SOS, cofradía mojada
¿Cómo afecta el agua al patrimonio de las cofradías? ¿Qué hacer en caso de que aparezca la lluvia durante una procesión? Artesanos especialistas explican los métodos a seguir
La lluvia. Ese enemigo que dispara gotas de agua a las cofradías. Un temido compañero de viaje de la Semana Santa de los últimos años, que cuando aparece provoca escenas de cierta tensión. Pasos corriendo hacia sus templos o hacia Catedral (a falta de un plan de agua serio para la Semana Santa), cortejos rotos en dos, caras de preocupación, lágrimas... ¿Qué tiene el agua que tanto afecta a las hermandades? En unos días en los que las precipitaciones vuelven a copar el protagonismo de la Semana Santa, cuatro especialistas de las diferentes artes que se complementan en el mundo de las hermandades explican cómo se ven afectadas las obras de arte que se exponen en las calles estos días y cómo es más recomendable actuar en caso de que la lluvia sorprenda (aunque en ocasiones la sorpresa no es tal porque se sabía de la más que clara probabilidad antes de que la cofradía decidiera salir) a un determinado cortejo.
Las imágenes
- Las de vestir se recomienda quitar la ropa para que seque bien, pero al aire libre, sin aplicarle calefacción o aire alguno.
- Limpiar los huecos de la talla (por ejemplo, entre un pelo tallado) con celulosa (un clinex, por ejemplo), pero a base de toques suaves, no extendiendo la celulosa por la imagen.
- No cubrir la imagen de la lluvia con chaquetas, capas de penitentes ni prendas ya mojadas. Sí está bien utilizado el capote.
Lo principal de todo el patrimonio que se expone estos días en la calle, lógicamente, son las imágenes titulares de cada hermandad. De toda la procesión, es el bien que merece una especial atención y por el que también debe existir una mayor preocupación. El imaginero Luis González Rey -que tiene bastantes imágenes suyas procesionando en la Semana Santa gaditana- explica que aunque las imágenes están protegidas con cera y barnices, si el agua que les cae fuera intensa "pueden llegar a rajarse o desprenderse la policromía", debido al alto grado de humedad que tendrían. Los ensambles que interiormente componen cada imagen son las zonas que más peligro corren con el agua. Pero eso depende, como insiste este imaginero gaditano, en la intensidad del agua y en el período de tiempo que esa imagen esté expuesta a la lluvia.
En cualquier caso, González Rey aporta una serie de consejos a seguir en caso de que una imagen se moje. En primer lugar, recomienda secar con celulosa (clinex o papel de cocina) los huecos que pueda presentar la talla (como por ejemplo, en el pelo tallado) "pero a golpes de clinex, no refregándolo" para evitar que el agua se quede ahí estancada y la humedad que cree dañe la policromía. Importante: en caso de tener que secar a la imagen hacerlo con celulosa, nunca con toallas u otros trapos, que provocarían daños. En segundo lugar, si la imagen es de vestir, se recomienda quitarle la ropa "y dejar que la imagen se seque al aire, a temperatura ambiente". Muy importante es en este caso no utilizar ningún tipo de aparato de calefacción ni nada de eso, porque el brusco cambio de temperatura que ocasionaría dañaría también a la imagen.
Otra recomendación que hace González Rey es no cubrir la imagen en caso de lluvia con chaquetas o capas que ya están mojadas previamente. Esta imagen de un cofrade subido al paso colocando una capa de penitente o una chaqueta sobre la imagen ha podido verse en repetidas ocasiones (aunque no en los últimos tiempos, dicho sea de paso). "Eso tiene mucha humedad y daña la imagen". Por el contrario, sí ve recomendable el creador de imágenes como el Señor de la Sagrada Cena, el Cristo de Siete Palabras o el Señor de la Resurrección que se coloque un capote, "que sí protege la imagen".
"El agua es malo siempre. Cuando vas mojando una madera se va deteriorando", señala en conclusión González Rey, quien también apunta a que además de la lluvia no es recomendable que las imágenes "estén muchas horas expuestas al sol".
Los pasos
- Los más afectados son los que están sin dorar ni barnizar, seguidos de los pasos dorados. El que menos problema tiene es el que ya está barnizado.
- Si llueve, el principal consejo es dejar secar el paso.
- Se recomienda también quitar todos los elementos que acumulan humedad (faldones, flores...).
