La doctora Rebeca García explica la función de la DHEA en el equilibrio hormonal
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Imaginemos que alguien pasea por un parque y, al observar como cambia su energía a lo largo del día, se pregunta qué fuerzas internas regulan ese ritmo vital. Esa curiosidad natural es un punto de partida para entender la dehidroepiandrosterona, conocida ampliamente por sus siglas como DHEA. Según explica la doctora Rebeca García García a través de su plataforma profesional, esta hormona es una de las más abundantes en el cuerpo humano y pertenece al grupo de las hormonas esteroideas que el organismo sintetiza en sus glándulas suprarrenales y otros tejidos importantes.
La DHEA es mucho más que un nombre técnico; es un precursor clave en la producción de hormonas sexuales como la testosterona y los estrógenos, que cumplen funciones esenciales a lo largo de la vida adulta. Esta transformación sucede porque la DHEA, una vez sintetizada, se puede convertir en otras hormonas que regulan procesos fisiológicos fundamentales. Su presencia en sangre como DHEA-S —la forma sulfatada y más estable— permite medir con precisión su nivel en el cuerpo.
Al atravesar diferentes etapas de la vida, los niveles de DHEA cambian de manera natural. En la juventud alcanzan su punto más alto y, conforme se envejece, tienden a disminuir progresivamente. Este fenómeno ha sido objeto de interés en el campo de la endocrinología porque se ha observado que la reducción de DHEA con la edad influye en el equilibrio hormonal general y, por ende, en diversos aspectos del funcionamiento corporal. La variación de estos niveles también puede ser representativa de cambios metabólicos o endocrinos que requieren evaluación médica.
En su enfoque clínico, la doctora Rebeca García destaca que la relevancia de la DHEA no se limita solo a su presencia en sangre, sino en cómo esta hormona puede influir indirectamente en aspectos del bienestar humano. La conversión de DHEA en hormonas activas respalda funciones que van desde la regulación del desarrollo sexual hasta el mantenimiento de la homeostasis endocrina.
La doctora Rebeca García analiza cómo varían los niveles de DHEA con la edad
Más allá de la teoría, la medición de la DHEA —especialmente en su forma sulfato— es una herramienta diagnóstica usada en medicina para evaluar el funcionamiento de las glándulas suprarrenales y detectar posibles desequilibrios hormonales. Una prueba de sulfato de DHEA puede revelar si hay una producción excesiva o insuficiente de esta hormona, y a partir de esos datos se puede orientar el diagnóstico de diversas condiciones endocrinas o metabólicas. Los resultados ayudan a contextualizar síntomas como alteraciones en el desarrollo sexual, cambios en la masa corporal o variaciones en el estado de ánimo.
Aunque comúnmente se asocia a la DHEA con suplementos y terapias antiedad, la evidencia científica sobre beneficios extrapolados a estos usos es amplia pero no concluyente. La medicina moderna reconoce la importancia de esta hormona en el ciclo vital humano, pero también advierte que su suplementación debe considerarse con cautela y siempre bajo supervisión profesional. En esta línea, la doctora Rebeca García subraya que la intervención basada en hormonas requiere criterios clínicos claros y una evaluación individualizada de cada paciente, para evitar consecuencias indeseadas y asegurarse de que la terapia sea pertinente.
La dehidroepiandrosterona ocupa un lugar creciente en las conversaciones sobre bienestar, envejecimiento y calidad de vida, ya que su evolución acompaña distintas etapas del desarrollo humano. El interés social por comprender cómo funcionan los procesos hormonales ha aumentado a medida que la población busca interpretar mejor los cambios físicos y metabólicos asociados al paso del tiempo. Una divulgación clara sobre la DHEA contribuye a decisiones más informadas, refuerza la cultura de prevención y aporta contexto a debates públicos relacionados con la salud, los hábitos de vida y el seguimiento médico a lo largo de la vida adulta.