situación es esencial".

María Ramírez afirma que cuando llega un paciente a su consulta, una de las primeras cosas que le pregunta es sobre su diagnóstico, "y en función de las palabras que utilice, veo si hay miedo y si hay necesidad de ocultar, porque el paciente tiene derecho a saber y también a no saber". Así, ella espera a que sea el paciente el que le diga cómo tiene que nombrar la enfermedad, y le pregunta por qué la nombra del modo en que lo hace. La psicóloga de la AECC en Cádiz manifiesta al respecto que sigue habiendo problemas entre los pacientes y sus familiares para nombrar la palabra cáncer, "y yo les ayudo a adaptarse a ella, a la enfermedad en sí y a cómo se van a sentir; también les enseño a permitirse sentirse mal".

En opinión de María Ramírez, "ocultar la palabra cáncer frena el avance o la adaptación a la situación y a aprender a vivir con ello". Comenta que la mayoría de las personas que llegan a su consulta sin querer nombrar la enfermedad "es que están evitando vivir el proceso de forma natural, y cuando van aceptando la enfermedad y su situación, acaban nombrándola con naturalidad". Por eso, sostiene que "hay que desmitificar la palabra cáncer en la sociedad", algo con lo que Rosa está de acuerdo.

María Ramírez piensa que no todo paciente oncológico necesita acudir al psicólogo, "pero sí asesoramiento en determinados momentos de la enfermedad, y eso no significa que la lleve mal. Muchas veces se cree que el psicólogo está solo para tratar a las personas que no asimilan la enfermedad, pero no es así: la AECC tiene mucho que ofrecer al enfermo", afirma refiriéndose a algunas pautas que aporta sobre la enfermedad.

Preguntamos a María Ramírez qué le parece cuando lee o escucha en un medio de comunicación que alguien ha fallecido "tras una larga enfermedad". La psicóloga responde que en esos casos, "todo el mundo lo asocia al cáncer, pero puede ser otra enfermedad como ELA, esclerosis múltiple o diabetes. De hecho, si se refieren al cáncer, no se está hablando con propiedad porque el cáncer no es una enfermedad larga, ni cuando te curas ni cuando no lo superas, lo que son largos son los tratamientos".

Miedo, pero también ánimo y fuerza

Carlos López es otro paciente que, como Rosa, ha superado un cáncer y acudió a la AECC en Cádiz. A él le diagnosticaron un linfoma de mediastino en febrero de 2019, un tipo de cáncer que no se opera, pero tras 16 sesiones de quimioterapia, un autotrasplante de células madre y 20 sesiones de radioterapia, está 'limpio' y hace dos semanas que volvió a trabajar en una contrata de Astilleros. Tiene que seguir haciéndose revisiones médicas durante tres años, pero lleva una vida normal.

Carlos López se incorporó al trabajo hace dos semanas, después de superar un linfoma mediastino. Carlos López se incorporó al trabajo hace dos semanas, después de superar un linfoma mediastino.

Carlos López se incorporó al trabajo hace dos semanas, después de superar un linfoma mediastino.

Él es de los que la palabra cáncer le asusta mucho, y se emociona al recordar el momento en el que le comunicaron el diagnóstico. "Fue muy fuerte ese momento, sentí mucha negatividad", afirma. Pero asegura que nunca ha dejado que la enfermedad se apodere de él: "Le he plantado cara y no he querido dejarme llevar por ella". Tanto es así, que los días que se sentía mal, intentaba sobreponerse y salir a la calle, "aunque fuera a la casapuerta". Y cuando acudía a la AECC, intentaba ir siempre en bicicleta "aunque no tuviera fuerzas y necesitara pararme varias veces por el camino". "En el hospital me dijeron que la positividad era buena para superar la enfermedad, y he intentado ser lo más positivo posible y tener siempre fuerza de voluntad". Reconoce que "también han tirado mucho de mí mis dos niños y mi mujer, que es un gran apoyo".

A pesar de todo ello y de su recuperación, insiste en que no le gusta nombrar la palabra cáncer. Cuenta que, mientras estaba sometiéndose a los tratamientos, cuando hablaba por WhatsApp con sus familiares y amigos, "nunca escribía la palabra cáncer, sino sólo la C. A mí mismo me daba repelús decir esa palabra, y no me gusta. Yo he afrontado la enfermedad y ahora, que hablo contigo, la estoy nombrando, pero no me gusta la palabra".

Carlos piensa, como Rosa y María, que la palabra cáncer "se asocia a algo negativo en la sociedad" y opina que "es una enfermedad que ha hecho tanto daño a la sociedad, que nunca se va a normalizar. Yo la he vivido y es una enfermedad muy mala, es lo más fuerte que he pasado, tanto física como psicológicamente". Sin embargo, eso no le ha impedido llevarla con mucho ánimo y mucha fuerza. De hecho, asegura que "ánimo y fuerza es el lema que he llevado durante toda la enfermedad, porque es lo más importante para superar el tratamiento".

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