25N Raquel Orantes: "Esta es la glorieta de todas las 'ana orantes' que lanzaron un grito de libertad"

Tribuna

Daniel guerra sesma

Politólogo

La estrategia Puigdemont

La estrategia Puigdemont La estrategia Puigdemont

La estrategia Puigdemont

El reciente rechazo del proyecto de Presupuestos Generales del Estado demuestra tres cosas: 1º) que la mayoría a favor de la moción de censura contra el Gobierno de Rajoy no se ha traducido en una mayoría gubernamental; 2º) que no hubo pactos secretos entre el PSOE y los independentistas; y 3º) que en España sigue siendo muy difícil dialogar con los nacionalismos. Sobre todo por parte de la izquierda: lo intentaron Pablo Iglesias, Azaña y Zapatero, apoyando tres proyectos de estatutos de autonomía (en 1919, 1932 y 2006), y salieron mal parados de la experiencia.

De cara a las próximas elecciones generales se están conformando dos opciones de alianzas en un sentido amplio: la del centroderecha entre PP, Cs y Vox, y la del centroizquierda entre PSOE, Podemos e independentistas. La opción central entre partidos constitucionalistas (PSOE, Cs y PP), es rechazada por el PSOE y condicionada por Cs al liderazgo de Pedro Sánchez, por lo que tiene poca viabilidad. La decisión de Cs de vetar el pacto con el PSOE se inscribe en una serie de acciones de los partidos que, en general, ponen sus intereses electorales por encima de los del Estado.

De esta forma, ambas alianzas están condicionadas por los extremos de ambos lados del sistema de partidos: por la Crida de Puigdemont en un lado, y por Vox en el otro. Si el primero bloquea, el segundo es necesario para formar una mayoría alternativa.

Fue el sector radical de Puigdemont el que tumbó los Presupuestos del Gobierno central. Es un sector del independentismo que preconiza la vía directa hacia el referéndum unilateral y la independencia, mientras que el sector de ERC busca ampliar la base del independentismo en torno a la idea de obligar al Estado a autorizar un referéndum consultivo aplicando el artículo 92 de la Constitución. Así, intenta aglutinar en torno a esa idea a sectores no especialmente separatistas pero sí partidarios del referéndum autorizado, como parte del PDeCAT, los Comunes, y, en menor medida, el PSC.

Desde su atalaya de Waterloo, Puigdemont rechaza esta estrategia posibilista porque le haría perder protagonismo. La única forma de mantenerlo en su exilio, alejado físicamente de la primera línea, es influir en la situación política, y la única forma que tiene es bloqueando cualquier iniciativa que implique diálogo con el Estado. Si se llegara a un entendimiento entre PSOE y Podemos con ERC y los Comuns, Puigdemont quedaría políticamente difuminado.

Pero esta estrategia de bloqueo tiene también una dimensión externa. Una parte doctrinal del derecho internacional contemporáneo admite que un territorio singular de un Estado pueda optar a la autodeterminación en caso de opresión o discriminación sistemática por parte del poder central, aunque no sea colonia. A partir de la teoría de Allen Buchanan, se admite la remedial secession (secesión correctiva) cuando el pueblo de ese territorio no tiene otra opción para sobrevivir como tal o preservar sus particularidades. De esta forma salvaría la condición que el derecho internacional establece para el ejercicio de la autodeterminación, que es la no ruptura territorial del país.

El sector de Puigdemont ha comprobado que la negativa del Estado a un referéndum no ha sido suficiente para movilizar a la comunidad internacional a su favor, empezando por la UE. Así, cree que un Gobierno centralista en Madrid formado por Cs, PP y Vox, apoyando una aplicación indefinida del artículo 155, justificaría no solo al movimiento independentista catalán, sino la causa de la autodeterminación unilateral a ojos de la comunidad internacional, que en ese caso se vería obligada a intervenir. Por eso, a ese sector del independentismo le interesa que ganen las derechas en las elecciones. Ambos actores coinciden en rechazar cualquier oportunidad de diálogo, por lo que sus estrategias opuestas comparten, en cambio, un interés común: imponerse sobre los sectores intermedios que operan en sus respectivos contextos políticos.

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