la esquina del gordo

Francisco / Carrillo

No molesten, por favor

25 de julio 2011 - 01:00

SI cada uno fuera capaz de hacer un esquema de su singularidad, eso que hoy se nombra como mismidad, quizá viéramos que vivimos acosados por mundos distintos, unos más tangenciales que otros, pero todos condicionando nuestra existencia.

Usted -lo más seguro- es que no pertenezca al "mundo de la banca", pero está condicionado por él. Tampoco pertenece al "mundo de la política, ni de la educación, ni de la sanidad, ni de la judicatura…" pero reconozca que en mayor o en menor medida, todos esos mundos influyen decisivamente en sus conductas, en sus comportamientos hasta el punto de alterar sus instintos básicos.

Estar permanentemente instalado en la inestabilidad, en la ineficacia, en la improvisación, trae como consecuencia una tensión que, en multitud de ocasiones, impide una vida donde la correlación de sus esfuerzos sea equivalente a la de sus satisfacciones, o viceversa, sobre todo a partir de que la ausencia de valores positivos ha sido sustituida por ese otro credo cuyo enunciado es: "a vivir, que son dos días", "el que venga detrás, que arree", el "si te vi no me acuerdo", "cuánto es lo mío", etc.

Imagine que un decreto-ley lo obligara a adentrarse en "el mundo de los camaleones". No sea mal pensado y céntrese en ese mundo concreto sin extrapolarlo a otro de la misma etimología aunque con aviesa maldad. Cuando digo "mundo de los camaleones" me refiero exclusivamente a lo que quiero decir, o sea, lo que científicamente se conoce como chamaeleo chamaeleon: "Reptil de cuerpo arqueado y muy comprimido lateralmente. Las extremidades son largas y delgadas, la cola prensil y por regla general algo menor que el resto del cuerpo, color de fondo inusitadamente variable y tiene la facultad de poder variarlo a voluntad". (Insisto en que no haga comparaciones gratuitas).

Naturalmente usted dirá que a qué viene este ejemplo, cuál es la intención para airearlo ahora. Muy sencillo. Salvo tentaciones inexplicables, usted aspira a que lo dejen vivir en paz. Ha conseguido -¡Dios sea loado!-; un empleo estable dentro de lo que cabe, unos ingresos suficientes aunque no apto para tirar cohetes; tiene su casa sin hipoteca; sus niños están sanos y son aplicados; se permite incluso salir de vacaciones, a plazos, pero puede hacerlo, y si no, quién quita que un día se vuelva loco en Port Aventura, en Isla Mágica e incluso visitando el Coto Doñana o las Lagunas de Ruidera. Es decir, usted es un privilegiado que a lo único que aspira es a que no lo molesten, hacer uso de lo que paga, ya sea un servicio sanitario eficaz, unos jueces apolíticos a machamartillo y unos gestores que, salvando las imperfecciones del sistema, sean escrupulosos y fuera de toda duda.

Pues bien, ahora viene lo de los camaleones. ¿Para qué necesita usted sus pormenores? Lo mismo podría decirse de la economía, de la deuda pública, de los E´colis de los alimentos y del piojo verde. Vamos, imagínese que se aloja en un hotel cuyo precio es considerable y tuviera que empollarse en las funciones de la camarera de planta, del cometido del jefe de partida o de los turnos del personal. Pues aunque no lo quiera admitir a eso lo están obligando. Empiece por saber lo que es un interés TAE, lo que es un PIB, lo que es un IBI, una FAO, un CGPJ, un PP, un PSOE, etc., y tantas otras abreviaturas que, como decía al principio, debieran entrar en el precio que usted abona puntualmente -religiosamente era antes-, sin pedir explicaciones, sin que se las den cuando lo intenta. Es decir, sin obligación de saber la teoría, inexplicable siempre.

Aplique usted mismo las consecuencias y ayude a que que su vida no dependa de decretos-leyes a la medida de los que viven de eso. Vamos, que no lo molesten.

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