• La empresa sevillana Globotur lleva a cabo su primer viaje en globo por Arcos de la Frontera con participantes de la campaña #VuelaContraLaCovid19

  • Esta iniciativa ha logrado recaudar casi 2.000 euros para la Asamblea de Cruz Roja en Cádiz

Vuelo en globo aerostático por Arcos Una experiencia solidaria de altos vuelos

El embalse de Arcos, visto desde el aire. El embalse de Arcos, visto desde el aire.

El embalse de Arcos, visto desde el aire.

D.M.R.

Escrito por

· Diego Marchán

Redactor

Desde el cielo, la nueva Cádiz post pandemia es tan bonita como la de la antigua normalidad. Cuando se contempla la provincia a vista de pájaro, lejos del ruido de la vida moderna, dan ganas de imitar a aquel transeúnte madrileño convertido en meme y soltar lo de “a ver dónde está el virus, que yo lo vea”. En las alturas todo es paz, quietud. Y desde arriba, desde lo más alto, cuesta creer que algo tan minúsculo haya condicionado de tal manera a la inmensa mayoría de la humanidad.

Pero incluso surcando el cielo el coronavirus está presente. Nos marca las distancias, nos obliga a cubrirnos la sonrisa con una mascarilla y también motiva -todo no va a ser malo- iniciativas como la llevada a cabo por la empresa sevillana Globotur, que ha logrado recaudar casi 2.000 euros para la Asamblea de Cruz Roja en la provincia gaditana con la campaña #VuelaContraCovid19.

Esta iniciativa, llevada a cabo en pleno confinamiento, consistía en 36 packs de vuelo repartidos entre las tres ubicaciones principales que maneja la compañía -Arcos de la Frontera, Antequera y Sevilla- a un precio de 150 euros, un importe destinado íntegramente a la lucha contra la Covid-19 a través de Cruz Roja Española. El pasado sábado 17 de octubre se celebró el primero de estos vuelos -también el primero que la compañía realiza por el cielo arcense- con varios de los donantes que han puesto su granito de arena en un momento de gran necesidad a causa de la pandemia. Y su esfuerzo encontró recompensa en una experiencia que difícilmente podrán -podremos- olvidar.

La jornada comenzó bien temprano, recién puestas las calles. Nos encontramos a las siete y media de la mañana cerca del Mesón Hotel La Molinera, punto de partida de esta particular aventura, y nos dirigimos a la zona de despegue, ya en los vehículos de Globotur. Y de ahí “a donde nos lleve el viento”, según nos anunciaba en días previos el CEO de la empresa sevillana, Javier Benítez Lázaro.

Lo primero es dar forma a la inmensa vela de más de treinta metros de alto y unos 250 metros cúblicos que nos permitirá contemplar Arcos desde el cielo. Los técnicos de Globotur y su excelente piloto, Arturo Chamorro, extienden a lo largo la enorme lona y la aseguran a la cestilla mientras el pasaje observa y se presta a ayudar. Unos potentes ventiladores inflan la vela y la puesta en marcha de los quemadores la convierten en una gigantesca bombilla multicolor. Todo listo para levar anclas.

Tras las pertinentes instrucciones de seguridad, centradas principalmente en el aterrizaje, Arturo nos invita a acompañarle en el interior de la cabina. Una docena de aventureros, repartidos en dos compartimentos, trepan -unos con más maña que otros, servidor el que menos- para ocupar sus puestos en la cesta. El calor que emanan los quemadores se hace notar, contrastando con el frío amanecer arcense. Y de repente, a volar.

Una vista aérea del castillo de Arcos durante el paseo en globo. Una vista aérea del castillo de Arcos durante el paseo en globo.

Una vista aérea del castillo de Arcos durante el paseo en globo. / D.M.R.

La cabina se eleva con sorprendente suavidad, mientras un ciclista que ha detenido su marcha para inmortalizar la escena nos graba y saluda. Esta escena se repite a lo largo del viaje: curiosos con sus móviles, vecinos saludando y perros como locos buscando la fuente de tal ruido. El potente sonido de los quemadores es, en realidad, lo único que perturba la tranquilidad que se siente allí arriba. No se nota el viento, “porque somos el  viento”. El globo se deja llevar por las corrientes de aire y por ello el recorrido queda en manos del destino.

Por suerte, la travesía que nos ofrece el suave poniente que sopla esta mañana es sencillamente espectacular. Remontamos la Peña de Arcos y divisamos la ciudad desde lo alto, con unas impresionantes vistas del castillo, el Parador o la Iglesia de Santa María. El aire nos lleva luego sobre el embalse y Arturo nos acerca a pocos metros del agua. En el horizonte otro globo aerostático y en el agua el reflejo de nuestra propia aventura, mientras el piloto nos cuenta algunas anécdotas de sus viajes por los cielos de medio mundo. De Kenia a la India y de Sudamérica a Arcos, ahí es nada.

Tras una hora aproximada de vuelo, fotos, vídeos, risas... toca mirar a tierra. Manuel y Fernando, de Globotur, nos siguen en los vehículos de la compañía para el rescate. Y toca la maniobra, en teoría, más complicada: el aterrizaje. Soltamos las cámaras, tomamos la postura indicada y nos preparamos para el impacto... hasta sorprendernos de nuevo con la suavidad con la que Arturo logra posar la cabina en tierra. Más quisieran muchos aviones con toda su tecnología.

Arturo comienza los trabajos para el desmontaje de la vela tras el aterrizaje. Arturo comienza los trabajos para el desmontaje de la vela tras el aterrizaje.

Arturo comienza los trabajos para el desmontaje de la vela tras el aterrizaje. / D.M.R.

De nuevo con los pies en el suelo, toca la "parte deportiva" de la experiencia. Toca sudar, vamos. Ayudamos a llevar la cabina al remolque y también a recoger la vela, que cae como derretida al dejar escapar el aire caliente que nos mantenía a flote por una abertura en la parte superior. Colaboramos también sacando el aire de la lona y enrollándola para su transporte antes de cerrar con un brindis una experiencia para el recuerdo. Y antes de despedir la jornada con una visita por la localidad, ponemos el broche de oro a la jornada reponiendo fuerzas con un rico desayuno en otro enclave privilegiado, el Parador de Arcos. Será por vistas...

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