En tránsito
Eduardo Jordá
Mon petit amour
LA de hoy es la historia de Carla Ferretti, una joven empresaria de apenas 26 años que sufre en propiedad un bar en la calle Micaela Aramburu. Pachamama es el segundo nombre de este local abierto en 2004 como una franquicia "moderna" de comida y bebida barata, que acabaría por comerse una herencia recibida antes de tiempo por el fallecimiento prematuro de su padre y muchas ilusiones.
Carla pensó que algo distinto funcionaría y de ahí su empeño en salvar todos los obstáculos que encontró en el camino hasta lograr abrir las puertas, algo que pasado este tiempo, no volvería a hacer. Tras dos años pagando 320 euros de autónomo, impuestos excesivos, la seguridad social de los trabajadores y a pesar de llenar en verano, con esa única estación de gloria ella y su novio se vieron obligados a convertirlo en un bar de los de toda la vida, con precios más caros y que salvo por el nombre y unas empanadas que quitan el sentío, se diferencia poco de otros bares de nuestra ciudad.
Pasados tres meses, Carla y su chico mantienen el bar gracias a las ayudas de familiares y a otros trabajos que realizan en sus horas libres y vacaciones, sin eso sería imposible no sólo afrontar los gastos propios del negocio, sino pagar dos veces al año los 50 euros por metro cuadrado de terraza, entre otros.
Después de tanto esfuerzo, ahora la supervivencia de este negocio y su convivencia como pareja depende de "cómo vaya el verano", como es el caso de muchos otros jóvenes y no tan jóvenes que ostentan locales que abren todos los días del año.
Lejos de esperar un milagro, lo que Carla pide es que se suavicen las trabas burocráticas, la pesada carga municipal y que se fomenten otras zonas del Puerto más allá de las calles Luna o Misericordia. Lo que Carla pide son nuevas y a ser posible buenas ideas de las que todos puedan salir beneficiados. En definitiva lo que Carla pide es un poco de cariño para seguir aportando su granito de arena por mantener el Puerto Vivo, o cuando menos, que no le toquen los ovarios.
Solemos buscar grandes soluciones a grandes problemas pero en este caso creo que hay muchas cosas que se pueden hacer en pequeñito. Quiero pensar que seguimos a tiempo pero si no dejamos ya de freír a los emprendedores, nuestra ciudad será cada vez más vieja y el mundo se llenará de gaditanos añorando la Madre Tierra.
También te puede interesar
En tránsito
Eduardo Jordá
Mon petit amour
Crónica personal
Pilar Cernuda
Izquierda y derecha
La colmena
Magdalena Trillo
El otro despilfarro
Confabulario
Manuel Gregorio González
El Ecce Homo
Lo último