Columna y Caído a través del tiempo

Reportaje

La cofradía de El Aguador, nacida en 1660 y desde siempre radicada en San Antonio, atesora un valioso patrimonio artístico y documental y destaca por introducir el palio en la ciudad

Columna y Caído a través del tiempo
Columna y Caído a través del tiempo
Jesús Jaques Nuche

30 de marzo 2010 - 07:53

Si Juan de Texada, Jerónimo Araujo, Simón de la Sierva, Juan de Ochoa y el resto de los 78 devotos que en 1660 fundaron la cofradía de Columna (después archicofradía tras la incorporación del Resucitado) levantaran la cabeza seguramente sentirían orgullo de ver cómo 350 años después, la hermandad sigue más viva que nunca y enraizada en el lugar donde nació, la parroquia de San Antonio. Si Bernardo Periñán estuviera entre los vivos comprobaría la buena marcha de la cofradía de Jesús Caído, la que él y un grupo de jóvenes antiguos alumnos marianistas pusieron en la calle hace ahora medio siglo tras una ardua tarea de reorganización.

Las dos, Columna y Caído, viven hoy un Martes Santo especial marcado por la memoria histórica. La hermandad de San Antonio cumple en 2010 tres siglos y medio, una fecha que tendrá muy presente en su recorrido y durante el resto del año con la celebración de actos conmemorativos. La antigüedad de Columna está avalada por el valioso patrimonio documental y artístico que conserva desde del siglo XVII, como el libro de su fundación en 1660 o la talla del Cristo, uno de los más antiguos de la ciudad, realizada por Jacinto Pimentel (también hermano fundador) ese mismo año y bendecida a principios de 1661.

Tres siglos y medio después, la cofradía permanece en el corazón del casco antiguo. Durante su larga vida la cofradía "ha tenido momentos buenos y malos, pero ha sabido salir adelante con el esfuerzo de los que nos anteceden", subraya el hermano mayor, Luis Benítez, quien destaca el carácter familiar de una hermandad integrada por 800 hermanos. Muchos de ellos tendrán antepasados que formaron parte de la etapa inicial. De hecho, se calcula que el 75% de los habitantes del Cádiz de finales del XVII perteneció a esta histórica cofradía fundada por gente de la mar.

La imagen de Cristo Atado a la Columna es popularmente conocida como El Aguador. Como consta en numerosos documentos, a él recurrieron los gaditanos con rogativas para pedir que se acabara la sequía y llegara la esperada lluvia. En una procesión de rogativas, a finales del XIX, la imagen del Cristo tuvo que ser refugiada con urgencia en la iglesia de San Juan de Dios cuando iba camino de la Catedral debido a la fuerte lluvia que empezó a caer sobre la ciudad.

Benítez resalta el carácter "innovador y valiente" de la cofradía, la primera de la ciudad que incorporó el palio en el paso de la Virgen. Fue en el año 1923 cuando la Virgen de las Lágrimas lució bajo palio en lugar del habitual templete. El hermano mayor recuerda además la aportación innovadora en la forma actual de llevar los pasos. "Mucho es el trabajo de cofrades que ya no están, pero nos han dejado un legado que debemos cuidar y mantener", concluye Benítez, que no olvida la vocación solidaria de la hermandad, que colabora con numerosas entidades que ayudan a las personas con necesidades. "Es uno de los fines principales de una cofradía que mantiene estrechos vínculos de hermandad con el Nazareno de Santa María y el Ecce Homo.

El nacimiento de la cofradía no es la única efemérides de Columna. La marcha 'Lágrimas' cumple cincuenta años, un aniversario que la hermandad no pasará por alto, ya que ha programado su interpretación dedicada a El Aguador', como fue la intención inicial cuando se compuso.

Los inicios del Caído

El Caído cumple medio siglo de su primera salida. La cofradía, que lleva 50 años procesionando de manera ininterrumpida, vivió una sufrida refundación debido a la inicial resistencia del entonces obispo, Tomás Gutiérrez, a recibir a aquel grupo de jóvenes empeñado en rescatar del olvido a la hermandad creada en 1942. Antonio Medialdea, actual hermano número uno, formó parte de aquel entusiasta equipo de antiguos alumnos marianistas, la mayoría universitarios, que reflotó la corporación y organizó la primera salida procesional en 1960 con el paso de misterio. La hermandad incorporó la Virgen de los Desamparados cuatro años más tarde.

Antonio guarda en la memoria aquellos difíciles comienzos plagados de anécdotas. No se olvida el traslado 'clandestino' de la imagen de Jesús Caído desde la iglesia del Carmen a la del Santo Ángel (la Castrense), de donde partió la primera procesión de la hermandad.

Los jóvenes organizadores se las tuvieron que ingeniar para llevar la imagen de un templo a otro y al final recurrieron a un carrillo de mano. "Si nos pillan entonces se nos cae el pelo, sobre todo después de lo que nos costó que nos recibiera el obispo", comenta Antonio mientras recuerda las calles que recorrió el pequeño grupo que portaba el vehículo prestado para la ocasión. "Cogimos por Bendición de Dios y llegamos a contramano a la plaza del Mentidero. Entonces nos encontramos de frente a un coche y tuvimos que retroceder para callejear hasta alcanzar la Castrense".

El traslado fue una arriesgada aventura después de lo que les había costado reorganizar la cofradía, una ardua tarea liderada por Bernardo Periñán. "Él fue el alma, si él no hubiera sido posible que aquello hubiera salido adelante", reconoce Antonio. "Bernardo fue quinientas veces al Obispado, era muy persistente", dice de manera exagerada para dar una idea de las veces que el impulsor de la cofradía acudió a la institución eclesiástica.

Y es que el objetivo del grupo se topó con la resistencia del entonces obispo, que no estaba por la labor de recibir a estos entusiastas jóvenes. "La mediación del padre Marcelino Martín y del padre Hermenegildo Pacheco fue importante porque al final conseguimos hablar con él y pusimos en marcha todo el papeleo, que no fue poco".

Una vez que el obispo autorizó la reorganización, "hicimos los estatutos a toda prisa, prácticamente lo 'fusilamos' de las Angustias, de la que mi padre era hermano mayor". Medialdea asegura que en los inicios "colaboró mucha gente. En apenas dos meses se apuntaron cien personas entre familiares, compañeros y amigos".

José Manuel Amigueti, hermano "doce más uno", recuerda el estreno procesional del Caído como si hubiera sido ayer. "La imagen salió en el antiguo paso de Columna y la mitad de los enseres que llevaba la procesión eran prestados". Vio el desfile como espectador y recuerda la expectación que había en la calle. "Había mucha gente y fue un desfile muy digno", rememora Amigueti, que al año siguiente participó en el desfile que entones partió de la iglesia de San Lorenzo. Tanto Medialdea como él coinciden en que la cofradía está en buenas manos. "Ha evolucionado bien y la junta está haciendo un buen trabajo".

El actual hermano mayor, Pedro Pablo Reynoso, pone a los reorganizadores de la cofradía "como ejemplo y referencia de las futuras generaciones".

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