Los que comen del tranvía

Efectos de la obra de este medio de transporte en la calle real El lado positivo de las repercusiones comerciales

Algunos comercios, como restaurantes y ferreterías, se ven beneficiados por la obra de la calle Real, aunque confiesan que no lo suficiente como para salir airosos de la crisis

Tres trabajadores de la obra, comiendo en el restaurante Sancho Panza, con el casco encima de la mesa. Tras ellos, más.
Tres trabajadores de la obra, comiendo en el restaurante Sancho Panza, con el casco encima de la mesa. Tras ellos, más.
María Llebrez / San Fernando

15 de marzo 2009 - 01:00

Sobre la mesa, un plato de paella. Es el primero del menú especial del restaurante Sancho Panza. El precio, ocho euros y medio. Pero hay otro, más barato, que cuesta sólo cinco, más restringido en variedad: alubias negras y lomo empanado, pan y postre incluido. Y una tercera opción, el bocadillo de pollo adobado o el de hamburguesa, a tres y medio. Tiempos de crisis que obligan a bajar las cifras y a ampliar la oferta, dependiendo del presupuesto de cada uno. Pasan las dos de la tarde y los grupos de obreros empiezan a entrar. Llevan toda la mañana trabajando en la actuación del tranvía, ahora ya a pleno sol, y el hambre aprieta. Pero el bolsillo duele. Para muchos comer allí al mediodía se ha convertido en una costumbre. Son los momentos de descanso, relax y conversación alrededor de un buen guiso. Para coger fuerzas, porque la actividad continuará antes de las cuatro.

Detrás de la barra, Rosi, una de las propietarias del bar, se afana en su labor. No pensaba que con la que está cayendo, y la obra de la calle Real prácticamente en la puerta, las cosas pudieran irle más o menos bien. "De momento no me puedo quejar", confiesa. Diariamente, desde que los operarios comenzaran a trabajar, allá por el mes de septiembre, sus mesas se llenan de empleados, muchos de ellos en chaleco, tiznados con el polvo de la obra e incluso algunos portando su casco debajo del brazo. Un casco que depositan en la mesa, junto al cenicero, el refresco, la ensalada, las servilletas y el plato de comida conformando un singular bodegón.

Existe también una disposición determinada a la hora de sentarse, comenta Rosi. Los trabajadores del tranvía se agrupan normalmente por gremios a la hora de comer dentro del bar, aunque también los hay que entran solos para recoger unos cuantos bocadillos que a continuación comerán en algún rincón de sombra de la obra. La forma de pago también varía y así, hay algunos que tienen una tarjeta de una de las empresas de la UTE, otros abonan lo consumido al contado y un tercer grupo ingresa sus gastos en una cuenta del restaurante.

Pero el Sancho Panza, por ser el más emblemático, no es el único que acoge a operarios y técnicos, y así, en los alrededores del tramo de la calle Real sobre el que se está actuando hay numerosos bares y establecimientos donde acudir no sólo a matar el hambre del mediodía, sino también para tomar un café o comprar un refresco. Pequeñas dosis de medicina para aliviar la enfermedad de la crisis, agravada por las dificultades de acceso que esta polémica actuación sigue generando.

Porque, aunque es cierto que un centenar de trabajadores consume diariamente en la localidad, su gasto no es ni mucho menos suficiente para solventar la situación económica que se atraviesa en la actualidad. Incluso para los más beneficiados, la balanza de las cuentas está desequilibrada. Es lo que pasa en otro tipo de comercio a los que los operarios acuden con periodicidad, las tiendas de suministros de materiales, como la ferretería Aleu, que proporciona sobre todo equipamiento de seguridad. El contacto con ellos no fue, como ocurre en el caso del restaurante, espontáneo, si no que semanas antes de que comenzara la obra a la altura de la calle Dolores, responsables de la misma se pusieron en contacto con el establecimiento.

De esta manera, desde el mes de septiembre algunos de los encargados de la obra acuden a recoger cuanto les vaya haciendo falta. Reservas de chalecos, gafas protectoras, guantes, zapatos de seguridad, marcarillas o cascos se aglutinan en el almacén de esta ferretería porque no existe una periodicidad en estos pedidos. Debido al montante de los mismos, explicaba Lidia, una de las responsables del negocio, los precios de la unidad se abaratan. Así por ejemplo, las botas costarán menos de 30 euros, que es el precio medio y los cascos, rondarán por debajo de los tres, que es el coste habitual por unidad.

La tienda ofrece además otro tipo de materiales e instrumental necesarios en la obra, como carros para transporte de arena, palaustres, alambre de ferralla o piezas de polietileno. El pago de todos ellos por parte de la contrata se realiza de forma distinta a la habitual y así, ahora acaban de ingresar el primero de los abonos correspondiente al mes de septiembre. Y el mes que viene, el de octubre. Es decir, los pagos se realizan con seis meses de posterioridad. Una fórmula parecida que también se emplea en la compra de hormigón. Es una empresa, Horpresur, ubicada en el polígono Tres Caminos, la que suministra parte de este material de construcción a la actuación, esencial en una actuación como ésta.

Tampoco existe una rutina creada en torno a las peticiones, que suelen realizarse la mayoría de las veces con un par de días de antelación, aunque también pueden tener carácter de urgencia. Las cantidades también oscilan en estos pedidos y pueden variar desde los seis metros cúbicos hasta los 80. Existen distintos tipos de hormigón -en torno a una decena-, en función del uso que vaya a dársele. El precio de cada uno de ellos, que se ofrece por metro cúbico, también varía. Es la propia empresa la que se encarga de llevarlo hasta la obra usando camiones hormigonera con siete metros cúbicos de capacidad.

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