Protección Civil: cuando el pueblo salva al pueblo
Más de 40 voluntarios forman parte de la Agrupación Local de Puerto Real, que resurge con fuerza, más formación y vocación de servicio
Se desploma parte del techo de una vivienda en el centro de Puerto Real
Es sábado de Carnaval en Puerto Real. Madrugada ya de un Domingo de Piñata en el que la Cabalgata del Humor tomará protagonismo en apenas unas horas. La plaza Rafael Alberti está ocupada por cientos de personas de distinto pelaje, entregadas a la música de ‘Aquel 20 de abril’.
Entre disfraces, pelucas, gorros y manos ocupadas por vasos, sus uniformes destacan menos de lo habitual. Aun así, se distingue a la perfección el naranja fluorescente de los voluntarios de Protección Civil, que participan en la fiesta como quienes no han sido invitados. Están, pero sin formar parte de ella. La observan con atención. Son, en su mayoría, gente joven. Tanto como para preguntarse qué hacen esos chavales que no están entregados a la algarabía de la que todo el mundo parece contagiado. Permanecen pendientes, casi en alerta, vigilando el baile de disfraces que el resto vive sin preocupaciones.
Y al día siguiente volverán a hacerlo en la cabalgata y en la Quema del Jartible; del mismo modo que ya estuvieron durante toda la Navidad, en las fiestas del verano y en la Feria, el primer gran evento de esta nueva hornada de voluntarios. “Es que cuando el naranja se te mete en el cuerpo ya no sale”. Esa es la respuesta que da Luisa Vázquez, uno de los pilares de Protección Civil Puerto Real, cuando se les pregunta por qué decidieron ser voluntarios mientras otros celebran lo que sea.
Es lo que se cuestiona mucha gente. “Nosotros mismos también lo hacemos algunas veces”, reconoce entre risas Carmen, una de las voluntarias. Su labor es cien por cien altruista. “La gente piensa que estamos aquí cobrando, pero no es así”, apostilla Bárbara, arrancando el asentimiento inmediato del resto. Si algo llevan a gala es su voluntariado. La agrupación local recibe el vestuario “y el bocadillo, si cuadra el horario”. Al menos ese es el compromiso del Ayuntamiento de Puerto Real. A partir de ahí, el resto es sacrificio, voluntad y ganas de colaborar.
Sin embargo, todos coinciden en que la mejor recompensa es la satisfacción de ayudar. “En el momento no lo piensas, pero cuando llegas a casa y reflexionas sobre la gente a la que has ayudado es algo muy bonito y satisfactorio. Merece la pena siempre”, dice Lourdes Anacleto, voluntaria de la Agrupación Local. Son “pagos emocionales”, explican. Porque, como alguien dijo alguna vez, la solidaridad se basa en estar dispuestos a arriesgarnos para protegernos unos a otros.
Cada voluntario tiene sus propias motivaciones. Miguel Pérez, ingeniero eléctrico en Navantia, encontró la suya cuando nació su hijo. “Me paré a pensar cómo podía ayudar a mejorar la ciudad que lo vio nacer y que me ha acogido a mí, y encontré la respuesta en Protección Civil”, cuenta.
Su caso no es excepcional. Hay personas formadas en ingeniería, biotecnología, empresariales o el ámbito sanitario que, tras su jornada laboral, buscan tiempo para ayudar. Conviven con estudiantes, empresarios, funcionarios o personas ya prejubiladas, como Pedro Lago. Otros, como Mari Carmen Canillas, encontraron incluso su vocación y decidieron estudiar Auxiliar de Enfermería.
En Protección Civil Puerto Real hay actualmente alrededor de 40 voluntarios de entre 18 y 60 años. Es consecuencia de una nueva etapa que comenzó en abril del pasado año, cuando Manolo Sierra asumió la jefatura de la agrupación. Él, cuyo apellido es ya un sinónimo de voluntariado, y su pareja, Luisa Vázquez, ya habían vivido una amplia etapa anterior, pero por distintas razones llevaban casi 15 años fuera. Su regreso, acompañado del de otros voluntarios, ha supuesto un cambio significativo.
También volvió Juan Lacalle, empresario local que se ha “reenganchado” en el último año. Hace casi 30 años formó parte de la agrupación, pero sus obligaciones familiares lo apartaron. “Siempre lo tuve en la cabeza porque me encantaba y me hacía sentir bien. Ahora vi que se reorganizaba con seriedad y que mis hijas ya son mayores, y no lo dudé”, explica.
La sensación es que Protección Civil vuelve a estar presente con fuerza, con una seriedad y profesionalidad que no siempre se asocian al voluntariado. “Queremos desterrar la idea de que en Protección Civil hay gente sin formación que se pone un peto naranja y sale a la calle”, aseguran. Y aunque eso haya podido ocurrir en algún momento, no es la realidad actual. La formación es una prioridad.
La competencia en materia formativa corresponde al Instituto de Emergencias y Seguridad Pública de Andalucía (IESPA). Existe una formación básica que se organiza a nivel local o comarcal y a la que puede asistir cualquier persona mayor de edad que aspire a integrarse en una Agrupación de Voluntarios de Protección Civil.
Pero en Puerto Real van un paso más allá. Antes de acudir a esos cursos, los aspirantes reciben formación interna en la sede local. “Así, cuando van, lo bordan”, apunta Manolo Sierra. En ese proceso están Julia y Rafa, dos jóvenes “aspirantes a voluntarios”. Se acercaron a pedir información tras verlos actuar en la calle y ya dan sus primeros pasos, siempre acompañados por los veteranos.
El objetivo es mejorar la prevención, la respuesta y la gestión de emergencias. Los voluntarios valoran situaciones, realizan una primera atención sobre el terreno y derivan los casos a profesionales sanitarios o de seguridad. En muchos casos, son la primera imagen que ven quienes necesitan ayuda.
Además de en las fiestas (cuando resultan más visibles) intervienen en incendios, temporales y siempre que se activa el PlanTerritorial de Emergencias Local (PTEL). “Cuando se activa movilizamos a los voluntarios disponibles y siempre hay una excelente respuesta”, afirma Luisa Vázquez, que coordina al grupo y organiza los cuadrantes.
Estuvieron en varios incendios este verano, durante el corte de agua gestionando el camión cisterna que abastecía a la población, y en un día a día silencioso que escapa a la vista de quienes no requieren esa ayuda. Son personas que entregan su tiempo y su conocimiento a cambio de nada. Un gesto que quizá solo se explique con algo que escapa a la lógica: “Creo que tenemos la sangre un poco más naranja que roja”, bromea Manolo Sierra. Sea como sea, en este 1 de marzo, Día Mundial de la Protección Civil, hay que elevar un "gracias" colectivo, por tanta dedicación.
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