Regresa a San Fernando la imagen del Señor de los Afligidos tras la restauración de Pedro Manzano
La talla de Castillo Lastrucci, repuesta al culto en la parroquia del Cristo tras siete meses de ausencia
Tras la Semana Santa se acometerá la intervención en la Virgen de la Amargura
Estos son los horarios e itinerarios de la Semana Santa de San Fernando 2026
La imagen del Señor de los Afligidos está de vuelta a casa. De nuevo en San Fernando, en su barrio y en su parroquia del Santo Cristo. Justo a tiempo para presidir los cultos cuaresmales de la hermandad del Lunes Santo. Siete meses se ha llevado la talla en el taller que Pedro Manzano tiene en el popular barrio de Triana, en Sevilla. Sí, el restaurador isleño del momento -tras la acertada intervención acometida en la Esperanza Macarena- ha sido el encargado de la puesta a punto de esta popular y querida imagen isleña, que ha coincidido buena parte del tiempo con la de la Virgen de Sevilla. Y después de la Semana Santa -así lo anunció el hermano mayor de la cofradía, Andrés Galán, tras la misa de acción de gracias que se celebró este jueves- será también el turno de la dolorosa, la Virgen de la Amargura.
Pero la noticia, ante todo, era el regreso del Señor, que ha puesto fin a esos meses de ausencia que hermanos y devotos han acusado especialmente. Porque esa separación, bien lo saben los cofrades, se nota siempre, se echa en falta semana tras semana ese cruce de miradas que tanto reconforta. Y durante siete meses ha faltado en su altar uno de los más ilustres vecinos del barrio del Cristo, ese nazareno con la cruz a cuestas que desde hace más de 80 años es un referente devocional para varias generaciones de isleños que proclaman que Cristo está por encima de todo: super omnia Christus.
Así que su llegada -en las vísperas de esa eucaristía en la que la imagen se repuso al culto en su templo- se vivió como ese gran momento que era. Por supuesto, en la más estricta intimidad. Pero el párroco y director espiritual de la cofradía, Juan Antonio Martín Barrera, no se resistió a compartir en la homilía algunos detalles de ese momento en el que la imagen del Señor regresó al templo que le habían impactado especialmente: las miradas de los suyos, la emoción difícilmente contenida... y el silencio solo roto con un espontáneo rezo del padrenuestro. Gestos que hablan por sí solos para poner de manifiesto qué significa poner en el centro de nuestras vidas una devoción.
La imagen de Nuestro Padre Jesús de los Afligidos se muestra tal y como siempre fue. Precisamente, la talla de Castillo Lastrucci -el prolífico imaginero de la posguerra- solo había sido objeto en toda su historia de una intervención previa: una limpieza acometida por Juan Abascal en 1979. De ahí que fuera tan necesario intervenir para asegurar su correcta conservación. Urgía solventar ciertos problemas estructurales que presentaba la talla -constatados en el diagnóstico previo a la restauración- y eso se ha aprovechado para esa puesta a punto que le ha devuelto todo su esplendor original. La imagen, probablemente, se presenta ahora tal cual la vieron aquellos primeros hermanos de los Estudiantes en el taller hispalense de la calle San Vicente en el que tantas cosas -y tantas devociones- tomaron forma para crear la gran Semana Santa del siglo XX. Y también tal y como la veían nuestros abuelos cuando le rezaban ya en aquella Isla en blanco y negro de principios de los 40. Puede que por eso, precisamente, estos periodos de ausencia -aunque relativamente cortos en el vértigo de la historia- pesen tanto sobre el ánimo de los suyos. Porque ellos siempre han estado -y están- ahí.
También te puede interesar