Berenguer en la biblioteca del padre
La prosa de Luis Berenguer saciaba mi hambre libresca. Quería ser escritor. El mundo de Berenguer y mi mundo, aquella timidez universitaria, el colegio mayor donde en noches de insomnio me leí 'Marea escorada'
En un viejo autobús, a punto de amanecer, camino de Sevilla, me recuerdo leyendo El mundo de Juan Lobón. Debía rondar los dieciocho. La prosa de Luis Berenguer saciaba mi hambre libresca. Quería ser escritor. El mundo de Berenguer y mi mundo, aquella timidez universitaria, el colegio mayor donde en noches de insomnio me leí Marea escorada, encontrado en una vieja librería de viejo, porque ya Berenguer era en los años noventa uno de esos muchos escritores olvidados cuyos ejemplares se hacinan en los mercadillos. Berenguer vuelve a mí en este diciembre. Hay que celebrar su obra en su centenario. Le reencuentro en la biblioteca de mi padre, el poeta José Manuel García Gómez, con quien compartiera algún café en un remoto tiempo de fotografías amarillentas que rescato. Berenguer entre Balzac y Galdós en la biblioteca del padre, como si tuviera estatura de escritor decimonónico. Absolutamente vivo en su escritura oceánica y salina. Le recuerdo, parte de aquella formación literaria, cuando le leí con absoluto placer, como debe leerse a los grandes escritores.
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