La plaza de la Iglesia, un céntrico punto de San Fernando en horas bajas
A pesar de ocupar un espacio urbano privilegiado, su deterioro llama la atención. Además, el cierre de negocios como La Mallorquina ha restado a este punto su acostumbrada actividad y se suma a los ya habituales problemas de mantenimiento que presenta todo el entorno
El deterioro de la plaza de la Iglesia, en imágenes
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El traslado de la Oficina de Turismo a la plaza de la Iglesia que el Ayuntamiento de San Fernando ha anunciado hace tan solo unos días –que implicará también la reubicación del monumento dedicado a Las Cortes– ha puesto el foco en el deterioro que incomprensiblemente arrastra desde hace años este céntrico espacio público, a pesar de que por su privilegiado emplazamiento está llamado a ser uno de los puntos más atractivos de la ciudad: ese nexo entre la amplia plataforma peatonal que es la calle Real con el eje comercial que forman Rosario y San Rafael.
El cierre de algunos negocios durante los últimos meses –entre ellos, el histórico establecimiento de La Mallorquina así como del local vecino, que ha pasado por varias manos– no ha hecho sino acrecentar aún más esa imagen tan negativa. La actividad que hasta hace no mucho brindaban las terrazas de hostelería ha desaparecido por completo. Y eso se ha notado especialmente. Sobre todo, en unas fechas tan señaladas como las recientes navidades, en las que no se ha pasado por alto la desolada imagen que brindaba este céntrico punto de la ciudad.
A todo ello se suman los problemas de siempre: el deterioro del pavimento, la suciedad que acumulan las palomas que anidan en las fachadas históricas de los edificios colindantes, farolas deterioradas, una señalización obsoleta y en mal estado que no se retira, pintadas y consecuencias de algún que otro acto vandálico...
Y mención aparte merece el avanzado deterioro del monumento dedicado a Las Cortes de 1810, obra del arquitecto sevillano Alfonso Clemente Domínguez que se inauguró con motivo de los fastos del Bicentenario de 2010 y que vino a completar la remodelación de la plaza que se acometió en el transcurso de las obras de peatonalización que se pusieron en marcha con el tren-tranvía. Hay losas rotas y otras que han sido sustituidas por piezas que ni siquiera se asemejan al modelo original, el estanque sin agua desde hace tiempo, moho, pintadas... Resulta difícil de entender que la plaza, dado el desgaste que presenta, fuera inaugurada hace poco más de 15 años tras la importante remodelación que se acometiera entre los años 2009 y 2010. Y eso que este céntrico espacio no solo puede presumir de tener una ubicación privilegiada sino que, además, se trata de un entorno BIC (Bien de Interés Cutural), ya que se incluye en el ámbito de protección de la Iglesia Mayor Parroquial desde el año 2009.
Lo cierto es que la plaza de la Iglesia siempre ha tenido un encaje algo complicado. Y no solo por la disposición del terreno en pendiente, sino también porque fue una de las últimas plazas en incorporarse a la calle Real, por decirlo así ya que, aunque dicho espacio existía (anteriormente recibía el nombre de plaza del Ejército), hasta hace no mucho tiempo era una zona abierta al tráfico rodado, con zonas de aparcamiento y una glorieta en el centro que permitía el cambio de sentido, como puede apreciarse en algunas de las fotografías históricas. Se peatonalizó completamente tras la remodelación que se acometió en tan solo tres meses al hilo de otra gran obra que se llevó a cabo en toda la calle Real: la sustitución de todo el acerado, obra que ejecutó en su día el Ministerio de Obras Públicas yTransportes (MOPT) dada la condición de travesía de la N-IV. Una actuación que daría mucho que hablar a lo largo de los años siguientes dado lo resbaladizo que resultaba el pavimento en días de lluvia.
Este espacio ya peatonalizado fue inaugurado el 7 de abril de 1990. Y esa intervención dio a la plaza de la Iglesia el aspecto que muchos isleños todavía recuerdan ya que se mantuvo hasta que en el año 2009 volvieron a llegar las excavadoras. Aquella obra de los años 90 supuso un punto de inflexión al eliminar el tráfico rodado, cosa que no fue fácil. A lo largo de los años siguientes se dio todo un debate político en torno a esta cuestión e, incluso, en 1996 el propio gobierno municipal se planteaba seriamente acometer una nueva intervención en la plaza de la Iglesia para reabrirla de nuevo al tráfico, un planteamiento que no llegó a prosperar. Ese espacio en pendiente y con forma de triángulo se había ganado ya para los ciudadanos.
El siguiente episodio llegó con las obras del tranvía y con la decisión de ubicar allí –aunque se plantearon otros posibles emplazamientos– el monumento de Las Cortes de 1810. Se inauguró en septiembre de 2010, aunque no tardaron en aparecer los problemas de mantenimiento, especialmente con la lámina de agua del estanque.
Ahora, el Ayuntamiento de San Fernando ha anunciado una nueva intervención en la plaza para colocar en el lugar en el que se sitúa el monumento la nueva Oficina de Turismo, que tendrá un formato de quiosco de 70 metros cuadrados. Eso obligará a replantearse la ubicación del monumento, que verá reducidas sus dimensiones al prescindir tanto del estanque como de uno de los dos elementos (prismas) que configuran el conjunto, que se integrará con el otro. Ciertamente, la intervención planteada –que tendrá que contar con el visto bueno de Patrimonio al tratarse de un entorno BIC– supondrá una importante transformación de un espacio que, lamentablemente, hoy por hoy presenta una de las peores caras del centro de San Fernando cuando debería ser todo lo contrario dado su privilegiada ubicación, que lo convierte en un auténtico escaparate.
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