Confabulario
Manuel Gregorio González
Un viejo principio
No están en juego millones de euros, pero es nuestro sorteo. Con la misma ilusión, diría que con el nervio más latente en el tamborileo de pies y manos, lo vivimos y celebramos. A Momo, al que se le reza con coplas y copas, dígame usted si no es un Dios verdadero, se encomendaron los hombres y mujeres que cruzarán este año sus fiestas navideñas con las idas y venidas a la modista o al costurero, al artesano o la creativa, al local de ensayo. La suerte no está en un bombo, no, vive en unas bolsas de terciopelo de un rojo tan preciso que nos llama a las míticas cortinas del Falla. La suerte a unos esquiva, a otros siempre pegada. La suerte, bendita suerte, de una tierra chiquitita con una gente muy grande. Enorme. Gente que, con mejor o peor suerte, canta sus cuitas y sus victorias, haciendo de una diminuta fiesta popular, el gran tributo a las artes. Porque en Cádiz se escribe y se canta. Cómo se canta, diosmomodemialma... Qué suerte.
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