Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

El zorro plateado

En el Museo del Prado hay una baldosa desde donde se resume la historia de España y de la pintura: si miras a la izquierda, al fondo de la sala, "Las meninas" de Velázquez. Si miras a la derecha "Carlos V en la batalla de Mühlberg" de Tiziano (modelo para todas las estatuas ecuestres de la historia) y si miras al fondo, "La familia de Carlos IV " de Goya. En ese punto parábamos siempre con José Pedro Pérez Llorca cada vez que teníamos el privilegio de ser invitados a una visita en esa gran institución cultural española que ahora cumple 200 años y cuyo patronato presidió Pérez Llorca, aunque él en realidad gustaba siempre de llevarnos frente al cuadro más gaditano del Museo: "La defensa de Cádiz ante los ingleses" de Francisco de Zurbarán. En mi memoria siempre irá unido el Museo a José Pedro. De la misma manera que cuando entraba en el Terraza, si a la izquierda Pelayo había puesto el biombo es que Carmen y José Pedro estaban en Cádiz. Muchas veces comimos allí en amena conversación con ambos. Por desgracia para mí conocí tarde a J.P. , cuando empezó a venir a Cádiz tras reformar la casa familiar. Eso me impidió disfrutar de su conversación las veces que hubiera querido.

Una vez pensamos crear en Cádiz una entidad como el Real Patronato de Toledo que se dedica a la promoción de la historia y la conservación del patrimonio de esa ciudad. Tuvimos incluso una reunión en la casa de la Alameda con la idea de que José Pedro pudiera presidir la entidad. Al cabo del tiempo le llamé para ver si seguíamos adelante con la idea y me dijo "Fernando, yo soy de Cádiz, no de Bilbao", con lo que comprendí que no le apetecía en ese momento de su vida meterse en otro lío más que añadir a los que tenía entre manos. Yo había visitado con frecuencia la casa de la Alameda 12, la Caletilla de Rota que decía José Pedro, la entreplanta donde vivía Jaime, un médico socialista, ilustrado y buen amigo del que aprendí muchas cosas sobre la ciudad y su historia. Cuando falleció Jaime tuve la fortuna de conocer y recibir el afecto de José Pedro en amenas veladas en su casa de Cádiz, de Madrid, en el Terraza,como dije, o en su despacho profesional de la Castellana. Gozaba con ese humor sutil y elegante como era él, de sus comentarios inteligentes y , por qué no decirlo, de su conocimiento de los chafardeos de la Villa y Corte que por motivo de su cargo conocía ya que estaba obligado a acudir a múltiples saraos. Echaré mucho de menos su compañía y su conversación. Espero disfrutar muchos años la de Carmen.

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