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Carnaval de Cádiz 2023| Tangos de fiesta para el Paseo Marítimo

La Batalla de Coros ha llevado las coplas a Extramuros durante el Día de Andalucía con cuatro escenarios por los que han pasado las agrupaciones

Domingo del Carnaval de Cádiz 2023: El día que las bullas volvieron

El coro 'Los negros', en una de las actuaciones de la Batalla de Coros en Extramuros. / Julio González

Suena su majestad el tango el Día de Andalucía. Y no lo hace en la Plaza, ni en el Mentidero; ni en la Viña, ni en el Cañón. No se lanza al oído del aficionado desde una batea, ni es el sonido de las ruedas de un tractor el que anuncia que hay que pegarse a la pared y despejar el espacio para recibir una nueva atacada de coplas. No. Suena su majestad el tango, más o menos microfonado, desde unos escenarios pequeños y bajitos donde se acomodan como pueden los coristas. Pero suena. Sí. Suena el tango disfrazado de sol y playa. Unos escuchan, otros juegan al volley.

¡Qué de metros de playa! ¡Qué lujo! Y qué largo es el Paseo Marítimo. Pero no preocuparse. Que hay cuatro escenarios. Brasil/Glorieta Ana Orantes/ García Agulló y Nereidas. Nombres que quizás nunca salgan en una copla –con excepción de la memoria de la granadina que alumbró una conciencia, una ley y uno de los pasodobles himnos de la historia del Carnaval– pero que son los hitos de esta Batalla de Coros que se estrena este 2023 engordando la lista de los actos carnavalescos desenraizados que en los últimos años se han incluido en la programación oficial de la fiesta.

La Batalla de Coros que, como en la de Coplas, nadie se pelea con nadie. Ni siquiera lanzándose versos a porfía, que sería lo suyo con ese rótulo, ¿no? (hemosidoengañados). El artefacto se idea como un simple circuito de actuaciones con cuatro puntos donde, en esta ocasión, una batería de coros van sucediéndose cada media hora para, después, pasar al siguiente escenario asignado. Vamos, que de batalla, poco. Poquísimo.

Tampoco hay batalla por coger sitio en primera fila cuando una miríada de terrazas y uno de los arenales urbanos más impresionantes de Europa se extienden ante los ojos del público cual manzana del Paraíso. Con todo, no les faltan oídos, ni seguidores, a los coros participantes. De hecho, el ambiente, más relajado al mediodía con las actuaciones de los premios de las diferentes modalidades de la cantera, se fue animando sobre las tres, cuatro, cinco de la tarde. Pero con tranquilidad, ni un atasco, ni una bulla. Qué amplitud, chiquillo, esto es Cadizfornia.

Coristas participantes en la Batalla de Coros se toman un descanso en uno de los chiringuitos del Paseo Marítimo. / Julio González

Ni manos pegajosas, ni moscateles derramados. Ni pisotones, ni sofocaciones. Coplas limpias, inmaculadas, se reflejan en gafas de sol, en labios rojísimos, en melenas planchadas, en patillas al viento. Algunos chiquillos chicos están disfrazados y hay cola kilométrica en el pescao frito. ¡Alabado sea el dios Momo!

Quizás por ello, por el olor irresistible a freidor, el tablao de Brasil con Amílcar Barca es de los más concurridos. Tampoco se queda atrás el de la Glorieta Ana Orantes. Tela de gente dividida entre la Batalla de Coros y la verdadera batalla del día, la de decenas de niños por tirarse de los toboganes.

Los escenarios del Bebo y el más cercano a Cortadura cuentan con espectadores, sí, pero en menor medida que los dos más cercanos al centro. Entre unos y otros, coristas en camino, paseantes de fuera, paseantes de Cádiz. Ni una callejera, ni un romancero. Ni un grupete entonando algunas coplillas. Pero es que no es Carnaval, también es verdad...

Es un Carnaval estirado hasta el Día de Andalucía. Un Carnaval desnaturalizado, todavía más, de puertas para afuera. De puertas para dentro, en San Antonio, ‘La ciudad invisible’ se mide a la que formó Juan Magán (si miles de personas se agolpan para ver a la comparsa de Martínez Ares, lo del dj de Badalona fue de locura). El resto de primeros premios también tuvieron un generoso acompañamiento en la céntrica plaza.

Hubo pasacalles de tanguillos, gente despistada y público aventajado. También sin aglomeraciones, también con cierto relajo, funcionan la escalerilla de Correos y los alrededores de San Lorenzo y hasta hay algo por Catedral y San Juan de Dios. Pero, claro, ni comparación con un Domingo de Carnaval. ¡Ni que fuera Carnaval!

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