Si la madera que da vida a las representaciones de Jesús y María en los templos sufren cuando aparece la lluvia mientras están procesionando, la de los pasos sobre los que salen a la calle también se ve afectada. El tallista de San Fernando Juan Carlos García -que trabaja con la doradora Isabel Mariño- explica que "en función de la finalización del paso se afecta de una forma u otra". Y atendiendo a esta premisa, expone García que el paso que menos se ve afectado es el que ya está barnizado, "porque el barniz casi plastifica la superficie de la madera, actúa como una capa protectora". Por contra, las peores situaciones se viven con aquellos pasos que están sin dorar y sin barnizar. "La madera es una especie de esponja, está formada por microporos y el agua va a entrar. Ahí es donde está el peligro", explica este artesano isleño, que añade que en el siguiente escalafón de peligrosidad estaría el paso dorado, porque el oro con el agua tiende a desprenderse.
Dicho esto, el principal consejo que se puede dar cuando un paso se ve afectado por el agua es "dejar que se seque". Y si estuviera demasiado mojado, habría que intervenir en el mismo secándolo con celulosa. Pero para ello, García recomienda "que lo hagan unos profesionales".
Además, este reconocido tallista -autor en la ciudad de los pasos de Penas, Ecce-Homo y Caído y en cuyo taller se restauró también el frontal del paso del Nazareno precisamente por verse afectado por el agua, aunque no de lluvia- recomienda también quitar del paso "todo aquello que tenga un nivel de humedad alto", como pueden ser los faldones o las flores. También es importante "no secar con aire caliente ni ningún aparato de esos". Y, por último, "que lo vea un profesional a la mayor brevedad posible".
"Lo mejor es no salir. Es un patrimonio que se pone en peligro y es una pena", concluye al respecto Juan Carlos García.
Los bordados
- Lo que más se ve afectado es el terciopelo, que se estropea al tocarlo, y el oro, que se oxida.
- Una pieza mojada debe ser aireada correctamente y por completo antes de ser guardada.
- Se recomienda un examen periódico de los bordados, afectados muchas veces por la humedad de locales y vitrinas.
Los ropajes bordados que lucen las imágenes también tienen sus consecuencias con la lluvia. En primer lugar, el terciopelo sobre el que se bordan muchas piezas "se estropea al tocarlo" si se ha mojado. Y en segundo lugar, el oro se oxida, sobre todo el oro entrefino, "que se oxida más que la plata". Estas explicaciones las aporta el bordador gaditano Juan Carlos Romero, que aporta dos recomendaciones principales en caso de lluvia: "primero salir corriendo y segundo ventilar la ropa lo máximo posible".
Esta ventilación debe hacerse en un sitio con corriente o bien utilizando aparatos de calefacción, apunta Romero, que también añade que los bordados no deben guardarse "hasta que estén bien secos", como tampoco hay que mantenerlos dentro de los plásticos. "El plástico está bien cuando está lloviendo, pero luego hay que airearlo". Para ello, como ya decía González Rey, hay que desnudar a las imágenes para secar debidamente la ropa y los bordados.
Al hilo de este asunto, Juan Carlos Romero (que ha realizado importantes bordados y restauraciones de piezas para la Semana Santa gaditana) lanza dos mensajes más:
En primer lugar, recomienda que los bordados los vea un profesional, "pero no solo por la lluvia sino de forma periódica". Sobre esto, explica Romero que el bordado se ve afectado más por la humedad que por la lluvia. Y en este sentido, indica que en esta ciudad con tanta humedad un problema son las vitrinas donde se exponen esos bordados, que normalmente no disponen de cierre hermético y que la humedad se acumula en su interior.
Y en segundo lugar, este bordador aclara que hay que tener en cuenta que las imágenes, los pasos, los bordados... están hechas para procesionar. "Y si se estropea, tenemos la capacidad para restaurarlo y recuperarlo. Son obras concebidas para procesionar por las calles, no para exponerlas en un museo", concluye Romero.
La orfebrería
- Es lo que menos sufre a causa del agua, salvo los elementos de metal plateado, donde se origina verdín.
- Para secar debidamente estas piezas, se recomienda enterrarlas en serrín y luego limpiarlas con un paño.
El patrimonio que en menor medida se ve afectado por la lluvia es el de la orfebrería. A este respecto, el orfebre y joyero gaditano Juan Rivera señala que las piezas de plata o de oro no tienen absolutamente ningún problema con el agua, sea cual sea la cantidad que caiga. Lo que sí puede verse afectado es cuando se trata de metal plateado, "que se puede quedar verde por dentro". Para ello, Rivera aconseja una única acción para el óptimo secado de estas piezas: enterrarlas en serrín "para que seque bien y absorba toda la humedad". "Luego del serrín se pasa un pañito para limpiar la pieza y listo", añade el joyero gaditano que realiza numerosos trabajos para las corporaciones.
Es con estos consejos con los que se procura una mejor conservación del patrimonio en caso de que sea dañado por el agua. Pero como apuntan muchos de estos profesionales, ante riesgo claro de precipitaciones, el mejor consejo es no salir.
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