Tribuna

juan josé ruiz

Catedrático de Universidad jubilado

La Tercera Ley de Newton y la política

Por muy poca física que se haya estudiado, todo el mundo es capaz de entender el Principio de Acción y Reacción o Tercera Ley de Newton: si un cuerpo actúa sobre otro con una fuerza (acción), éste reacciona contra aquél con otra fuerza de igual valor y dirección, pero de sentido contrario (reacción).

Generalizando, este principio es válido no sólo en Física, sino en muchos aspectos de la vida. Si una persona es agredida, reaccionará devolviendo la agresión; si hay ladrones, habrá Policía; si hay injusticias, habrá protestas directamente proporcionales a las injusticias y así un largo etcétera. Y lo mismo ocurre en política, lo vemos todos los días, ¿o es que Vox surge espontáneamente sin que medie ningún hecho significativo?

La fuerte irrupción de este partido en las elecciones andaluzas -y probablemente en las próximas elecciones generales- responde, básicamente, al ataque que los independentistas catalanes realizan todos los días contra el Estado español, aparte de los errores que han cometido los partidos que han perdido representación respecto a las anteriores elecciones, aunque no los quieran reconocer en público. Y este ataque es especialmente doloroso para Andalucía, que, desde hace muchas décadas, ha sufrido importantes pérdidas de capital humano por las pocas posibilidades de trabajar que han tenido -y tienen- muchos jóvenes en la tierra donde han nacido. En la pujanza económica de Cataluña ha tenido mucho que ver la emigración de andaluces sin mucha formación -y, por tanto, con sueldos muy bajos- por la política que llevaron a cabo muchos gobiernos a lo largo de todo el siglo pasado. Es evidente que disponer de mano de obra barata es un seguro de progreso económico para algunos.

Y si, además, los que se han beneficiado de esas políticas nos tildan de vagos, incultos y subsidiados, la reacción está servida en bandeja. Los independentistas catalanes deberían saber -si es que no lo saben- que muchos andaluces nos sentimos injustamente insultados por ellos.

Como anécdota, contaré que una hija mía, experta en comunicación audiovisual, estaba un día trabajando en una empresa catalana delante de un ordenador, al tiempo que algunos de sus jefes catalanes observaban atentamente lo que estaba haciendo. Uno de ellos comentó en tono jocoso: "Parecemos andaluces, uno trabajando y los demás mirando" a lo que mi hija -a la que se lo habían puesto fácil- respondió: "Pues, en este caso, la andaluza soy yo…". La soberbia y la ignorancia siempre han sido muy osadas.

No hace falta ser un experto en leyes para interpretar, entre otros, el artículo 2 de la Constitución española, votada masivamente por la ciudadanía y, especialmente, la catalana, o el artículo 472 del Código Penal. En ambos casos, la claridad de la redacción no deja lugar a dudas. Y no hay mayor ataque a la democracia que violar las leyes que, democráticamente, han elaborado nuestros representantes.

Los ataques a la Constitución, utilizando sofismas (llamadas a la libertad, a la democracia, al derecho a decidir, etcétera) sólo convencen a los ignorantes y a los fanáticos. En democracia se puede votar casi todo, pero no todo, y si esto no se entiende -o no se quiere entender- hay que recurrir, con firmeza y sin dilación, a los mecanismos jurídicos existentes -que para eso están- para defenderse de estos ataques. Cualquier sistema democrático admite esto sin discusión.

La violencia no consiste sólo en un "quieto todo el mundo" pistola en mano. No miremos hacia otro lado como han hecho los sucesivos gobiernos españoles permitiendo hechos tan graves como el adoctrinamiento escolar, que los coches de la Guardia Civil sufran graves daños a las puertas de la Consejería de Economía de la Generalitat o que se ataque a las sedes de los partidos constitucionalistas.

El diálogo que se pretende llevar a cabo con los independentistas no puede conducir a ningún resultado positivo porque lo que se plantea es cumplir o no la Constitución y las leyes vigentes, y una de las partes no está dispuesta a ello.

Cada vez que Torra dispara una de sus lindezas, aumenta el número de votantes de Vox, partido al que buena parte de la campaña electoral en Andalucía se la hicieron -y vienen haciéndosela desde hace tiempo a nivel nacional- Torra, Puigdemont, Rufián, los denominados CDR y toda la manada de independentistas fanáticos que razonan con el hígado y que vemos prácticamente todos los días en los medios de comunicación haciendo declaraciones que rezuman odio, basadas en medias verdades, y que no soportan un mínimo análisis racional.

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