Desde mi cierro

Pedro G. / Tuero

Loaiza I El Esperador

16 de junio 2014 - 01:00

NO se trata, mi perseverante lector, de hacer desde aquí un panegírico donde resalte las grandes hazañas y famosas odiseas de nuestro Alcalde Loaiza. No intento, ni mucho menos, hacerle la pelota porque personalmente no tengo motivos. Ni por supuesto pintar un retrato reciente de su persona, por aquello de que el poder envejece, porque hace años que no lo veo cara a cara. Aunque por fotografías que no falte. No voy a opinar si lo está haciendo bien o todo lo contrario. Si está consiguiendo cosas buenas para esta Isla o si se podrían lograr otras metas. Sin embargo, sí deseo resaltar la capacidad de aguante y el enorme potencial que entraña en cuanto a las constantes esperas que le imponen desde todos los sitios para poder regir como Dios manda esta ciudad.

Pero de lo que no hay la menor duda, mi receloso lector, es que nuestro Alcalde actual o entre los últimos "barandas" (expresión muy particular que empleaba mi recordado José Mª. Hurtado), Loaiza, es de lo mejorcito que ha aflorado por estos pagos. Sin olvidarme, por supuesto, de mi admirado Antonio Moreno. Y como ya he dicho alguna vez que, en esta querida Isla de todos, esperar es el verbo más adecuado y esencial para definir su actual estado. Aquí todo se basa en esperar que lo de San Carlos se resuelva; que lo de Janer se comience de una puñetera vez; que el fantasma del tranvía aparezca o que los restos iniciales para esa sempiterna y fantasiosa puesta en marcha se los lleven al carajo; que la playa de Camposoto sea alguna vez toda y enterita para los isleños; que esa conexión de Tres Caminos con la Carraca se haga realidad pronto y, hasta de ese desgraciado y vituperado desfalco, también seguimos a la espera para saber.

Por ello, mi iluminado lector, habrá adivinado el título con el que encabezo este panfletillo. Nuestro Loaiza pasará a la historia local isleña con el sobrenombre de "El Esperador", el Alcalde que siempre estuvo esperando en esta ciudad de las esperas. Pero, estoy seguro, que no por su culpa, que él no quiere esperar, pero lo obligan constantemente a que lo haga. En La Isla, salvo en muy contadas ocasiones, no han coincidido bajo el mismo signo político: los señoritos de esta preocupante Junta con el partido político del principal edil de la ciudad. Y de ahí, que no haya dudas, surge el capital motivo de esta constante espera.

Los isleños sabemos esperar. Poseemos gallardía y unas enormes fuerzas hasta para saber cortar el paso a aquellos franchutes que venían a joder la marrana. Y deberíamos comprender a nuestro Alcalde y no desesperarlo. Un Alcalde con poderío, el mandamás de la Diputación Provincial y muy bien considerado por su partido a todos los niveles. Aunque lo malo de todo esto es que el señor Loaiza padece una memoria algo frágil y se le olvide esperar. Pero bueno, ya se lo recordaremos. Tiempo.

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