Una de las consecuencias indeseadas del sanchismo es que después de un tiempo de criticarlo te terminas repitiendo. Tu reflexión se asemeja demasiado a esas pizzas congeladas que, aunque pases de la barbacoa a la de atún, o a la de cuatro quesos, terminan todas sabiéndote igual.
El sanchismo liquidó al PSOE hace tiempo. Es una obviedad que para los postsanchistas puede resultar difícil de digerir como sucede con los ultraprocesados. El caso es que Felipe González ha dicho, o lleva algún tiempo expresando, lo que la abrumadora mayoría de simpatizantes del difunto piensan. Otra cosa es que después voten a Sánchez, se abstengan o incluso metan la papeleta de otro partido.
Es cierto que la crítica de González y otros tendría más fuerza si realizaran alguna autocrítica, puesto que su responsabilidad es el advenimiento del sanchismo es evidente. Se podría recordar el tratamiento divino que se dispensaba a González, los pactos con Pujol o el célebre “cepilladito al Estatut”; reformas legales controvertidas como la del CGPJ, políticas neoliberales que privatizaron empresas públicas, la glorificación del pelotazo (España, ese país donde uno se puede hacer rico en menos tiempo), la prepotencia de algún líder extremeño que condujo a un pacto entre IU y PP, la corrupción y, por supuesto, la cuestionable selección de élites dentro del partido. Pero tampoco olvidar los aciertos en políticas sociales, infraestructuras o la política exterior.
Lo que más ha molestado de las últimas declaraciones de González es que nunca pactaría con Vox, pero mucho menos con Bildu. Lo peor para el sanchismo es que eso lo piensan la abrumadora mayoría de sus votantes. Y es también curioso que la foto que decreta el fin de PSOE sea aquella en la que se certifica el blanqueamiento de Bildu. Estoy seguro que muchos consideran que es injusto que a un brutal asesino sin arrepentir le salga prácticamente gratis su acción criminal.
Pero todo es un bulo. Es mentira que en España se haya decretado el fin de la igualdad formal de todos ante la ley con una ley de amnistía. Es falso que la igualdad material se reduzca aún más con cupos que discriminan a los ciudadanos por el lugar de residencia. No es cierto el asalto de productoras privadas a RTVE o la aplicación de políticas neoliberales sobre infraestructuras, campo o sanidad, que están produciendo las lógicas protestas de los profesionales del sector.
Los constantes casos de presunta corrupción del sanchismo dibujan un panorama inquietante. Sin embargo, son todavía peores las cesiones que se realizan a los separatistas en ámbitos como las relaciones internacionales de España –representación propia de Cataluña en la Unesco u ONU Turismo– o al País Vasco con el control de puertos y aeropuertos, así como las competencias sobre inmigración, a cambio de más tiempo en Moncloa, ya que afectan a la propia supervivencia del Estado.
Pero como les decía, la critica al sanchismo se repite. Lo que quizá esté poco transitado sea la crítica a los postsanchistas. Los hay que piensan en heredar al sanchismo. Tal vez esos sean aun peores que los propios siervos del puto amo. De vez en cuando, balbucean algo, unas veces más ininteligible que otras, lloriquean un poco como alguno de Esquerra y poco más. A veces escriben manifiestos que nadie firma. En fin, como dirían los adolescentes son unos losers vocacionales. Al menos los sanchistas disfrutan de los beneficios de un poder nominal. Los otros, no solo tienen como mucho un poder regional, sino que además su constante carencia de determinación, deja en entredicho su voluntad de cambio real. Y probablemente sean peores que el sanchismo porque siendo conscientes de la gravedad de la situación no hacen nada para remediarlo.
El PSOE ha sido un partido importante en nuestra historia, con sus luces y sombras. Denle un entierro a la altura de lo más salvable de su legado.