La fe, en el lenguaje más cofrade
El arcipreste, Alfonso Gutiérrez Estudillo, revistió su discurso de las maneras más cofrades para lanzar un mensaje ligado al Año de la Fe con el que anunció la llegada del Domingo de Ramos.
El pregón del padre Alfonso llegó con la dulce y pausada voz grabada de las carmelitas descalzas que desde la clausura regalaron su ángelus al público que llenaba al completo el Real Teatro de Las Cortes. Un momento especial e íntimo con el que arrancó el acto central del Domingo de Pasión en La Isla, el anuncio de la inminente llegada de la Semana Santa, de la proximidad de los días santos.
No fue la única sorpresa. Hubo más. Pero la mayor de todas fue el pregón en sí. El pregón -como dijo su presentador, Juan José Carrera- "no de un cura cofrade, sino de un cofrade cura", un pregón que arrancó los primeros aplausos del público cuando apenas llevaba unos minutos sobre el atril y coronaba sus primeros versos con su particular credo de pregonero.
Y que conmovió a todo el mundo cuando se le quebró la voz y se le saltaron las lágrimas, cuando el dolor empapó el recuerdo -ese diálogo tan especial- que mantuvo con su padre, Diego, ya fallecido. Un momento realmente único por su sinceridad, por su autenticidad, por la desnudez del alma con la que el pregonero abrió su corazón de cura y también de cofrade.
Aunque a aquellas alturas de su alocución, el padre Alfonso ya tenía metido al público en el bolsillo, ese instante único -arropado por fragmentos de las marchas Jesús Nazareno y A ti Manué- le sirvió para ganarse del todo al aforo cofradiero. Porque entonces se supo con certeza que detrás del atril no había impostura, que todo lo que se decía era verdad, que todas las palabras y versos que ayer anunciaron la proximidad de un nuevo Domingo de Ramos salían del corazón.
Evidentemente, el pregón del padre Alfonso, del arcipreste de la ciudad, fue el pregón de un cura, pero revestido de las maneras más cofrades. Ésa fue su gran virtud. Porque Alfonso dijo todas aquellas cosas que un cura diría en un pregón de la Semana Santa, pero las dijo de otra manera: habló de la caridad, del amor al prójimo, del compromiso cristiano, de la necesidad de cumplir con el sacramento de la eucaristía, del valor de la oración, la muerte de Cristo en la cruz, de la redención, de la Pascua de Resurrección... Pero lejos de convertir su texto en una homilia dominical, utilizó el lenguaje de los cofrades para dirigir el mensaje. Y acertó.
Se valió para ello de imágenes muy poderosas, dotadas de una gran fuerza -desde los humildes pies del mensajero hasta la sobriedad de la cruz o el sepulcro vacío- que se convirtieron en los referentes que articularon una alocución que supo aliviar valiéndose a veces del verso, otras de sus recuerdos cofrades en la junta auxiliar de la Borriquita, del fondo musical para sus palabras que propiciaron las marchas procesionales de la Banda Sinfónica Municipal y, muy especialmente, de las piezas que magistralmente interpretó la coral Logar de la Puente a lo largo de todo el Pregón.
El resultado fue un discurso ágil, bien estructurado en pequeños pasajes, en los que el padre Alfonso fue intercalando su mensaje. Cuatro pilares fundamentales dijo que tenía su pregón: la familia, la eucaristía, la Virgen María y la cruz. Cuatro piedras angulares que soportaron un texto aderezado con numerosas referencias, desde lo puramente cofrade hasta lo personal e, incluso, lo evocador.
Dibujó así un cuadro disperso pero aferrado a la solidez del texto, que fue desde el grave conflicto de la hermandad de la Vera Cruz -cofradía para la que reclamó el apoyo de todos los cofrades en la tarde del próximo Miércoles Santo con el propósito de dar a la procesión "un parón de fe" como forma de testimonio- hasta la enfermedad del cofrade de la Caridad Luis de Celis, y la solidaridad mostrada por sus compañeros de corporación penitencial, que reseñó como ejemplo del buen hacer -y ser- cofrade.
Y, por supuesto, la conmemoración del Año de la Fe, que ha marcado la designación del pregonero y también la forma en la que las cofradías han abordado la Cuaresma más solidaria hasta ahora conocida. La fe,cuya alegoría estuvo presente en el escenario del Real Teatro de Las Cortes a través de una escultura de Alfonso Berraquero.
Una fe que -recordó- en Andalucía se vive de una manera especialmente intensa durante la Semana Santa, con sus costumbres, con sus ritos, con sus cofradías. Porque, como dijo el pregonero en un auténtico alegato de lo cofrade como forma de vida con el que consiguió poner al Teatro en pie, "así somos y así queremos ser".
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