El IGN confirma: la mayoría de los últimos terremotos en la Sierra de Cádiz no tienen relación con las lluvias
Solo entre tres y cuatro son subsuperficiales y pueden tener relación con las precipitaciones
Los expertos aclaran que la mayoría de los temblores que se han detectado en las últimas horas son habituales y profundos
Juanma Moreno: "Es muy difícil que los vecinos de Grazalema puedan volver a casa antes de seis o siete días"
Las intensas lluvias que azotan desde hace días a la Sierra de Grazalema han obligado a activar medidas excepcionales. El desalojo preventivo de varias viviendas, el aumento del caudal en arroyos y ríos y la aparición de pequeños terremotos han generado preocupación entre los vecinos de una comarca acostumbrada al agua, pero no a una sucesión tan prolongada de episodios extremos.
La realidad, según los datos que maneja el Instituto Geográfico Nacional (IGN) y confirman investigadores del IGEO (CSIC-UCM), es más tranquilizadora de lo que parecía a primera vista. Los estudios más recientes muestran que la gran mayoría de los movimientos sísmicos observados en las últimas horas y días no guardan relación directa con las lluvias torrenciales, sino que forman parte de la sismicidad habitual de la región.
Varios episodios recientes
Durante las últimas 48 horas han sido registrados por el IGN varios temblores en distintos puntos de las provincias de Cádiz y Málaga. Entre ellos, destacan dos movimientos de mayor magnitud: un terremoto de 2,4 en Algar y otro de 2,6 en Jimena de la Frontera. Estos registros se suman a una veintena de seísmos menores detectados en municipios como San Roque o Castellar de la Frontera y, ya en la provincia malagueña, en Estepona, Casares, Genalguacil, Benarrabá o Gaucín.
Aunque muchos de estos temblores han coincidido en el tiempo con episodios de lluvia intensa, el IGN insiste en que la mayoría se producen a gran profundidad, lejos de la corteza cercana al suelo y, por tanto, sin un vínculo claro con los efectos del agua sobre los terreno.
Esto encaja con el análisis más amplio que el propio Instituto de Geociencias ha venido realizando sobre la actividad sísmica en el área: solo tres o cuatro de los movimientos tienen características que podrían asociarse indirectamente con variaciones en la presión de agua subterránea tras las precipitaciones.
La Sierra de Grazalema y su entorno presentan una estructura geológica compleja, con fallas profundas que generan pequeños movimientos sísmicos de manera recurrente. Son temblores de baja magnitud, en muchos casos imperceptibles para la población, que forman parte del comportamiento normal del subsuelo y no están ligados a episodios concretos de lluvia.
El CSIC se desplaza la zona afectada
Más allá de los registros automáticos, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha activado su Protocolo de Asesoramiento en Desastres y Emergencias a petición de la Junta de Andalucía. Un equipo de especialistas en hidrogeología y riesgos del Instituto Geológico y Minero de España se ha desplazado a la zona para evaluar sobre el terreno factores como el estado del acuífero y los posibles efectos indirectos asociados al temporal.
La coordinadora de Emergencias del CSIC, Inés Galindo, y el responsable del grupo, Juan Carlos García, lideran estos trabajos que, por ahora, no apuntan a un vínculo directo entre la lluvia y la mayoría de los sismos registrados. La evidencia científica disponible sitúa la actividad sísmica actual dentro de lo esperado para esta parte del sur peninsular.
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