El 'rico' encuentro de dos generaciones

La residencia de mayores de la Cruz Roja pone en marcha el programa 'Adopta a un abuelo', en el que alumnos isleños realizan actividades con los abuelos del centro asistencial

Participantes en la campaña 'Adopta un abuelo', que ayer se desarrolló en la residencia de la Cruz Roja.
Participantes en la campaña 'Adopta un abuelo', que ayer se desarrolló en la residencia de la Cruz Roja.
Amaya Lanceta San Fernando

12 de febrero 2015 - 01:00

Paula enseña sus manos manchadas de pintura. Es un batiburrillo de colores después de afanarse en pintar el mural en el que ha trabajado con otros abuelos y un grupo de alumnos de la clase de sexto de Primaria del Servando Camúñez, que ayer visitaba la residencia de mayores de la Cruz Roja. Otros ancianos tienen las manos igual, multicolor, otros han participado menos, pendientes de lo que hacían los jóvenes. "Es una formar de fomentar la relación intergeneracional", comenta Nazaret, una de las dos terapeutas ocupacionales que han ideado las actividades con las que se relacionarán los mayores y los niños o jóvenes en los encuentros que se producirán dentro del programa Adopta a un abuelo que ayer tuvo la primera cita.

"Los niños aportan ilusión, sorpresa e ingenuidad, los mayores su experiencia y consejos", apunta Bárbara Basallote Quirós, directora de Servicios la residencia de Cruz Roja, sobre estos encuentros que quieren generar para ponerlos en contacto. Ayer comprobaron las posibilidades de esta iniciativa con una clase del Servando Camúñez, chicos de 11 o 12 años, de sexto de Primaria. "Han venido 18 alumnos. Al principio estaban un poco cortados, pero luego se han soltado, en cuanto se han manchado las manos", se reía la profesora que los acompañaba, Macarena Rivero. Los estudiantes y los mayores estaban divididos por mesas. Sobre ellas se extendía el soporte para lo que debían representar. Unos optaron por desarrollar la idea de los medios de transportes. Con plantillas y sus dedos a modo de pinceles fueron poniendo coches, motos o aviones. No se olvidaron del cielo, con un sol y nubes. "Ha pintado las nubes en el papel, pero también en la cara", comenta Pepi sobre su madre, Paula, de 88 años, que pide en esos momentos un beso a Paola, una de las chicas con las que ha estado haciendo el mural. Cuando terminan recuerdan lo que han hecho, porque además de los medios de transporte, han tenido que poner elementos para su ordenación como semáforos y pasos de peatones. Igual han hecho en otra mesa. Dos más prefieren dibujar el edificio de la residencia. El quinto optan por pintar un campo de fútbol. "¿Qué es eso?", pregunta una de los cinco voluntarios de Cruz Roja que participan en la actividad. "El área", responden varios de los chicos al unísono. Uno de los usuarios va más allá con su contestación: "El punto fatídico", suelta, sabedor de su importancia en el fútbol.

Algunos abuelos han estado más callados, menos participativos, sorprendidos quizás por las presencia de los jóvenes. Éstos se esfuerzan por implicarlos, por hablar con ellos y preguntarles y animarles. "El beneficio es recíproco. Los niños mejoran su capacidad de comunicación y autoestima, y su capacidad de resolver problemas. Los abuelos socializan. Es bueno para su bienestar social y esto mejora su salud", expone la responsable de Servicios, que pasea y pregunta por todas las mesas.

Las manualidades, señala Nazaret, ha sido la opción escogida en esta primera visita para ajustarse tanto a la edad de los estudiantes como a las capacidades de los mayores. Otras actividades serán juegos de mesa y tradicionales, cuentacuentos que los chicos contarán a los abuelos y éstos al alumnado; o musicoterapia, para crear sonidos con instrumentos. Podrán llevarlo a la práctica en las próximas visitas, hoy mismo la primera de muchas.

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